ÉL

Satanás existe, pero ni siquiera se llama así.

Es real, pero ni siquiera nos mira. No puede. Pertenece a otro tiempo y a otro espacio.

Es el miedo quien nos hace creer que se pasea por el interior del hombre. Son las religiones las que lo dibujan en los muros del alma, como si el alma pudiera asustarse. Son los fanáticos los que pregonan que no se ha ido. Somos los humanos los que usurpamos su identidad, cargándole, además, de cadenas, como si la perfección supiera del mal.

Él, Luzbel, sólo es un equivocado, como tantos.

No conviene olvidar que existe una perfección del derecho y otra del revés…

 

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