1977

Madrid: la computadora acertó

El presentador de la Cadena Ser Antonio José Alés, que dirige el popular programa «Medianoche», con amplía difusión en toda España, es un antiguo aficionado a los ovnis y, por supuesto, a la fotografía de los «no identificados». En su haber cuenta con decenas de misteriosas «luces», captadas sobre todo en las entrañables tierras del Coto de Doñana, en Huelva.

En el año 1977, Alés y su equipo vivieron una interesante experiencia ovni.

Pero dejemos que sea él mismo quien nos relate la aventura... (el texto siguiente es una transcripción literal):

Buscando nuevos métodos

En nuestros contactos con otros interesados y entre las muchas publicaciones que recibimos, llegó hasta nosotros una curiosa noticia. En Estados Unidos se habían sometido a una computadora los datos de «oleadas ovni» y otros hechos ufológicos, de casi quince años. Se le preguntó al cerebro electrónico cuándo sería la próxima «oleada», con la esperanza de que diera alguna fecha aproximada para intentar captarlos.

Tras un complicado proceso de programación, la computadora dio unas fechas próximas, casi demasiado próximas, pues la noticia llegó a nosotros a final de noviembre y el cerebro nos daba como fechas probables de observación los días 17, 18, 19 y 20 de marzo de 1977.

Sin ninguna seguridad en los resultados, como es de suponer, preparamos el equipo fotográfico con gran meticulosidad y nos dispusimos a acudir a esa supuesta cita con los ovni.

El doctor Jiménez del Oso tuvo la gentileza de invitarnos a su programa de TVE, «Más allá», del 6 de febrero, donde explicamos todos los pormenores de la técnica fotográfica que íbamos a utilizar.

Trabajaríamos de noche, pues durante el día, aparte de la dificultad de visualización, por cuestiones de trabajo era imposible la vigilancia de los cielos.

Antonio José Alés logró fotografiar varios ovnis en marzo de 1977.

Pistas inesperadas

Aunque conocíamos la posibilidad de terremotos, coincidentes con las «oleadas», la verdad es que no pensábamos en esto; la computadora en realidad señalaba una pequeña oleada, pues en las gráficas resultantes estaba claramente indicada una pequeña cresta, por lo que se dedujo que la incidencia de avistamientos sería baja.

Sin embargo al leer los periódicos del día 6 de marzo y conocer el terrible terremoto que horas antes había asolado Rumanía nos echamos a temblar. Toda la ilusión que el equipo tenía en la posibilidad de fotografiar ovnis se enturbió con la triste noticia. Pero en cierto modo el terremoto nos ponía en la pista de apariciones y confirmaba con hechos lamentables la «oleada». Podía ser una simple casualidad. Había que esperar más hechos, otros sucesos, para poder relacionar la presencia de los ovnis con acontecimientos catastróficos. Y desgraciadamente estos hechos ocurrieron. Unos más graves que otros, pero los periódicos no dejaron de traer curiosas o terribles noticias.

Un apagón de luz en Barcelona «por causas inexplicables» en la noche del día 14 y dos averías misteriosas en la red eléctrica de Madrid, una en Carabanchel y otra en la zona norte de la capital, nos hizo sospechar actividad ovni no visualizada, pues ninguna noticia dio la prensa al respecto.

Asimismo, en la semana del 7 al 13 de marzo hubo dos accidentes aéreos por causas desconocidas en las Baleares. Todos, como se ve, hechos penosos.

Naturalmente que no podemos ni debemos relacionarlo definitivamente con la oleada: nos estamos limitando a relacionar, a recopilar cuando sucedió alrededor de los días señalados por la computadora.

Esperábamos ilusionados, aunque con cierto miedo, los días del 17 al 20 de marzo. ¿Habría más terremotos? ¿Más accidentes? Nada podíamos hacer, sólo esperar.

Por fin llegaron los días señalados...

