Imágenes: Iván Benítez ©

    < Esta vez, el Destino me condujo hasta el desierto del Sahara.

    Sahara

    Signos bereberes en la piedra esférica

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    La siguiente «casualidad» no tardó en presentarse. En realidad me lo habían advertido en las diferentes visitas a las universidades, al someter el «lucerillo» a los ya mencionados análisis. Pero, como siempre, torpe y distraído, no presté demasiada atención. Algunos científicos lo insinuaron: los signos grabados en la piedra esférica guardan semejanza con el llamado alfabeto bereber, una lengua casi desconocida y que, al parecer, todavía se habla en el Sahara.

¿Símbolos africanos en una piedra supuestamente arrojada a los pies del testigo por unos no menos supuestos seres «no humanos»? Parecía demasiado.

La sugerencia no tenía fundamento. Y me pregunté: ¿qué ocurre con el resto de la historia? ¿Tiene alguna explicación racional? Por supuesto que no, pero...

Y necesitado de todas las pistas posibles, terminé entrando en la investigación de aquella nueva e hipotética faceta. Y emprendí otra laboriosa ronda de consultas con los más prestigiosos expertos en bereber. Especialistas como Galand, Onrubia, Tilmatine, Alonso, Tasmount, Springer, Merciery Aghali-Zakara, entre otros, fueron unánimes: aquello era bereber, sin duda. Al contemplar el «lucerillo», o las fotografías de los signos, se mostraron seguros. Estábamos ante rasgos concretos del lenguaje líbico- bereber, un idioma cuya antigüedad se pierde en la noche de los tiempos -algunos expertos sitúan el origen en el quinto milenio antes de Cristo y del que se sabe muy poco. De aquel bereber antiguo quedan hoy algunos vestigios entre los tuaregs que habitan el Sahara y el norte de África. Pero la remota lengua ha sufrido las lógicas perturbaciones y, en la actualidad, los doce alfabetos supervivientes (todos ellos derivados de aquel bereber antiguo) no sirven para reconstruir la referida y primitiva escritura. Ésta fue la razón básica por la que ninguno de los expertos mencionados alcanzó a «traducir>> los signos grabados en la pequeña y oscura piedra esférica encontrada en el sur de España. Todos coincidieron: algunos de los símbolos eran desconocidos. Se trataba, muy posiblemente, de signos antiquísimos pertenecientes a la «lengua madre».

Los tuareg conservan parte del antiguo bereber.

Ni expertos en lingüística, ni tampoco los tuaregs supieron traducir la totalidad de los signos grabados en el "lucerillo".

Y fue justamente este importante avance en la investigación lo que disipó las últimas dudas respecto a la autenticidad del caso. Dionisio Ávila, como ya he dicho antes, es analfabeto. ¿Cómo maquinar una escritura semejante? Ávila no sabe qué es el bereber antiguo, ni dónde se hablaba y se escribía. Definitivamente, el «lucerillo» no era obra del jubilado de Los Villares...

Y en ese tiempo, en una de las consultas a los expertos en bereber, fui a «tropezar» con una imagen que me dejo atónito. Fue, quizá, algo secundario -lo sé-, pero, como digo, me impresionó. Lo tomé como una «señal». Otra más en esta mágica aventura...

Ocurrió en el despacho de Rachid Rafia, profesor de bereber en Granada. Me acompañaba el investigador Haro Vallejo. En una de las paredes colgaba una fotocopia en color: la imagen de una estela de piedra. Y en ella, una inscripción en bereber antiguo. Al principio la examiné sin excesiva atención. Pero, de pronto, quedé «clavado» en tres de los signos que integran dicha leyenda: «I O I.»

¡De nuevo la increíble secuencia! Y esta vez en una estela de piedra de más de dos mil años de antigüedad. Una estela encontrada en la región de Maaziz, al noroeste de Marruecos, y que se conserva en el museo de Rabat. ¿Dos mil años? A juzgar por el deterioro de los caracteres, yo diría que muchos más...

        

Rachid Rafia, con la imagen de la estela de piedra en la que aparecen los mismos signos del anillo y del "lucerillo".

Permanecí largo tiempo contemplando la estela y la providencial inscripción. Para mí, tan acostumbrado al «juego» de las «señales», lo ocurrido en la casa de Rachid no fue una simple casualidad, como podrían pensar los escépticos. Fue un nuevo «empujón>> en la investigación. Una confirmación de lo que venía insinuando el instinto: «Estás en el camino correcto.»

Pero todo esto -lo sé- no es científico. Y me pregunto: ¿qué importa la ciencia cuando la intuición está segura de algo?

<<N S N>> Y seguí adelante, con nuevas fuerzas, entusiasmado. Ninguno de los expertos pudo descifrar el enigma contenido en el «lucerillo», pero no importó. Estaba seguro de que la luz aparecería en el momento más inesperado. Y así fue. Pero sigamos paso a paso...

