FECHA: 2 de Julio de 1952

LUGAR: Utah, EE.UU.

AUTOR: © Delbert C. Newhouse

Utah: de los patos a las gaviotas

Ningún film ha sido estudiado con tanto esmero y esfuerzo por las Fuerzas Armadas norteamericanas como el obtenido el 2 de julio de 1952 en el estado de Utah.
Aquel día, el oficial Delbert C. Newhouse, jefe fotógrafo naval, con más de 1000 horas de misiones de fotografía aérea en su haber, conducía por la carretera nacional 305, desde Washington a Portland, en Oregón. En el automóvil le acompañaban su esposa y dos hijos. Acababan de dejar atrás la ciudad de Tremonton, en Utah, cuando la señora Newhouse advirtió a su esposo sobre un extraño grupo de luces blancas que volaban en el cielo.
Newhouse aparcó y descendió del coche, con el fin de observar mejor el fenómeno. No necesitó mucho tiempo para comprender que lo que estaba viendo nada tenía que ver con lo que solía filmar o fotografiar habitualmente en las bases militares.
Allí arriba, más de doce objetos con forma de disco "revoloteaban" en una formación suelta, a unos 3000 metros de altura. No tenían el menor parecido con aviones u otras armas aéreas y el fotógrafo saltó sobre el vehículo, sacando su cámara cinematográfica -una Bell and Howell de 16 milímetros-, iniciando una de las más importantes filmaciones de ovnis del mundo. Consiguió 1.200 fotogramas. Es decir, un minuto y 15 segundos y una imagen especialmente nítida de uno de aquellos discos, que se dirigía hacia el Este, mientras el resto de los ovnis desaparecía por el Oeste.
Algún tiempo después de ocurrido el "encuentro", el capitán Ruppelt, se entrevistó durante dos horas con Newhouse. Para entonces, Ruppelt había dejado ya la Aviación y el proyecto Libro azul. La conversación, por tanto, fue mucho más abierta.
Ruppelt escribiría después:

"...que había hablado con muchas personas que han informado sobre ovnis, pero pocas le habían impresionado tanto como el fotógrafo de la Marina".
" Supe así que cuando él y su familia vieron por primera vez los ovnis -prosigue Ruppelt-, estaban cerca del automóvil, mucho más cerca que cuando Newhouse tomó la película. Utilizando las propias palabras del testigo "si hubiesen tenido el tamaño de un B-29, habrían estado a 3000 metros de altitud".
"Tanto el marino como su familia habían mirado bien los objetos... Estos parecían "dos torteras, una dada vuelta encima de la otra".
" No es que "creyera" simplemente que los ovnis tenían forma de disco; sabía que la tenían, la había visto con claridad. Le pregunté por qué no había dicho esto al oficial de Informaciones que lo interrogó. Me contestó que lo había hecho. Entonces recordé que yo había enviado al oficial de informaciones una lista de preguntas para que Newhouse las contestara. La pregunta "¿qué aspecto tenía el ovni?" no estaba entre ellas porque cuando se tiene la foto de algo, no se suele preguntar cuál es su aspecto. Nunca sabré por qué motivo ese oficial de informaciones no nos pasó la información a nosotros."

1000 horas-hombre

Como señalaba anteriormente, nunca las Fuerzas Armadas Norteamericanas dedicaron tanto tiempo y dinero a una investigación fotográfica. El laboratorio fotográfico naval de Anacostia, en Maryland, invirtió más de 1000 horas-hombre en el análisis de cada faceta de la película de Utah, como se la conoce entre los militares. Por su parte, el laboratorio fotográfico de la Aviación, ubicado en la base aérea de Wright-Patterson (el "templo" del proyecto Libro azul), la sometió igualmente a un minucioso estudio y evaluación.

Análisis de contorno de color de uno de los fotogramas.

Los analistas de la Armada concluyeron con la siguiente y trascendental resolución:

"... se trata de fotografías de vehículos inteligentemente controlados (no aviones)."

Pero, naturalmente, se cuidaron muy mucho de describirlos como vehículos espaciales... La Aviación -para no perder la costumbre- sostuvo "que las imágenes filmadas podían haber sido luz reflejada en una bandada de gaviotas...".

Estaba claro. De los patos de Lubbock, en 1951, se había pasado a las gaviotas de Utah. La indignación de Newhouse y su familia, y la consternación de los marinos, no tuvo límites.
Años más tarde, Newhouse -todavía no se sabe si como "venganza"- dejó las Fuerzas Armadas y entró a formar parte de la NICAP, un grupo investigador privado al que la Aviación considera su peor enemigo en el asunto ovni. Esto ocurría en 1955.

Antes se coge al mentiroso que al cojo.

Pero las intoxicadas conclusiones de la Aviación norteamericana sobre la "película de Utah" se iban a ver en un serio compromiso poco tiempo después.
El 29 de enero de 1953, y durante un viaje a Washington, el capitán Ruppelt fue informado de una noticia que hizo temblar a los militares: los periodistas conocían la existencia del film de Newhouse. Y exigían verlo.
Ruppelt se mostró de acuerdo y se decidió que los datos concretos sobre este incidente ovni fueran enviados al capitán Harry B. Smith, quien los pasaría al señor Chop, de la oficina de información pública del Departamento de Defensa. Este, por ultimo, redactaría un comunicado para la Prensa.
Esto fue descubierto en un memorándum o comunicación confidencial en los archivos del proyecto Libro azul. En dicha documentación -que lleva fecha del 11 de febrero de 1953- se decía también:

"En su análisis, el laboratorio de la Aviación infiere que: "a. Tienen la certeza razonable de que el brillo de las imágenes de la película excede al de cualquier ave.
"b. Los objetos no son globos esféricos.
"c. Los objetos podrían ser aviones.
(Nota: la ausencia de sonido elimina casi la posibilidad de que sean aviones. En combate aéreo, los aviones pueden ser oídos a casi cualquier altitud. Además, la zona de la observación no era un área limitada, y es dudoso que se pudiese efectuar tales vuelos en las rutas aéreas.)"

En cuanto al informe de la Armada, he aquí las conclusiones, que figuran igualmente en el referido memorandum:

"Los objetos son:
"a. Autoluminosos, o fuentes lumínicas.
"b. No pueden ser aviones ni globos.
"c. No se conoce ningún ave que refleje luz suficiente para causar las imágenes que aparecen en la película."

El asunto estaba claro. Mientras los laboratorios de la aviación dejaban bien sentado que "el brillo de las imágenes de la película excede al de cualquier ave", los altos mandos del Ejército del Aire prefirieron las "gaviotas"...
Para colmo de males, más adelante, el informe Condon aceptó la "maravillosa" teoría de las gaviotas, sostenida por el Libro azul. Y la prensa y ciudadanos en general de los Estados Unidos primero y del resto del mundo después, tuvieron que comulgar con las ruedas de molino de Condon y compañía...
Así se ha hecho y así se hace todavía la historia ovni.

 

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