Desde las diez de la noche y hasta altas horas de madrugada estuvimos vigilando el cielo con nuestro equipo fotográfico. No vimos nada el día 17, pero el 18 tuvimos la fortuna no sólo de ver un ovni sino tres, y además, los fotografiamos a placer; tuvimos asimismo la oportunidad de observar un avión que se acercó a dos de los ovnis y toda una interesante peripecia aérea que les detallaremos más adelante.

Los días 19 y 20 no pudimos ver nada, pese a que, por ser fiesta, dispusimos de horas suficientes para una más larga vigilancia. Pero ningún otro ovni cruzó ni ante nuestros ojos ni antes las cámaras de infrarrojos, que buscaban ovnis «invisibles».

Despues de la «oleada»

¿Pero sucedió algo más, después de la minioleada anunciada por la computadora? Desgraciadamente, sí.

Hubo terremoto fortísimo en Manila en la madrugada del día 19 de marzo; otro terremoto con casi 200 víctimas en Irán, el día 26; otro en Italia, en Cittá di Castello. Se repitió otro violento movimiento sísmico en Irán el 2 de abril... Como se ve, la incidencia de catástrofes ha sido francamente aterradora.

En cuanto a hechos ovni, no muchos, al menos que sepamos. Uno importante en Espinoso del Rey, en los Montes de Toledo, el 10 de marzo, del que dio cuenta la prensa y que vieron varios campesinos. Fue una nave que aterrizó y dejó claras huellas en el suelo duro de un cortafuegos. Aunque es anterior este avistamiento, lo incluimos aquí porque nosotros conocimos la noticia a los diez días de haber sucedido.

También supimos del descubrimiento de un campo de aterrizaje de ovnis, con multitud de huellas, en la localidad bilbaína de Gallarta, y aun otro caso que parece serio y del que todavía no conocemos detalles en Zaragoza y del que, al parecer, hay alguna fotografía. Un grupo de amigos del Parque de Lisboa, que contactó con nosotros, nos comunicó que el día 28, cuando regresaban a Madrid desde la sierra, pudieron observar una manifestación «claramente ovni» en la misma dirección en que nosotros los fotografiamos el día 18.

Francisco Padrón, desde Santa Cruz de Tenerife, nos envió también algún avistamiento en las islas alrededor de los días señalados. Padrón, gran amigo y experto en el tema ovni, se preocupó durante la oleada de estar al tanto de cuantos hechos pudieran darse en las islas.

Emoción en el laboratorio fotográfico

Todo había pasado ya. Sólo faltaba revelar las películas y comprobar los resultados. Nos metimos en el laboratorio con una emoción indescriptible. Tenían que salir las fotos, pero podíamos haber cometido algún error y haber fracasado. En cuyo caso habría sido tiempo perdido; sin pruebas no hay «caso»...

Las dos horas largas del procesado de las películas se hicieron eternas. Por fin pudimos ver los resultados. ¡Allí estaban nuestros tres ovnis, el avión y todo cuanto presenciamos la noche del 18 de marzo!

Las fotos eran correctas, pero el tamaño de los ovnis en los negativos era demasiado pequeño, pese al teleobjetivo utilizado, y hubo que realizar ampliaciones de hasta 1200 aumentos, lo que nos llevó muchas horas de delicados trabajos y docenas de pruebas hasta conseguir resultados gráficos aceptables.

Pero había merecido la pena. Disponíamos de 25 negativos de tres ovnis diferentes. Durante los días transcurridos se han hecho estudios de tamaños, distancias y otros detalles imprescindibles antes de decidir la publicación del caso.

También hemos sometido las películas al juicio de profesionales de la fotografía, cuestión muy importante para autentificar la veracidad de las mismas. La aventura ha sido ciertamente emocionante y han merecido la pena todos los esfuerzos. Podrían como siempre los escépticos dudar de la realidad de los hechos, pero las misteriosas luces fotografiadas están ahí, como un desafío y como un testimonio de lo que tuvimos la oportunidad de ver el 18 de marzo de 1977 en nuestra primera cita con los ovni, sean éstos lo que sean y procedan de donde procedan. Hay fotos y testigos, y nuestro testimonio testimonio, en lo poco o mucho que valga.

