LA VERDAD

Al llegar al sur de la razón comprendí. Ahora casi estoy curado…

Un día, cuando habitaba en el “norte”, la vi pasar. Era hermosa. Cruzó ante mi con rapidez, pero dejándose ver. Estaba desnuda. Me guiñó un ojo y traté de retenerla. Huyó. No la he vuelto a ver.

Después cometí un segundo error o pecado. Me subí a los libros y grité en blanco y negro: “¡He visto la verdad!”. Nadie me creyó. Y se burlaron.  Algunos, incluso, me condenaron. ¿Cómo me atrevía?. Mi verdad no era su verdad.

Y aprendí la lección: la verdad no debe ser proclamada. Si alguna vez alcanzas a descubrirla, disfruta de ella mientras puedas, pero siempre en silencio. E intenta no enamorarte. Mañana puede que tropieces con otra más atractiva.

© www.jjbenitez.com