Impresionante fotografía. Dos naves sobrevuelan los valles suizos de Bachtelhornli y Unterbactel. Ocurría el 27 de marzo de 1976.

Los investigadores no han podido encontrar truco alguno en estas asombrosas imágenes. Sin duda, las más nítidas del mundo. A las nueve y media de la mañana del 29 de marzo de 1976, Meier acudía a una de sus citas con los cosmonautas de las Pléyades.

1975

Suiza: «contacto» con los astronautas de las Pléyades

A las dos y doce minutos de la tarde de aquel 28 de enero de 1975, el granjero suizo Eduard Billy Meier contemplaba el silencioso y apacible prado de Hinwell. De pronto, escuchó un sonido extraño. Era un zumbido pulsante. Miró al cielo y vio una nave de aspecto metálico, que sobrevolaba la zona muy lentamente en círculo.

Meier se recuperó a duras penas de la fuerte impresión y comenzó a hacer fotografías. El ovni había iniciado un suave descenso hacia un campo situado a unos 100 metros de distancia.

No podía dar crédito a lo que estaba viendo...

Aquello era un disco de unos siete metros de diámetro.

Meier salió corriendo hacia el aparato pero, cuando se encontraba a unos 50 metros, una fuerza invisible y desconocida le frenó en seco. Era como intentar avanzar en mitad de un viento huracanado. Una barrera misteriosa le cerraba el paso hacia la nave. Y en ese instante el granjero vio cómo por detrás del disco aparecía un cosmonauta, que caminó directamente hacia él.

Había comenzado el primer «contacto» entre el suizo Billy Meier y un supuesto habitante de las Pléyades.

Y digo «supuesto» porque, como quizá sepan los seguidores del fenómeno ovni, el caso del «contactado» Meier es otro de los polémicos y todavía oscuros «encuentros» entre humanos y seres del espacio. Un caso que ha sido rechazado por algunos investigadores y que está siendo defendido actualmente por otros expertos no menos prestigiosos, como son el coronel Wendelle C. Stevens, de Arizona; Brit Nilsson, Lee Elders, Tom Welch y otros investigadores europeos y norteamericanos.

14 de abril de 1976. He aquí una de las once fotografías hechas por Meier y en la que se aprecia un caza suizo -un Mirage- que intentó inútilmente derribar al ovni. Meier grabó, incluso, el rugido del reactor. El caza abandonó la zona después de intentar 22 aproximaciones a la nave. En la imagen, el Mirage aparece a la izquierda del ovni.

29 de marzo de 1976. La fotografía fue tomada a las 18.10 horas, entre Hasenbol y Langenberg. Las dimensiones del árbol son unos 10 metros por alrededor de 7 metros de diámetro.

Desgraciadamente, y como suele suceder con harta frecuencia, la mayor parte de los investigadores (?) que se pronuncian en contra jamás hablaron con Meier o estudiaron los cientos de negativos y películas en color de que dispone. Jamás se molestaron en acudir a Suiza y gastar su tiempo y dinero en sucesivas e intensas investigaciones. Siempre es más cómodo pontificar desde el cómodo sillón de su casa...

Pero este típico comportamiento de los que yo llamo ufólogos de «salón» nada tiene que ver con el equipo del coronel Stevens. Ha sido este esforzado militar retirado de Estados Unidos y otros investigadores de espíritu limpio y objetivo quienes han profundizado en el «caso Meier». Y las sorpresas -vaya esto por delante- han sido continuas.

Cientos de fotos

Resultaría poco menos que imposible resumir aquí los múltiples «encuentros» entre el granjero suizo y los habitantes de las Pléyades, así como la prolongada investigación del equipo de Stevens. (Remito al lector interesado a la obra UFO... Contact from the Pleiades, en la que se relata con todo lujo de detalles y espléndidas imágenes la asombrosa «aventura» de Billy Meier.)

A título informativo haré alusión a algunos de estos avistamientos y «encuentros», así como a los más importantes hallazgos dentro de la investigación oficial, «que todavía no ha concluido».

Como señalaba al principio de este capítulo, el primer «encuentro» entre Meier y los astronautas de las Pléyades se produjo en enero de 1975. A partir de ese día -28 de enero-, los «contactos», siempre según Meier, se han sucedido hasta superar el centenar. En casi todos, el granjero pudo sacar fotografías y hasta películas en color, llegando a reunir cientos de documentos gráficos.