Ovnis sobre Madrid

La noche del 18 de marzo de 1977 fue fría aunque despejada. Nosotros pretendíamos fotografiar ovnis y estábamos preparados para ello con el equipo técnico necesario. Nos habíamos instalado en la terraza de un edificio de respetable altura, un piso quince, lo que nos daba una magnifíca perspectiva y un amplio campo de observación. En Madrid normalmente no disfrutamos de un cielo demasiado claro, la polución lo enturbia casi constantemente, al menos para una buena observación, pero desde el Parque de Lisbora, en Alcorcón, disfrutamos en general de un aire limpio y de una atmósfera clara.

Distinguíamos bien las estrellas y reconocíamos la constelaciones. No había duda, circunstancia que nos favorecía, pues cualquier punto de luz que surgiera del espacio sería fácilmente detectable sin verse amortiguado por el brillo de la luz lunar.

En seguida localizamos la ruta de planeo del aeropuerto de Barajas y distinguíamos varios aviones que se acercaban para aterrizar. Algunos los fotografiamos para distraer la espera. Estas fotos serían luego de gran valor. Gracias a ellas pudimos establecer comparaciones de velocidad y de tamaño con los tres ovnis que vimos a partir de las 11.30 de la noche.

La espera era aburrida y el frío intenso, por lo que en ocasiones estuvimos a punto de abandonar la vigilancia. Por otra parte no nos fiábamos del cálculo de la computadora, que daba aquellos días de marzo como posibles para la llegada de ovnis. Incidía en nuestro desánimo el no haber «visto nada» el día 17. Pero aguantamos firmemente el frío y nos distraíamos mirando a través del teleobjetivo las carreteras próximas y fumando un cigarrillo tras otro.

Teníamos instaladas tres cámaras, dos con película infrarroja que fotografiaban el cielo constantemente, con la esperanza de captar ovnis invisibles, naves que estuvieran en otra frecuencia del espectro y que por lo tanto nuestra limitada visión no pudieran alcanzar. Otra cámara, montada con teleobjetivo y película de gran sensibilidad, estaba dispuesta por si veíamos alguna luz sospechosa.

A las 11.20 en una de las cámaras de infrarrojos se terminó la película y decidimos no recargarla. Se continuó trabajando con la otra cámara aunque espaciando las tomas, pues considerábamos que habíamos perdido la noche, que nada iba a suceder y que por lo tanto estábamos derrochando el material y el tiempo.

A las 11.30 en punto, en dirección este, «apareció» bruscamente un potente foco de luz, a unos ochocientos metros de altura. Dirigimos el teleobjetivo inmediatamente al punto luminoso y comenzamos a disparar fotos. La luz estaba totalmente quieta, no se desplazaba ni un milímetro, según pudimos comprobar por las referencias en tierra que tomamos. Lo que sí era palpitar, pulsar con un brillo extraordinario y cambiante.

Dirigimos al punto de observación la cámara de infrarrojos que permanecía cargada, pero se atascó y no fue posible continuar fotografiando con ella. La abandonamos y seguimos haciendo fotos con el teleobjetivo.

El supuesto ovni permaneció allí quieto durante cinco minutos, cinco largos minutos en los que no se movió aparentemente ni un ápice. De pronto, a su izquierda, y a unos trecientos metros, aunque ligeramente más bajo, apareció otra luz de la misma intensidad que la primera y de igual tamaño y pulsación, que se mantuvo junto a la otra por más de dos minutos.

