DIOS EN UNA BOTELLA

Aquí, al sur de la razón, la reencarnación es Dios en una botella.

No creo en la reencarnación porque, sencillamente, no concibo un Dios aburrido, dando vueltas a la manivela de la creación. Aquí, al sur del sur, Dios no se repite (ni en lo visible ni en lo invisible). En el “norte” es posible…

Aquí, ni siquiera las emociones son iguales. Nada ha sucedido antes, aunque parezca lo contrario. Ningún amanecer se presenta a la misma hora ni con el mismo color. Ni siquiera la muerte se atreve a copiarse. Cada adiós vuela diferente. Jamás los ahoras coinciden. Y si lo hacen, siempre tienen amos diferentes. Hasta los recuerdos son de diferente talla. Ni siquiera nosotros tenemos algo que ver con el que hace un instante. Ahora añoramos lo que fue o lo que no fue. La vida es cambio y la muerte, el cambio del cambio.

Además, según la reencarnación, se vive para aprender. Aquí defendemos lo contrario: aprendemos cuando vivimos.

La reencarnación siempre ha sido cosa de los hombres, como todos los errores. Fue el brahmanismo quien encerró al Gran Imaginador en una botella.

 

                                                                        Barbate 23 Mayo 05

                                                                              13h

 

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