CIELOS DESPEJADOS

Una de las ventajas de vivir al sur del sur de la razón es que la luz interior es casi permanente. Aquí disfruto de trescientos días de “cielos despejados”. Raro es el momento en el que el alma se oscurece. Dada mi proverbial torpeza, soy yo quien baja siempre las persianas del espíritu. Pero esa es otra cuestión.

Aquí, al sur del sur, todo es necesariamente distinto. Las verdades no son queridas ni proclamadas. Sencillamente, anidan en otras latitudes.

Aquí, al sur de la razón, los fanáticos corren el peligro de quedar ciegos. Demasiada claridad.

Aquí difícilmente se arraigan los miedos, habitantes de los hielos de la razón.

Aquí vivo desencadenado del “qué dirán”.  Todos los días me hago a la mar del pensamiento y navego en la única compañía de la intuición.

Aquí, casi soy feliz.  El norte es sólo un mal recuerdo.

Por eso los habitantes de la razón me llaman loco…

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