FECHA: Marzo 1951

LUGAR: EE.UU.

AUTOR: © George Adamsky

No descubro gran cosa para los aficionados y estudiosos del fenómeno ovni si afirmo que George Adamsky - aquel norteamericano de origen polaco - fue el decano de los contactados es decir, de las personas que afirman tener o estar en comunicación o contacto con seres del espacio.
En estas fechas del año 2000, precisamente, se cumple el cincuenta aniversario de sus primeras y espectaculares fotografías, obtenidas, siempre según Adamsky, desde las proximidades del famoso observatorio de Hale, comúnmente conocido como Monte Palomar.
El "filósofo, estudiante, profesor, astrónomo aficionado y buscador de platillos volantes", según la propia definición de Adamsky, tenía un restaurante (algunos lo han "rebajado" a simple puesto de venta de salchichas y "perros calientes") en Palomar Gardens, a unos diecisiete kilómetros del mencionado gran Observatorio Astronómico, en pleno estado norteamericano de California.
Adamsky disponía de dos telescopios: uno fijo, de 16 pulgadas, instalado bajo la gran cúpula de Monte Palomar, y otro de seis pulgadas, montado al aire libre. Este último podría ser orientado en todas direcciones y con suma facilidad. Además, era muy fácil desmontarlo y transportarlo a otro lugar, colocándolo sobre un simple trípode. Acoplarle una cámara fotográfica resultaba de lo más sencillo.
El "patriarca" de los "contactados", que por aquellas fechas de 1949 y 1950 no podía imaginar lo que estaba a punto de suceder, había escrito sobre este último telescopio: "este pequeño ingenio me lo regaló un amigo 1934. La observación del cielo y la fototelescopia se convirtieron entonces para mí en un pasatiempo fascinante. Después llegaron los platillos...".

1946: Un año decisivo.

Adamsky siempre creyó en la pluralidad de los mundos habitados. Sin embargo, el mismo reconoce en sus libros escritos que "no podía asimilar la idea de salvar las enormes distancias que nos separan de otros planetas y sistemas solares". Hasta que un buen día del mes de octubre de 1946, Adamsky observó a simple vista una gigantesca nave, que planeaba sobre las crestas de las montañas situadas al sur de monte Palomar, en dirección a la ciudad de San Diego. Se encontraba en aquellos momentos con otras personas en el observatorio, observando la fascinante caída de meteoritos que se registró en dichas fechas. Fue entonces cuando aparecio aquel objeto, oscuro y alargado como un dirigible. Adamsky observó cómo se mantenía inmóvil en el espacio. No se veía cabina ni accesorios externos y pensó que quizá se tratase de algún nuevo tipo de avión. Mientras miraba, el artefacto levantó uno de sus extremos y se alejó a gran velocidad, dejando tras de sí una estela incandescente que duró más de cinco minutos.
Poco después, una emisora de radio de San Diego hizo una descripción del mismo aparato, añadiendo que había sido salvado por cientos de testigos.
Adamsky, intrigado, mantuvo esa misma noche una larga conversación con seis oficiales de las Fuerzas Aéreas, quienes afirmaron que aquel objeto "no era de origen terrestre". Aquello avivó el interés del astrónomo aficionado por los Ovnis y dedicó buena parte de su tiempo contemplar el firmamento.
Y en agosto de 1947, sus esfuerzos y desvelos empezaron a dar fruto. Un viernes de dicho mes, Adamsky y otras cuatro personas asistieron a todo un "festival" ovni. Llegaron a contar hasta 184 objetos, que sobrevolaron la zona en solitario y en formaciones de hasta treinta y dos aparatos. El último de estos ovnis se detuvo unos segundos en el cielo, lanzando sendos haces de luz: uno hacia San Diego y otro hacia Monte Palomar. Después se alejó. Al día siguiente, Adamsky comentó el hecho con un conocido suyo, Tony Belmonte, quien aseguró que la noche anterior se hallaba en compañía de otras personas en el rancho "Dempsey" y había contado ¡hasta doscientos cuatro! misteriosos objetos muy luminosos, que volaban a veces en perfectas formaciones.

