
SIGUE
LA ESTAFA
Hasta la razón huyó, avergonzada. Y no la han vuelto a ver por la plaza de San Pedro, en el Vaticano. Una de dos: o la estupidez humana se ha convertido en una epidemia o el poder de intoxicación es mayor de lo que suponía (poder y ambición son perros nacidos de la misma camada). Me explico. Exigir “santidad ya” es otro síntoma de esquizofrenia social. Poco importa que sea para un papa o para el palanganero real. “Santo” significa “perfecto”. Y dudo mucho que exista una criatura humana que se aproxime siquiera a semejante condición. Sólo Dios es santo, dijo Alguien con más autoridad que el Vaticano y que esos miles de tontos útiles que bailan el agua a un hombre que no cesó hasta incendiar el comunismo, la teología de la liberación, la homosexualidad, el papel de la mujer en la iglesia o que dio la comunión a un dictador como Pinochet. Juan Pablo II no solo no fue santo. Es que ni siquiera entendió el mensaje del Maestro.
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