Gigantesco ovni fotografiado desde el avión Concorde cuando volaba a 17 000 metros de altitud.

1973

África: el ovni del Concorde tenía 200 metros de diámetro

Así es la vida. Cuando el mundo recuerda aquel 30 de junio de 1973 y al equipo de científicos franceses, británicos y norteamericanos que volaban en el Concorde 001 no comenta las experiencias de estos hombres de ciencia y el eclipse solar que analizaron. La gran noticia de aquel vuelo sobre el Tchad, en África, y a 17000 metros de altitud, fue la fotografía de un supuesto ovni.

Aquel vuelo del Concorde quedará ya unido para siempre a la imagen que aparece en estas páginas y que fue obtenida por Jean Begot, técnico en electrónica del Instituto de astrofísica de París.

     Eran las 00.15 horas de la madrugada.

Ampliada 150 veces

La fotografía presentaba en el negativo original una «mancha» diminuta, de 3 milímetros. Una vez ampliada hasta 150 veces, los especialistas, astrofísicos y técnicos en general que pudieron examinada quedaron desconcertados. ¿Qué era aquello?

La «mancha», una vez ampliada, se presentaba ante los ojos de los investigadores como una «nube» claramente elíptica, que recordaba una de las formas típicas de los ovnis. Su base era amarilla y la zona superior, rojiza, rematada por un pequeño «cilindro» o «esfera» de color oscuro y brillante, aparentemente metálico. El ovni -y nunca mejor empleado el término- estaba envuelto en una bruma o nebulosa luminiscente.

Los análisis de la fotografía -en los que participó Serge Koutchmy, miembro también del Instituto de astrofísica de París- demostraron que en el resto de la toma no existía defecto o imagen parásita alguna, que hubiera podido provocar dicha masa luminosa. (Véase láminas en color, fotografía 38.)

      Estaba claro que «aquello» era un cuerpo real de unos 200 metros de diámetro y fotografiado cuando se hallaba a unos 15 kilómetros del Concorde.

      Un «cuerpo» real, sí, pero ¿qué...?

¿Una nube?

Los científicos más prudentes prefirieron guardar silencio. Sencillamente, no sa­bían de qué se trataba.

     Otros, que se indignaron al escuchar la posibilidad de que se tratara de un ovni, reaccionaron con argumentos tan flacos como el siguiente:

     «Resulta evidente para cualquier especialista en navegación que lo fotografiado desde el avión Concorde era una nube lenticular.»

     No soy experto en nubes, por supuesto, pero la explicación me pareció muy rara. ¿Una nube que brilla durante la noche?

Consulté con varios pilotos de líneas comerciales -algunos de ellos con gran experiencia en vuelos transoceánicos- y con meteorólogos. La conclusión fue rotunda: «Imposible. A 17 000 metros no hay nubes.»

En cualquier manual de meteorología aplicada puede leerse que el tope medio para la llamada familia de «nubes altas» (cirros, cirroestratos y cirrocúmulos) es de 12000 metros. La base media para estas nubes es todavía más baja: 6 000 metros. El resto de las «familias» de nubes flotan a altitudes sensiblemente inferiores a éstas, excepción hecha de las nubes de desarrollo vertical (cúmulos y cumulonimbos), que pueden llegar a un tope medio de 6000 a 12000 metros.

     El Concorde volaba en aquel momento (las doce y cuarto de la noche) a 17 000 metros.

     En cuanto a la «especie» de nube lenticular a que se refirieron los científicos, el asunto aún resulta más caricaturesco...

     Esta «especie» pertenece a la «familia» de los altocúmulos, que ni siquiera se encuentra entre las «nubes altas». Según los meteorólogos, se dan a 2 500 metros de altura, llegando, con mucha suerte, a los 6 000. Están formadas por capas o bancos compuestos de laminillas o «guijarros», que ofrecen esa imagen de «cielo empedrado» que vemos en ocasiones (en mi pueblo suelen llamados también «cielos aborregados», con perdón...).

Una variante de esta «familia» de altocúmulos -la alto cumulus lenticularis­ tiene precisamente forma de lente biconvexa o de lenteja. Cuando la nube está lejos no es visible en ella estructura alguna. Más bien parece recortada en una sola pieza. Es blanca, de aspecto sedoso y a veces tornasolada. Cuando uno se aproxima a este tipo de nubes, se comprueba que toda ella está cuarteada por una doble red de grietas, muy especialmente en sus bordes. La parte central, en cambio, suele permanecer compacta. Estas nubes suelen estar íntimamente ligadas con las llamadas «ondas de montaña».

      Pero lo más irritante es que los seudocientíficos trataran de engañar la credulidad de las gentes sencillas con «nubes que brillan durante la noche».

      ¿Dónde se ha visto semejante cosa? Y resulta palpable que la «nube» fotografiada desde el Concorde brilla intensamente y hasta en color...

      Si a 17000 metros no hay nubes y si las nubes no pueden brillar a las doce y pico de la noche, ¿qué diablos era aquello?

Para muchos investigadores del tema ovni, esta imagen es familiar. Pudiera tratarse, sencillamente, de una enorme nave «nodriza» -200 metros-, rodeada de un campo energético que ioniza el aire y provoca la luminosidad y los colores que aparecen en la fotografía del Concorde.  Esta, al menos, es la opinión del ICUFON.

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