FECHA:  3 de Julio de 1967

LUGAR: Cumberland, EE.UU.

AUTOR:  © Joseph L. Ferriere

Cumberland o el sueño de todo investigador

Aquel 3 de julio de 1967, el periodista e investigador Joseph L. Ferriere se trasladó hasta la ciudad de Cumberland. Desde hacía tres días, Ferriere acudía a diario hasta dicha zona, en busca de testimonios, huéllas, rastros de una gigantesca "barra de plata brillante". Así habían descrito los vecinos de Cumberland a un enorme objeto volador no identificado que aparecía cada día en los cielos de Nueva Inglaterra.

Ferriere era editor de una revista sobre ovnis. Y tenía por costumbre acudir personalmente a cuantos casos se producían en su área. Hasta la revista llegaban numerosos avisos y noticias y Joseph procuraba investigar cada caso.

Así que aquel 3 de julio salió de Woonsocket, en Rhode Island, y se dirigió a Cumberland.

Ferriere

Unos 50 metros

Ferriere llevaba su cámara fotográfica y comenzó a caminar siguiendo el trazado de una de las líneas de alta tensión. Él sabía que muchos de estos objetos habían sido vistos en las proximidades de estas conducciones, así como en los embalses. Y allí mismo, en las cercanías, había un pantano.
Ferriere cuenta que, al cabo de un buen rato, y mientras fijaba su atención en el terreno -siempre a la búsqueda de posibles huellas de un aterrizaje- se volvió hacia atrás y quedó atónito.

"Allí estaba la "barra de plata brillante"... Estaba suspendida en el cielo y paralela al terreno. Yo no la había oído llegar -cuenta Joseph- ni tampoco escuché ruido alguno en todo el tiempo que pude contemplarla. ¡Era soberbia!

"El ovni comenzó a moverse con mucha lentitud. Primero se inclinaba a un lado y luego hacia el contrario. Parecía una embarcación mecida por las aguas... "

Ferriere se dio cuenta de lo que realmente tenía delante y comenzó a tomar fotografías. A la segunda o tercera toma, el asombrado testigo observó cómo por la parte inferior de aquel formidable "cigarro" volador se abría una especie de trampilla. Y, de pronto, algo con una forma esférica fue "expulsado" desde el interior.

"Me quedé dudoso... ¿A qué objeto debía seguir y fotografiar? El pequeño había empezado a alejarse."

El periodista tomó dos nuevas imágenes de la nave "nodriza" antes de que ésta cambiara de posición. Al situarse en forma vertical, el ovni empezó a elevarse hacia el cielo. Y desapareció en cuestión de segundos.

"Era asombroso -prosigue Ferriere- aquello no emitía ruido alguno. Lo único que observé fue cómo uno de sus extremos parecía "palpitar". "Entraba y salía" lentamente... No sabría explicarlo. Era como un pistón... "

Al alejarse el gran "cigarro", Ferriere centró su atención en el objeto que había salido de la nave portadora.

"Tenía una forma típica: como un platillo y con una cúpula en la parte superior."

El editor tomó aún otras dos fotografías, antes de que el pequeño ovni se ale-jara a gran velocidad y en la misma dirección que había tomado el "cigarro" volador.
En una primera impresión, el testigo afirmó que la "barra de plata brillante" bien pudiera tener unos 200 pies de longitud. Más tarde, una vez calmado, Ferriere estimó que quizá su tamaño real fuera de unos 150 pies (alrededor de 50 metros). El objeto mas pequeno podía tener unos 15 pies (unos 5 metros de diámetro).

"También observé cuatro luces a lo largo del costado del gran "cigarro" -añadió Ferriere-, pero no creo que fueran ventanillas. Más bien parecían brillos traslúcidos, procedentes del interior del objeto."

En total, tres o cuatro minutos

Joseph calcula que tuvo ambos objetos ante la vista durante tres o cuatro minutos como máximo.

"Me impresionó profundamente -aseguró- que aquella máquina tan enorme no hiciera ruido alguno. Era totalmente silenciosa. Ni siquiera al variar la posición y colocarse perpendicularmente al suelo noté ruido de motores. No lo entiendo."

Cuantos investigadores conocen a Ferriere aseguran que la honradez de este hombre está fuera de toda duda. August C. Roberts, otro de los grandes de la ufología norteamericana, ha defendido a ultranza la honestidad de Joseph, considerándolo siempre como una persona noble y sincera. Hasta el momento, el valioso documento gráfico no ha podido ser tachado de fraudulento. Todo lo contrario.
A esto hay que añadir, además, los numerosos testimonios de los vecinos de Cumberland, que habían visto aquella "barra de plata brillante" mucho antes que Ferriere y que, al ver las fotografías, reconocieron el gigantesco ovni...

Estamos, una vez mas, ante un caso excepcional. Un editor e investigador del tema ovni que consigue lo que muchos otros no han logrado jamás: tropezarse prácticamente con una nave "nodriza" y con uno de los ovnis o vehículos de "exploración".

En este caso, como en tantos otros, que son considerados como auténticos, "las imágenes valen por mil palabras".

 

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