FECHA:    22 de noviembre de 1966

LUGAR: Williamette Pass (Oregón), EE.UU.

AUTOR:  ©Identidad reservada. 

El futuro, fotografiado en Oregón

El espinoso 1966 iba a concluir con otra fotografía no menos polémica y asombrosa a un mismo tiempo.
Cuantos nos dedicamos a la investigación ovni sabemos que muchos testigos han visto "aparecer" y "desaparecer" estas naves. Así, como suena: "aparecer" y "desaparecer" de la vista del desconcertado testigo o testigos...
Los casos se cuentan por decenas. Lo que, naturalmente, no era tan fácil era captar ese instante, en el que el ovni se "materializaban" o viceversa.
Hasta que llegó el 22 de noviembre de 1966...

un doctor en bioquímica

Ese día, y justo en las afueras de la Ruta 50 muy cerca del Williamette Pass, en Oregón (Estados Unidos), un doctor en bioquímica efectuaba un lento ascenso hacia el Pico Diamante, a unos 1.600 metros sobre el nivel del mar. Su intención era tomar unas fotografías del impresionante panorama.
A medida que se acercaba a la cima, la escarpada masa granítica iba emergiendo entre la niebla. El doctor hizo dos fotografías del paisaje y se disponía a hacer una tercera cuando, de pronto, "algo" apareció frente a él. Y nunca mejor empleada la palabra "apareció" porque el objeto -según el testigo- no llegó de ninguna parte. Sencillamente, se materializó frente al desconcertado doctor.
Sin dudarlo un segundo, y con la cámara frente a los ojos, el excursionista apretó el disparador.
Al terminar, el doctor quedó mucho más perplejo que antes. El objeto ya no estaba allí... Esto le llevó a pensar que quizá no había visto nada y que todo se debía a una ilusión.
Pero la historia no concluye ahí.

La fotografía número 11

La vieja Kodak 35 del profesor -por petición propia su nombre ha quedado en el anonimato- hacía buenas fotos, aunque acusaba un defecto muy común en los modelos con el obturador entre la lente. El fluido lubricante se transforma en algo parecido a un addesivo y las velocidades disminuyen. El síntoma es especialmente apreciable cuando la cámara está fría. Y ésta era la situación de la Kodak 35 al hacer la exposición número 11: la del misterioso objeto.
Al revelar la película, el doctor' recibió una nueva sorpresa. Allí estaba, en efecto, lo que él había visto en la montaña. No era, por tanto, una ilusión. Sin embargo, allí había tres objetos... ¿Cómo era posible? El doctor recordaba perfectamente que ante sus ojos sólo surgió uno.
El primer paso del testigo fue llamar a la Fuerza Aérea de los Estados Unidos y comunicar lo ocurrido. El doctor no tuvo inconveniente alguno en someter el negativo y una copia a todo tipo de investigaciones, siempre y cuando lo ocurrido no trascendiera a la prensa.

El resultado fue una llamada de un oficial de la USAF que le "sugirió que lo fotografiado en el Pico Diamante no era otra cosa que tres objetos comunes, como los utilizados en el tiro al plato".

Impávido, el doctor en bioquímica se dirigió entonces al NICAP, en Washington.
Después de seis meses de espera se le comunicó "que esperaban cerrar el caso sin un estudio adicional".
Por fortuna para todos, el caso terminó en las manos del fotógrafo profesional Adrian Vanee.

Los análisis técnicos

El procedimiento para analizar una fotografía es simple> aunque está cargado de aritmética.
El tamaño de la imagen registrada en la cámara es igual al tamaño del objeto multiplicado por el alcance focal, y dividido por la distancia del objeto.

En cualquier expresión matemática simple sólo podemos tener un factor desconocido, pero en el análisis de los ovnis nos enfrentamos generalmente con dos incógnitas: el tamaño del objeto y la distancia. Uno de esos dos apartados debe ser determinado de alguna manera. Las mejores fotografías de ovnis contienen imágenes de objetos conocidos, sombras o segundos planos con los cuales puede correlacionarse el ovni.

En este caso, el alcance focal de la cámara es de dos pulgadas (cada pulgada equivale a algo mas de 23 milímetros). La fotografía nos muestra imágenes de árboles conocidos, como es el caso de los abetos "Douglas", con copas de 25 pies de diámetro (unos ocho metros). Tomando como punto de partida uno de los árboles más prominentes, y suponiendo que su copa fuera de unos 25 pies de diámetro, el tamaño de su imagen en el negativo era tal que el árbol tendría que haber estado a 600 pies de la cámara (unos 200 metros), a fin de satisfacer la ecuación ya citada.