Pero regresemos al primer encuentro. En aquella oportunidad, el cosmonauta se dirigió a Meier y le dijo:

«Vosotros nos llamáis extraterrestres u hombres de las estrellas. Y nos atribuís poderes sobrehumanos, a pesar de que no nos conocéis. En lo que a esto se refiere, somos hombres como vosotros, pero nuestros conocimientos y comprensión superan a los vuestros de forma considerable, especialmente en el campo técnico. »

Según Meier, el cosmonauta del espacio dijo llamarse «Semjase».

Tanto en esta oportunidad como en los siguientes «encuentros», el granjero suizo, padre de tres hijos, salió de su casa «siguiendo un extraño impulso». Tomó su cámara fotográfica y se dirigió con su motocicleta «hacia ninguna parte en concreto».

Tras estas palabras del cosmonauta Semjase, Meier vio cómo regresaba a la nave y cómo ésta se elevaba, al tiempo que emitía una luz rojiza por su borde exterior. El granjero sacó otra fotografía y el ovni terminó por perderse de vista.

«Por un momento me sentí desilusionado -explicó Meier-. Tenía miles de preguntas que hacer... Y, mientras esperaba, forzando la vista con la esperanza de volver a ver aquel aparato, éste regresó.»

Y cuenta Meier cómo la nave espacial, que tenía una superficie metálica muy suave y pulida, hizo un giro sobre él, alejándose definitivamente.

Al volver a su granja, Meier no podía creer lo que acababa de vivir. El cosmonauta le había dicho que habría nuevos encuentros y que se dejara llevar por aquellos deseos de salir al campo. Ésa sería la señal para futuras entrevistas.

Cada vez que siguió estos impulsos, Meier regresaba a casa con nuevos rollos de película, que contenían decenas de tomas de naves espaciales. En los meses siguientes, el granjero consiguió cientos de fotos extraordinariamente claras, películas en ocho milímetros, imágenes de aterrizajes, grabaciones del sonido de los ovnis en vuelo y, lo que quizá es más importante, los testimonios de una docena de vecinos «que también habían visto y fotografiado los ovnis, justamente cuando Meier acudía a las citas.»

Billy Meier, el granjero suizo que afirma estar en contacto con seres de las Pléyades, y tres de sus numerosas fotografías, con el análisis por computadora de una de ellas.

Las experiencias del suizo se convirtieron muy pronto en la serie más extensa y documentada de los «contactados» conocidos a nivel mundial. Para el 4 de abril de 1978, por ejemplo, se habían registrado un total de 105 entrevistas con los tripulantes de estos ovnis. Hoy en día, y según mis noticias, estos contactos suman ya más de 130.

Las naves de estos seres fueron vistas, como digo, por otros muchos granjeros y vecinos del cantón de Zurich, donde tiene su residencia Meier. Fueron testimonios de gran importancia a la hora de valorar la autenticidad de los encuentros del modesto y sencillo granjero.

Comunicación telepática

Billy Meier, consciente de la importancia de sus «citas», fue tomando toda clase de apuntes y notas sobre lugares, fechas, horas, conversaciones y comentarios con los cosmonautas de las Pléyades. Las reuniones -según cuenta- tenían lugar una o dos veces por mes. Y en cada encuentro, Semjase y los restantes le hablaban de diversos temas sociales, históricos, técnicos, políticos y espirituales. Su aspecto era claramente nórdico y se comunicaban con Meier de forma mental. Antes de que el granjero llegara a formular una pregunta, la respuesta aparecía ya en su cerebro.

Sin embargo, también le hablaban en su dialecto suizo-germánico, con un extraño acento.

«...Nosotros -le explicaron los habitantes de las Pléyades- también aprendemos los diferentes idiomas de la Tierra, pero es mucho más fácil para nosotros que para vosotros. Nosotros estamos en posesión de todos los lenguajes que se hablan en la actualidad, así como de los que se hablaron en la antigüedad. Esto lo conseguimos mediante el uso de instrumentos parecidos a los ordenadores.»

A lo largo de estos encuentros, Semjase le comunicó a Meier infinidad de hechos relacionados con las Pléyades, con el Cosmos en general y con la propia situación de nuestro planeta. Veamos, en síntesis, algunas de estas comunicaciones:

«...Nosotros también estamos lejos de la perfección y hemos de evolucionar constantemente, como vosotros. No somos ni superiores ni sobrehumanos. Tampoco somos misioneros. Pero nos hemos hecho cargo del desarrollo de la vida en el espacio. Y en particular, de la humana, con el fin de garantizar una cierta medida de orden. En el curso de estos trabajos nos acercamos aquí y allí, a los habitantes de otros mundos, seleccionamos individuos y les formamos. Esto lo hacemos únicamente cuando una raza está en una fase de evolución superior. Entonces les explicamos y les demostramos que no son los únicos seres pensantes en el Universo.»