¿Qué fue de las primeras fotos?

Para Adamsky no cabía ya duda: los objetos que había visto eran de origen extraterrestre. Y se propuso fotografiarlos. A finales de 1949, cuatro hombres entraron en el café de Adamsky, en los jardines de Monte Palomar. Dos de ellos ya habían estado allí antes y habían conversado con él sobre los platillos volantes y la vida extraterrestre. Llovía a cantaros y pidieron algo de comer. Así salió a relucir de nuevo el asunto ovni. Uno de los hombres que era J.P.Maxfield. El otro, su socio, G.L.Bloom. Ambos del laboratorio de electrónica de la Marina de Punta Loma, cerca de San Diego. Los otros eran de un centro similar existente en Pasadena. Uno de ellos - cuenta Adamsky- vestía el uniforme de oficial. "Me preguntaron si quería cooperar con ellos para tratar de obtener fotografías de naves extrañas que surcan el espacio, puesto que yo disponía de instrumentos menores que los del observatorio astronómico. De esta forma, pensaban, yo podría maniobrar con mi telescopio más fácilmente que con los de Monte Palomar."
Aquellos cuatro hombres le aseguraron que se dirigían a la cima -donde se hallaba gran telescopio- para hacer el mismo ruego a los astrónomos oficiales. "Les pregunté entonces hacia dónde debería mirar con mi telescopio y discutimos los pros y los contras yn torno a la posibilidad de que hubiera bases de ovnis en la Luna. Por último se escogió nuestro satélite natural como punto de referencia para una cuidadosa observación."
Adamsky compró película y preparó todo su equipo, más que dispuesto a cumplir su misión. "No pasó mucho tiempo hasta que logré mis primeras dos fotografías. Se trataba de un objeto que volaba por el espacio, como el fondo de la Luna."
Y dos copias de estas fotos -Adamsky, prudentemente, se guardó los negativos de las mismas- fueron entregadas en 1950 a M.Bloom, con el expreso deseo de que fueran puestas en manos de Maxfield para que procediera a los correspondientes análisis. Bloom prometió hacerlo y se alejó con ambas copias. Sería la última vez que George viera dichas copias... (un hecho que, en mis largas investigaciones ovni, he visto repetirse con mucha frecuencia). "El 21 de marzo de 1950, algún tiempo después de la entrega de las copias a Bloom -sigue contando Adamsky- ofrecí una conferencia sobre ovnis en el club de "Cada Hombre" de La Mesa, en California. Un periodista,Sanford Jarrell, del entonces diario San Diego Journal, cubrió la información y transformó dicha conferencia en una noticia de primera página. El 22, tras la publicación de esta crónica, otros dos rotativos -el Unión y el Tribune de San Diego- se pusieron igualmente en comunicación conmigo tratando de averiguar qué era lo que había fotografiado."Tuve que admitir que había enviado esas dos fotografías al laboratorio naval. Pero el personal de dicho centro negó haber recibido tales copias. Aquel tira y afloja entre los periódicos, el laboratorio y yo mismo duró una semana. Al final, los periodistas pidieron información al Pentágono." El 29 de marzo, por vía de la prensa telegráfica de alquiler de Copley, en Washington, la Fuerza Aérea negó tener conocimiento de las fotografías y declaró que "eran un tanto escépticos", puesto que no habían recibido los documentos gráficos, ni sabían una palabra sobre ellos. Y para rematar el cisco, la de Fuerza Aérea norteamericana declaró: "no subscribimos la teoría de que los ovnis sean proyectiles interplanetarios." "Después de esto -afirma Adamsky- me aplique al trabajo de observar y fotografíar. Pero ya no le volví a enviar ninguna de mis fotografías al laboratorio de Punta Loma. Ni ellos me las pidieron. De todas formas, casi todas las fotos, incluyendo las más recientes, están en manos de la fuerza aérea, pues han pedido a todo el ciudadano que informe sobre cualquier cosa que vea. Por consiguiente, estoy cooperando, como otras personas en toda nación. De todos modos, ellos nunca contestan". A pesar de esfuerzo, el resto de 1950 fue totalmente negativo.Ni una sóla observación que mereciera la pena y tampoco una sola foto de cierta calidad o importancia... Pero Adamsky era inasequible al desaliento. Y pronto, muy pronto, llegaría el gran "encuentro".