En aquellas fechas continué las pesquisas en dos frentes: el «lucerillo» y los nueve «palos y ceros» del anillo de plata. Tenía que existir alguna conexión entre ambos. Lamentablemente, como digo, los lingüistas no fueron capaces de «traducir» las grabaciones del «lucerillo». Al menos la totalidad. Sólo se mostraron de acuerdo en la conversión de algunos de los grabados, muy pocos. La secuencia «palo -cero -palo» fue una de las primeras en ser traducida. Al convertirla a letras -nsn o nrn, según-, el resultado más verosímil era «suyo» o «de ellos». Es decir, algo propiedad de alguien. Esta versión, naturalmente, responde a lo que hoy se conoce dentro del más que oscuro líbico- bereber. ¿Podría ser una traducción correcta? Sinceramente, no lo sabemos. No lo sabe nadie. Entre otras razones porque los dialectos actuales son una leve sombra de lo que fue la lengua primigenia. Prueba de ello, insisto, es que nadie termina de traducir el resto de los signos grabados en la piedra esférica de Los Villares.
«¿Suyo o de ellos?»

Aceptando que fuera la traducción de «I0I», ¿cómo debía interpretarla? ¿Significaba eso que el anillo era de «ellos»? ¿También la nave y el «lucerillo»? ¿Y qué relación guardaba todo esto con «Ricky»? ¿Qué tenía que ver la supuesta «infiltrada» con el asunto de Los Villares y con mi hallazgo en el mar Rojo?

Península del Sinaí.

Desde esos instantes empecé a recibir numerosas sugerencias sobre el posible significado de los «palos» y los «ceros». Algunas muy atractivas y desconcertantes...

Alguien, por ejemplo, me recordó que, en el alfabeto morse, la secuencia en cuestión significa «ET» (1). ¿Extraterrestre? ¿Una casualidad? En este mismo código, «I0I » equivale también a «K>>, de especial trascendencia en el Antiguo Egipto. «IOI», además, se «traduce» en morse como «invitación a transmitir». ¿Nuevas casualidades?
Pero las sorpresas continuaron, naturalmente...

    < Tassili N`Ajjer. ¿Qué esconde la gran meseta?

    Unas coordenadas

    Todo encaja

    5


Y fue por esas fechas -5 de mayo de 1998- cuando el Destino me salió de nuevo al encuentro.

Nada más hallar el anillo de plata, cuantos acertaron a verlo coincidieron: los signos «<palos y ceros» podían ser interpretados también como dígitos. Es decir, nueve «unos» y nueve «ceros»: el «lenguaje de las computadoras» (binario). Y durante meses, expertos en matemáticas y ordenadores se esforzaron en desentrañar aquel misterio. El instinto volvió a manifestarse: aquella secuencia no era gratuita. Aquellos «unos y ceros» tenían que significar algo. Quizá algún día me decida a publicar esas interesantísimas investigaciones. ..

Y el 5 de mayo, como decía, recibí un escueto fax. Procedía de Manuel Audije, oficial de submarinos de la Armada española y excelente matemático. El marino, trabajando con la referida secuencia, había tenido una genial intuición. Al convertir los dígitos al sistema decimal, y conjugarlos con el «emblema» (I O I) de la nave de Los Villares, el resultado le proporcionó unas cifras que, de inmediato, asoció a unas coordenadas geográficas.

 Esas coordenadas, trasladadas a un mapa, indicaron varios puntos. Uno de ellos me dejó mudo. Era un paraje en el que, según mis noticias, se habla y se escribe bereber (!). Quedé tan impactado que me trasladé de inmediato junto a Manuel Audije y le pedí que repitiera las operaciones.

¡No podía creerlo! Tuve que rendirme a la evidencia: todo aquello parecía controlado por una mano invisible y mágica. Tanta «casualidad» era matemáticamente imposible...

La visita al desierto me reservaba otras sorpresas...

Todo parecía controlado por una mano mágica.

Aquel punto en el mapa no era otro que Tassili, en el corazón del Sahara (1).

Pero había más. Esas mismas coordenadas tenían una segunda lectura: Orión (!). Esas coordenadas marcaban, justamente, la constelación de Orión; el lugar del que, al parecer, procedía «Ricky».

      

< Imagen izquierda. ¿Por qué una de las coordenadas geográficas señala Argelia?

> Imagen derecha. El anillo señala unas coordenadas geográficas: Tassili, en el sur de Argelia.

¿Tassili? Curiosamente, una región del sur de Argelia, en pleno horno sahariano, en la que se conserva el «tifinag», uno de los dialectos derivados del bereber antiguo, un dialecto hablado por los tuaregs. Una región -curiosa y sospechosamente- en la que existen miles de pinturas rupestres. Y, entre ellas, decenas de individuos con «escafandras» y «trajes espaciales» (!).

¿De nuevo la casualidad? ¡Imposible!