«...Un segundo en el espacio sin tiempo es igual a muchos millones de años en el espacio normal.»

«... No hemos llegado hasta el último rincón del Cosmos porque, sencillamente, ese final no existe.»

Los cosmonautas le explicaron a Meier que procedían de un planeta llamado «Erra», que orbita alrededor de un pequeño sol, en el sistema de Taygeta, dentro del conjunto gigantesco de las Pléyades. También le dieron noticia de la llamada «Junta de Andrómeda», que gobierna nuestro sector del Universo, así como de la Unión de Planetas, que se extiende a través de enormes distancias, con 127 billones de habitantes.

Semjase le explicó que ellos nos llevan un adelanto técnico de unos 3.000 años.

Cuatro fotos más de entre la gran cantidad de documentos gráficos conseguidos por Billy Meier.

La situación de la Tierra

Al hablar de la situación en que se encuentra nuestra Humanidad, los cosmonautas de las Pléyades afirmaron lo siguiente:

«...Si los humanos de Tierra no podéis resolver vuestros problemas actuales, originados por el desequilibrio de los avances técnicos y por las graves diferencias ideológicas, vuestro destino será desafortunado, ya que la Tierra no dispone en la actualidad de otros escapes colectivos.»

«...No tenemos ninguna intención de interferir en la estructura de vuestro planeta. Son ustedes, los habitantes de la Tierra, los responsables de su propio destino. Sólo los hombres de este mundo son los que tienen que cargar con sus propios errores y omisiones.»

«...Los contactos con el público en general no nos interesan en este momento y, además, no transmitirían un significado correcto al estado mental que sabemos existe actualmente en la Humanidad de la Tierra.»

Refiriéndose al tiempo, los habitantes de las Pléyades manifestaron lo siguiente:

«...Nosotros no medimos el tiempo por horas o días, sino por acontecimientos.»

Y le explicaron a Meier que la sucesión de importantes acontecimientos y la naturaleza crítica de éstos son programados de antemano y se registran en el «reloj de los acontecimientos» de la Humanidad de la Tierra. Únicamente pueden ser alterados por un cambio, en masa, de la conciencia y del conocimiento humanos. Ese «reloj de los acontecimientos», gobernado bajo la ley de causa y efecto, permite a la Humanidad controlar su propio destino. Pero el hombre de la Tierra no se ha percatado todavía de ello.

Semjase comentó que nosotros podríamos alcanzar el mismo nivel de muchas de las civilizaciones del espacio -con una vida media de más de 1.000 años- si dirigiéramos nuestros recursos actuales -físicos y mentales- hacia fines pacíficos. En 300 años, el hombre de la Tierra podría alcanzar los niveles de los «hombres de la luz».

Sin embargo, los cosmonautas no ven con claridad que la Humanidad de la Tierra llegue a obtener el control de su propio destino. Y le advirtieron a Meier de que los hombres no somos capaces de cambiar la «conciencia en masa» de nuestro mundo.

Al hablar de los viajes por el espacio, Semjase manifestó:

«...A pesar de que el hombre de la Tierra ya ha dado su primer paso en el espacio, esto sólo representa un intento primitivo. Para alcanzar de verdad el Universo tiene que descubrir y conseguir una fuerza que le permita utilizar la velocidad de "hiperespacio". En ese momento, el tiempo y el espacio habrán sido dominados. Mediante el uso de esta tecnología, fracciones de segundo son suficientes para recorrer años-luz.»

Durante uno de los primeros «encuentros», los astronautas le dieron al granjero suizo una explicación sobre sus métodos de contacto:

«...Una vez que hemos escogido al individuo, controlamos sus pensamientos cuidadosamente. Observamos sus reacciones de forma directa y durante muchos años. Y cuando ya ha sido aceptado, le influenciamos de forma telepática para que viaje a lugares apartados. Allí establecemos el contacto.»

La investigación

Como es lógico, el equipo que inició las investigaciones sometió a Meier a todo tipo de entrevistas y encuestas. Tanto Elders como Nilsson están de acuerdo en la aplastante sinceridad del testigo. Jamás le encontraron en una sola contradicción, a pesar de los múltiples «encuentros» y los cientos de testimonios gráficos obtenidos. Si el granjero hubiera «montado» un fraude de tales proporciones, el acoso de los investigadores hubiera terminado por desvelar el engaño. Sin embargo, nada de esto ha sucedido. Todo lo contrario. El equipo dirigido por Stevens y Elders, al que se unieron otros especialistas en ordenadores, rayos láser y fotografía, no ha encontrado por el momento un solo fallo. En abril de 1978, el equipo rastreó las zonas donde habían tenido lugar los encuentros y fotografías. En la mayor arte de los casos, se trataba de montañas y parajes muy accidentados, donde era del todo imposible el lanzamiento de aquellas maquetas o un fraude mediante modelos colgados por hilos o cuerdas.