Trabajar con pequeños negativos de 35 milímetros sería imposible si no fuera por algún tipo de técnica de proyección. Y la que utilizó el equipo que llevaba a cabo los análisis -y que relata estos pormenores- consiguió ampliar el negativo hasta 25,4 veces. Esto convirtió cada milímetro lineal del original en una pulgada de la pantalla. Las ampliaciones mayores tienden a confundir las cosas, ya que las únicas imágenes que pueden distinguirse con claridad son las granulaciones del papel.

En una habitación oscura, esta técnica de proyección permite contar con la mayor imagen posible, aunque invertida. Es decir, el negro aparece como blanco y al revés. Existe, por tanto, una cierta dificultad para "leerla", de modo que todas las mediciones que se tomen de ella deben ser reiteradas para su adecuado control.
El examen de un positivo común de 8 x 10, en este caso del ovni, da la impresión de que el objeto se encuentra ubicado a media distancia, con relación a los árboles situados -según apuntáramos- a 600 pies de la cámara.

Teniendo en cuenta -por la estela inferior del vapor- que el objeto parece estar elevándose verticalmente de ese claro, disponemos de dos razones como para aceptar la cifra de 300 pies (100 metros) para la distancia.

Y si se revisa la ecuación para calcular el tamaño del objeto, aparece la siguiente conversión:
300 pies x 12 pulgadas/pie x 0,124 pulgadas 268 pulgadas.
2 pulgadas de alcance focal (tamaño de la imagen) o 22>3 pies (diámetro del objeto). Es decir, unos 7 metros.

Las 12 pulgadas/pie fueron agregadas para convertir los 300 pies a pulgadas; y las 0,124 pulgadas (tamaño de la imagen) provinieron de una proyección de 25,4 donde la imagen de la pantalla medía 3,15 pulgadas. Si el objeto hubiese estado a 600 pies -el borde de todo el claro de la atalaya - aquél tendría que haber sido dos veces más grande; es decir, de unos 44,6 pies de diámetro (unos 15 metros).

Pero nuestra experiencia -prosiguen los técnicos- en esta clase de investigación nos indica que el objeto en realidad no está más cerca de los 150 pies (50 metros), lo que en tal supuesto reduciría su diámetro a unos 11 pies (unos cuatro metros).

Es un hecho interesante vivir en una atmósfera como la nuestra, donde la luz que se refleja en las moléculas del aire interfiere en la fotografía oscureciendo las imágenes, pero nos proporciona paralelamente otra forma de determinar la distancia del objeto.

El sistema es un problema matemático, pero un experimentado "globo ocular" también puede lograrlo correctamente. Ambas ecuaciones y el ojo indican algo situado alrededor de los 300 pies.

Sea lo que fuere este ovni está definitivamente fuera de la clase de los objetos usados en el tiro al plato y es probablemente demasiado grande como para ser lanzado al aire por bromistas. Este simple análisis contraría las conclusiones de la Fuerza Aérea y del NICAP. Este último nunca trató de explicar la fotografía, sino que se centró en el hecho de que el testigo vio una cosa y fotografió otra.

Una hipótesis

Este era el nudo gordiano, de modio que el equipo se puso a trabajar con la cámara para determinar si había algo nuevo en cuanto a la forma en que funcionaba. Lo lamentable era que la cámara no quería funcionar normalmente. La "enfermedad" del obturador había seguido su curso. Pero girando el dispositivo destinado a hacer avanzar el film, se hizo operar el mecanismo de tal manera que las hojas fueron arrastradas de la abertura en la forma ordinaria, apareciendo normales todos los otros cuadros de la tira: el problema, en fin, no era el obturador en sí.

La solución surgió cuando dimos con la idea de que un hombre y una cámara "ven" de dos formas distintas...
Una cámara registra cualquier cosa que se coloque delante de ella con suficiente luz como para captar una imagen determinada durante el tiempo que permanezca abierto el obturador. El ojo del hombre, en cambio, no dispone de obturador, pero hay un ciclo visual que nos produce la impresión de una fluctuación visual, cuando en verdad ésta no existe.

Por ejemplo: si miramos un disco que gira, mitad negro y mitad blanco, parecerá titilar si gira a menos de 30 veces por segundo a plena luz o a 20 veces por segundo si hay poca luz. El disco, por supuesto, no está oscilando, pero nuestra visión esta centelleando a intervalos. Cualquier cosa que suceda dentro de ese intervalo 1/30 de segundo de centelleo será transmitido a los centros nerviosos como un solo suceso. En otras palabras: nosotros vemos en imágenes filas...