Exterior del anillo

Sistema binario: I O I O I O I O I O I O I O I O I O
Conversión de los nueve «palos» y nueve «ceros» al sistema decimal: 174762

I O I (cúpula de la nave) (binario): conversión a decimal: «5». Conversión del sistema binario al hexadecimal: 2AAAA. Conversión a octetos: 525252.

Mis amigos los tuaregs, reconocieron los signos del "lucerillo", pero no supieron traducir la totalidad del "mensaje".

Y un presentimiento fue echando raíces en mi aturdido corazón.

¡Tenía que volar a Argelia! ¡Tenía que adentrarme en el Sahara! ¡Tenía que llegar al fondo de aquel irritante y perturbador enigma!

¿Qué relación existía entre el ovni de Los Villares y esas pinturas rupestres del Tassili? ¿Eran los mismos seres? Y lo más intrigante: ¿qué papel jugaban el «lucerillo» y el anillo de plata en este rompecabezas? ¿Estaba «Ricky» mezclada en semejante locura?

Sí, tenía que volar a Argelia. Allí, probablemente, encontraría las repuestas...

De nuevo en marcha. Esta vez hacia el desierto del Tassili N´Ajjer.

Una historia mágica

• 16 de julio de 1996: avistamiento ovni en Los Villares (Andalucía). El testigo, Dionisio Ávila, observa una especie de «emblema» en la cúpula: I O I. Una «luz» es arrojada a los pies del anciano. Al recogerla se transforma en una pequeña piedra esférica con la superficie grabada. Uno de los signos es I O I.

• Madrugada del 16 al 17 de julio: J. J. Benítez, en El Cairo, solicita una «señal» a los cielos. Una «prueba» que ratifique que el caso «Ricky» es auténtico (Juanjo Benítez ignora lo sucedido en Los Villares).

• 19 de julio: ovnis fotografiados sobre los templos de Abu Simbel y sobre el lago Nasser. Nadie los vio.

• 20 de julio: el grupo en el que viaja J. J. Benítez descubre que un total de dieciocho relojes se encuentran alterados.

• 24 de julio: nueva «casualidad» (?): la prevista ascensión al Sinaí se retrasa veinticuatro horas. Esto permite que J. J. Benítez pueda bucear en el mar Rojo, frente a Sharm el Sheik.

• 25 de julio: Blanca, esposa de Juanjo Benítez, pierde (?) un anillo de oro mientras buceaba. En el lugar, de pronto, se presenta un misterioso joven que saca a la mujer del agua. Una hora después (18 horas), J. J. Benítez encuentra (?) un anillo de plata.

El corazón del Tassili N´Ajjer, en el Sahara.

• 29 de julio: el grupo pasa la noche en el interior de la Gran Pirámide. Varios expedicionarios toman fotos en el exterior. Al revelar las películas aparecen otros objetos luminosos que nadie vio.

• 24 de setiembre (1996): primera entrevista de J. J. Benítez con Dionisio Ávila. El «lucerillo» presenta los mismos signos que el ovni y el anillo de plata (I O I).

• 5 de mayo de 1998: Manuel Audije convierte las secuencias de «palos y ceros» del anillo y del «emblema» de la nave de Los Villares en unas coordenadas geográficas y estelares. Las primeras señalan el Tassili. Las segundas, la constelación de Orión.

• 12 al 13 de agosto de 1998: ovni sobre la localidad de San Roque, en Cádiz, muy cerca del domicilio de J.J. Benítez. El investigador, en esos momentos, se encuentra en el mar Rojo.

• 25 de noviembre de 1999: Sánchez Viera descubre las extrañas propiedades del anillo de plata (termovisión).

Continuará...

    Punto final

    Si Moisés levantara la cabeza...

  Auténticos mercadillos de bebidas y colchonetas entre las rocas de la montaña sagrada. Una vez más, el dinero por medio, organizando las religiones.

El equipo de «Planeta encantado» se concede un respiro en la cima del Sinaí. Llevamos varios meses de continuos viajes. Sin tregua. Creo que el esfuerzo está mereciendo la pena. De un trago largo, al estilo pamplonica, apuro la bota de vino de Tommie, el operador de cámara. Cierro los ojos y reflexiono. No puede ser. Demasiadas coincidencias. ¿Cómo es posible? Las coordenadas del anillo de plata nos dirigen hasta los Tassili y Orión.

¿Tiene algo que ver Ricky con todo esto?

 

 

 

 

EXCLUSIVA

Cuadernos de campo

Publicados por primera vez



A lo largo de treinta años de investigación por todo el mundo, J. J. Benítez ha reunido un centenar de cuadernos de campo. Unos textos íntimos -él prefiere llamados «cuadernos casi secretos», en los que refleja el día a día de viajes, investigaciones, éxitos y fracasos.

Jamás se habían publicado. Con «Planeta encantado» salen al fin a la luz. Una vez más, las imágenes hablan por sí solas...
 

 

 

 

         

         

         

         

         

         

 

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