En esos términos fueron igualmente entrevistados aquellos vecinos que habían sido testigos del descenso o del paso de las naves. Esta parte de la investigación, precisamente, resultó especialmente positiva. Aquellas personas ratificaron cuanto había dicho y filmado o fotografiado Billy Meier.

Por su parte, los exhaustivos análisis de los ordenadores habían rechazado ya las posibles manipulaciones o fraudes en los documentos gráficos: ¡todo era auténtico!

Con el fin de apurar todas las posibilidades de error o trucaje, los investigadores encargaron al departamento de psicología de la Universidad de Arizona una detallada lista de preguntas que plantearon a los testigos. Sus respuestas fueron grabadas y sometidas al detector de mentiras, a través de ordenadores especiales y exclusivamente programados para el trabajo. Estas declaraciones de los testigos eran muy detalladas y hubieran exigido, en el caso de fraude, una imaginación fuera de lo común, así como un previo acuerdo mutuo entre los numerosos testigos.

Meier instaló una cámara automática. Cuando la nave se presentó ante el granjero -últimos de julio de 1979- el testigo pudo fotografiar al ovni y a la máquina al mismo tiempo.

Una de las tareas más arduas fue el establecimiento de un riguroso orden en el material gráfico, de acuerdo con los hechos. En los cientos de fotografías que había tomado Meier, y para desconcierto de todos, no fue posible hallar un solo error o incongruencia. Fueron estudiados y consultados hasta los más mínimos detalles meteorológicos, de iluminación, de paisaje, etc. Y todo coincidía.

La nitidez de las fotografías de Meier era tal que el equipo de investigación sometió los negativos y copias a durísimas pruebas fotogramétricas: ensayos con sofisticados instrumentos de ingeniería óptica, efectos especiales, análisis por ordenador y técnicas de rastreo por láser. Con estas experiencias hubiera sido realmente sencillo desenmascarar hilos, maquetas o cualquier otro fraude.

Mediante el uso de microscopios electrónicos, los investigadores analizaron el grano de las películas y fotografías para ver si existía algún tipo de manipulación. Pero todos los experimentos dieron el mismo resultado: las fotografías eran auténticas.

Las conclusiones del análisis fotogramétrico fueron muy claras: «La película examinada con microscopio y procesada mediante microdensitómetro de rastreo con láser muestra que no hay superposición de cristales de película. El grano es de un modelo consistente y homogéneo, tal y como ocurre con una película considerada como auténtica.»

Los negativos, transparencias, copias y películas fueron estudiados a fondo, con el fin de descubrir posibles engaños, modelos situados a corta distancia o suspendidos de un hilo o cuerda, o lanzados al campo de visión de la cámara. El realce de los bordes demostró que no existían cuerdas, filamentos u otros apoyos. Un examen minucioso de los perfiles de las naves puso de manifiesto igualmente que la distancia, enfoque y relaciones de tamaños eran correctos. Fue eliminada la posibilidad de modelos arrojados a corta distancia, así como las técnicas de «pegotes».

El examen de las posiciones de las sombras y de las luces en las fotos demostró también que la nave y el paisaje correspondiente se hallaban bajo las mismas condiciones de luz. Se pudo observar que el ovni presentaba una superficie metálica muy reflectante y suave, pudiendo apreciarse en la parte superior de la nave los valores de luz del paisaje. Más aún, las pruebas de densidad media, a escala «Z», confirmaron que la nave era un objeto grande y tridimensional.

En resumen, no fue posible encontrar un solo factor que indicara que las fotografías y películas estaban trucadas.

Esto sorprendió a muchos investigadores -que no había acudido hasta Suiza y que esperaban que apareciesen infinidad de trucos- que, a pesar de estas profundas investigaciones, siguieron manteniéndose en «sus trece». «Las fotografías -esgrimían como único argumento- son demasiado buenas para ser verdad...»

La vieja historia...

Por supuesto, las investigaciones no han concluido. El material gráfico es tan abundante -a pesar de los expolios continuados de que ha sido objeto Meier, por parte de numerosos individuos sin escrúpulos que han pasado por su casa- que será necesario mucho tiempo antes de rematar definitivamente el informe.

De momento, y pese a los feroces ataques de los ufólogos «de salón», «negativistas» e hipercríticos, el «caso Meier» sigue adelante.

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