LAS MIRADAS

     Aquí hemos aprendido que todo está en el corazón y todo puede expresarse con los ojos.  Los ojos no necesitan anexos o abogados.  Ellos saben por qué sí o por qué no.  Ellos suman o restan, sin parpadear.  Son un “te quiero” a la velocidad de la luz.  Son los únicos que no precisan de intermediarios o traductores.  Por ellos entra y sale el alma.  La razón, en cambio, circula por el laberinto de los argumentos.  Las miradas son el cielo bajo el brazo.  Son seguras, incluso, cuando no miran.  Los ojos lloran antes de llorar.  Están, incluso, cuando no están.  Son insobornables.  Acarician desde la memoria y, para colmo, son circulares, como Dios.

Al sur del sur nos despedimos con la mirada.  Siempre es lo último…

 

                                                                   Barbate 28 Mayo 2005

                                                                         13 h 05´

© www.jjbenitez.com