Misteriosos fogonazos en la Luna

En marzo de 1951, Adamski obtuvo la primera secuencia de fotografías de lo que hoy los investigadores del tema ovni llamamos "naves nodriza". Había transcurrido justamente un año desde aquellos primeros documentos -siempre supuestos, claro está- de ovnis sobre la Luna.

"Desde entonces, narra el polaco, en invierno y verano, dia y noche, con calor y con frío, con viento, lluvia o niebla pasé todo el tiempo posible a la intemperie, observando los cielos, a la espera de naves espaciales y aguardando sin fín a que, por alguna razón, uno de aquellos vehículos siderales se acercase e, incluso, aterrizase. Siempre he tenido la impresión de que si el piloto de una de estas naves saliera de la misma y pudiéramos reunirnos, habría una forma de entendernos aunque nuestras palabras fueran diferentes. Y he pensado también que sería interesante dar un paseo en una de esas naves".

Durante ese largo año, como decía, George Adamsky sólo pudo fotografiar puntos blancos muy alejados. Vió, eso sí, innumerables destellos en el espacio, muy alejados de la tierra.

"Mis ojos se acostumbraron a ellos. Hice unas 200 tomas o más de dichos fogonazos, especialmente cuando los advertía cerca de la Luna o, como ocurría frecuentemente, cuando se registraban justo sobre ella. Era evidente que algo se movía cerca de nuestro satélite. Algo artificial y, posiblemente, provocado."
Pero, ¿de qué se trataba? "Ya en 1951 -prosigue Adamsky- aquellas naves empezaron a aparecer mucho más cerca. El resultado fotográfico fue aceptable. Y conforme seguí observando atentamente dia y noche, descubrí que el tiempo nublado era mejor que el despejado para obtener fotografias de acercamiento. La razón podía estar en aquella espesa capa de nubes. Imaginé que el personal que tripulaba los ovnis podía observar a la perfeccion nuestro mundo -desde largas distancias- siempre y cuando la atmósfera estuviera despejada. Pero, con tiempo nuboso y borrascoso, debían aproximarse y descender por debajo de la capa de nubes".

  

De esta forma, entre 1951 y 1952 Adamski asegura haber tomado más de 500 fotografías de ovnis, aunque reconoce que sólo una docena era lo suficientemente claras como para que pudieran probar la enorme diferencia entre estos misteriosos aparatos y nuestros vehículos aéreos

    

  

  

  

En muchas de sus conferencias, Adamsky fue acusado de todo: "pirata","mentiroso","engañabobos","defraudador de la confianza ajena" y qué se yo cuántas lindezas.
El polaco, sin perder los nervios, respondía siempre:" mis negativos han sido siempre puestos a disposición de personas competentes y han sido analizados muy a menudo. Todos estos exámenes, sin excepción, han probado la autenticidad de mis clisés. El fotógrafo a quién confío mis trabajos es M.D.J. Detwiler. Vive en Carlsbad, California, aproximadamente a unos 60 kilómetros de Palomar Gardens. Todo el mundo puede interrogarle".

Y aquellas fotografías empezaron a circular por el mundo, Adamsky, con lógica y en defensa de la autenticidad de tales documentos gráficos, esgrimía ante periodistas y curiosos:

"Si se tratase de aviones militares experimentales secretos, no se me habría permitido reservarme los derechos de publicación de mis fotografías, ni enviarlas de manera tan pública a través del correo. Y envié un juego de ellas a la base Wright-Patterson de la Fuerza Aérea. Por el interés de la seguridad nacional, me habrían detenido si estuviese fotografiando nuestras propias naves secretas. Y es evidente que nunca lo han hecho."

La argumentación de Adamsky no podía ser más aplastante. Se por experiencia hasta que punto los militares de cualquier país se interesan por las fotografias de ovnis. Y si esto es así ¿qué no habría ocurrido con supuestas fotos de auténticas "armas secretas" humanas?.

 

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