La persecución

Mientras en el cielo se mantenían las dos impresionantes luces latiendo, pudimos observar, allá en el horizonte, una pequeña luz que avanzaba de frente hacia el punto de observación. Advertimos fácilmente que era un avión y daba la impresión de que pretendía acercarse a los dos ovnis. Pero éstos posiblemente lo detectaron y automáticamente comenzaron a moverse, uno a la derecha y otro a la izquierda hasta desaparecer. El avión giró a la derecha, desde nuestro punto de vista, e inició una maniobra, que daba la sensación de ser de seguimiento a uno de los ovnis. Otro avión despegó a lo lejos. Veíamos con claridad sus luces intermitentes rojas. Parecía un avión militar, un caza tal vez, por el ángulo tan cerrado de su trayectoria de ascensión y por la velocidad a que se desplazaba. Pronto perdimos a los aviones de vista y la zona donde habían ocurrido los hechos quedó de nuevo sola y tranquila. Nada más se veían estrellas.

El tercer ovni

A las 11.45 nos vimos sorprendidos con la aparición brusca de otro ovni en el mismo punto que el primero. Su pulsación e intensidad eran exactamente iguales. Permanecía totalmente quieto en el espacio, ni bamboleo, ni desplazamiento, sólo una fuerte luz palpitante que fotografiamos repetidamente.

A los tres minutos de su aparición inició suavemente un desplazamiento a la izquierda en trayectoria de bajada. Se movió muy lentamente y fue perdiendo su extraordinario brillo. Cuando llegó a tierra se detuvo bruscamente y se apagó.

A través del teleobjetivo pudimos localizar al ovni posado en tierra. Sólo se advertían unas tenues lucecillas que la cámara no pudo captar por su extremada debilidad, aunque hicimos varias fotos no salió nada en el negativo; además, las débiles señales luminosas de la «nave» se confundían con las luces del paisaje nocturno.

Esperamos otra media hora, pero nada más pasó, por lo que decidimos abandonar la vigilancia. El frío era cada vez más intenso y disponíamos además de poca película.

Cálculos y estudios

Es extremadamente difícil calcular la distancia a que estaban situados los ovnis, aunque en un supuesto de trabajo estimamos que la increíble secuencia ocurrió a unos quince o veinte kilómetros de nosotros.

Asimismo es difícil pronunciarse en cuanto al tamaño de los ovnis, cosa lógica al desconocer la distancia exacta. De cualquier manera nos podemos atrever a suponer que medirían unos treinta o cuarenta metros de diámetro.

Metamorfosis (sic)

Una vez ampliadas las fotografías, algunas hasta más de 1200 veces, comprobamos con gran emoción que en los siete minutos y medio de la primera observación, el ovni, los dos ovnis cuando estuvieron juntos, fueron cambiando de forma. Primero eran un gran punto luminoso, casi esférico, y en los momentos sucesivos fueron cambiando y adquiriendo distintas conformaciones. Todo el cambio es comprobable en las fotos y en ningún caso lo advertimos durante la observación visual.

Los tres ovnis «sorprendidos por las cámaras» en la noche del 18 de marzo corresponden al tipo nº 1, al menos en líneas generales, por cuanto coinciden con el aspecto inmaterial que los caracteriza, así como con la gran luminosidad de los tipos «uno», aunque obviamente no con la gran velocidad que suelen tener estos ovnis.

Precisamente en la conferencia internacional sobre ufología que se celebró el mes de mayo de 1976 en Estados Unidos, Fred Winterberg, científico especializado en esta problemática, señaló que los informes ovni veraces tienen precisamente como detalles comunes la observación de objetos físicos, sólidos, sin apenas masa inercial, rodeados por una intensa descarga en corona y que no producen ruido en sus desplazamientos. Ello indica un estado de la materia cercano al cero de masa en reposo. Si efectivamente este estado existe, las distancias interestelares pueden cubrirse en tiempo muy reducido y prácticamente sin gasto energético.

Es toda una teoría y así lo señalamos, pero solamente por coincidir con la tipología número uno, que es a la que la teoría de Winterberg hace referencia con nuestra observación del día 18.

 

© www.jjbenitez.com