El infierno, inviable

Si la razón es el sur, la intuición es el “sur del sur”.

Audiencia de Juan Pablo II (28 de julio de 1999 ): “El hombre puede rechazar el amor y el perdón de Dios, privándose de la gozosa comunión con Él. Esta trágica condición es lo que se llama condenación o Infierno”.

Mi pregunta es: ¿Podemos ofender al buen Dios?. ¿Existe el pecado como transgresión voluntaria y consciente de las leyes divinas?. ¿Tiene el ser humano la capacidad de herir o molestar al Altísimo?. Creo, sinceramente, que no. La mente humana es finita. Dios, en cambio, es infinito. ¿Puede una humilde hormiga levantar la cabeza e insultar al hombre que ha pisado el hormiguero?. Si eso pudiera ocurrir sería un milagro, nunca un pecado. Pues bien, desde mi modesto conocimiento, la distancia entre la mente humana y la divina es infinitamente más grande que entre la hormiga y el hombre. Otra cuestión es el pecado contra los propios seres humanos o contra sí mismo.

Conclusión: el infierno es inviable. El amor nunca castiga.

 

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