No detectamos el centelleo de los cines porque la información visual es proyectada a la pantalla a razón de 24 pulsaciones por segundo, más velozmente, por tanto, que nuestro ciclo visual con luz tenue. Vemos una imagen coherente en la pantalla porque las escenas se mueven suavemente y de una manera que tiene sentido visual.
Supongamos que un productor de películas de Hollywood particularmente maniático, decidiera producir un film en el cual cada cuadro fuera totalmente diferente. Ver ese film no sería otra cosa que visualizar un trazo borroso, pero si nos proveemos de una cámara y de vez en cuando tomamos algunas fotografías, la película revelada mostraría imágenes individualmente definidas, mientras haya suficiente luz en la pantalla para permitir una velocidad de obturador mayor que 1/24 segundo.

Un defecto providencial

En el momento en que apareció el objeto fue visto por un hombre con un sistema visual que estaba "funcionando" en ciclos de 1/30 de segundo y por una cámara fotográfica colocada a 1/100 de segundo y f/8, cargada con película Panatomic X.

Pero, como se apuntaba anteriormente, el obturador no estaba funcionando a la velocidad indicada...
Para determinar la velocidad real de funcionamiento se recurrió a un densitómetro, que indicó que el cielo -en el negativo número 11- era cuatro veces más denso que en los restantes negativos de la misma tira de película. Esto suponía un error de dos puntos, que lleva la velocidad a alrededor de 1/30 de segundo. Esta velocidad es también consistente con la falta general de claridad de la fotografía, ya que 1/30 de segundo es justo el doble del intervalo normalmente recomendado para la fotografía manual.

La sensacional conclusión

La secuencia de los sucesos registrados habría sido, entonces, así:

1. El obturador se abre y el objeto es registrado en una primera posición, Con una estela inferior de vapor.
2. El objeto desaparece y reaparece en la segunda posición, pero presenta un tamaño aparente menor.
3. El objeto desaparece, sin borrón o movimiento aparente, y reaparece en la tercera posición con un tamaño visiblemente mayor. Por último, el obturador se cierra.

Está claro que el objeto, o cambió de volumen o se movió primeramente hacia atrás y después hacia adelante, superando en este último caso la posición originaria. Presumiendo que el objeto se desplazó, y que se hallaba a 100 metros en la posición final, las distancias relativas correspondientes a las dos primeras posiciones serían las siguientes: 324 pies (108 metros) en la primera posición y 348 pies (116 metros) en la segunda.

Teniendo en cuenta que el diámetro estimado es de 22,3 pies (7,4 metros) parecería que el objeto se movió "un espacio" hacia arriba y atrás al ir de la primera a la segunda posición y un espacio hacia arriba y dos hacia adelante al moverse de la segunda a la tercera posición.
La imagen del objeto en la segunda posición encaja justo entre las imágenes correspondientes a la primera y tercera posición, lo que confirma que el objeto se movía non increíble precisión.

Puesto que el obturador estuvo abierto 0,03 segundos y cada imagen parece ser de igual densidad, el objeto aparentemente fue visible 0,01 segundo en cada posición. El testigo probablemente percibió un solo objeto en un solo punto determinado, ya que su retina reunió una impresión borrosa de algo que apareció en e] lugar, pero su recuerdo sería impreciso y poco claro, de la misma manera que el espectador de la mencionada película de "cuadros diferentes" solo podría recordar uno o dos fotogramas de la misma, especialmente llamativos o provocativos.

La fotografía indica que este proceso de aparición y desaparición es "no instantáneo". Los bordes del objeto son relativamente tenues y la parte inferior oscura es más negra que en el centro. La luz del fondo pasa a través del centro por un período menor de tiempo que a través de los bordes. Nos preguntamos -en consecuencia- si este curioso aspecto de las desapariciones y reapariciones es quizá algo novedoso en el concierto ufológico. De ninguna manera.
Varias respetables autoridades del tema han escrito sobre observaciones de ovnis practicadas simultáneamente a ojo desnudo y por radar, que se han desvanecido en el espacio.
Hasta aquí el valioso estudio dirigido por el norteamericano Vanee y que fue publicado en la revista Photographic Magazine, en su número del mes de enero de 1973. Dicho análisis no se hubiera llevado a cabo, quizá, de no ser por la señora Isabel Epperson, representante del NICAP para la zona de California del Sur y que no se mostró de acuerdo con los resultados obtenidos por el citado organismo.

El laborioso trabajo, como vemos, ha proporcionado a los científicos y a los incrédulos la más viva demostración de que la "tecnología" ovni nada tiene que ver con nuestros esquemas y leyes físicas conocidas.

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