1977

El Pusilibro insólito: un falso fotógrafo y unas fotos auténticas

A veces suceden estas cosas. Cuando «estalló» el caso Pusilibro, allá en el otoño de 1977, yo me encontraba a 1.000 kilómetros. Precisamente siguiendo el rastro de otra nave «nodriza», pero en lo más profundo de Sierra Morena.

Y en cuanto pude me trasladé a Huesca. La presencia de un objeto rojizo en los cielos del Pirineo, y especialmente sobre el Pusilibro, pico de Guara y el Somontano oscense había despertado la curiosidad de numerosas personas, así como una oleada de noticias y especulaciones de todo tipo en la prensa local y nacional. Tras recorrer la zona y conversar con vecinos de Loarre, Sarmacuello, Bentué de Rasal, Huesca, Ayerbe y Arguís estaba claro que un objeto de gran tamaño y de tonalidad generalmente anaranjada-rojiza y otros más pequeños de color blanco venían desplazándose sobre la cadena montañosa pirenaica y sus estribaciones desde hacía días. Casi la totalidad de los avistamientos se habían registrado durante la noche.

Al igual que otros curiosos, aficionados e investigadores del asunto ovni, pasé varias noches al raso, pendiente de la posible aparición del ya célebre «ovni del Pusilibro». Pero no tuve suerte. A pesar de las muchas horas de atenta observación de los cielos oscenses, el gigantesco ovni rojizo -según rezaban los testimonios- no se dignó aparecer.

Fue precisamente en aquellos primeros días del mes de noviembre cuando llegó hasta mí la noticia: un vecino de Huesca -al fin- había logrado fotografiar el escurridizo «ovni de Pusilibro».

Portada del diario Nueva España con las fotografías del ovni del Pusilibro.

A través de mis buenos amigos Luis García Núñez y Foncillas, del diario Nueva España de Huesca, supe quién era el autor de tales fotos y cómo los documentos habían llegado rápidamente a poder del gobernador civil de la provincia. Aquello me hizo temblar. Sabía por experiencia que si intervenía el Ejército del Aire, los negativos originales podían «volar»...

El día 10 de noviembre, en primera página y en rigurosa primicia mundial, Nueva España ofrecía dos imágenes del ovni. El tema se disparó de nuevo. Y los campos, laderas y bosques que rodean al Pusilibro se convirtieron en las noches sucesivas en una verbena. Cientos de curiosos -excitados por las nuevas informaciones- acudieron hasta la montaña provistos de todo tipo de cámaras, trípodes, linternas, mantas y bocadillos... Y como era de esperar, el ovni tampoco se presentó.

Pero volvamos a la primicia de Nueva España.

A toda página, el periódico oscense afirmaba: «Fotografiado el "ovni" de Pusilibro.»

En un sumario, y acompañando también a las dos fotografías en blanco y negro, se leía: «Captadas por un oscense en la madrugada del pasado día 2, constituyen un documento irrefutable (páginas centrales).»

Y transcribo la información de dichas páginas centrales:

«La noticia pudiera definirse como bomba informativa. Han pasado semanas y un objeto volador no identificado apareció en el cielo de Huesca.

»Ayer, eran las afirmaciones de los visionarios; hoy, es una serie de imágenes gráficas. El autor tiene nombres y apellidos y residencia en Huesca. Se trata de un joven.»

Fotografía previa a la secuencia del ovni del Pusilibro. El testigo se encontraba fotografiando la Luna. En la parte inferior aparece parte de una grúa. Al surgir la nave, Ricardo Rodrigo giró la cámara hacia la derecha. La Luna quedaría ya fuera del campo de visión.

Así fue la historia

«En las proximidades de la zona industrial de Albajar, al final de la calle Carrero Blanco, nuestro hombre, a la una y cuarto de la madrugada del pasado día 2, trata de obtener una serie de fotografías de la Luna con un nuevo equipo fotográfico.

»De repente, en el cielo, un extraño objeto. Dispara hasta seis veces para obtener este resultado. El objeto blanco se aproxima a un módulo de color rojo para, en segundos, producirse el cambio en el objeto, que de color rojo se convierte en blanco con una estela brillante y desaparece en el espacio.

»Ésa es la historia y así fue filmada. Una máquina fotográfica Konica T-3, provista de teleobjetivo de 200 mm, f.4 de luminosidad y película Fuji 400 ASA color y trípode. Se disparó a un octavo de segundo. El resultado lo tienen ustedes. En el cielo de Huesca., según todos los indicios, se produjo la aparición de una nave nodriza.»

Hasta aquí la noticia de la obtención de las fotografías del «ovni del Pusilibro». Una noticia que, en principio, parecía correcta...

Y gracias a Luis García Núñez, cuya ayuda no podré agradecer nunca lo suficiente, puse entrevistarme con el afortunado fotógrafo.

En presencia de Luis y otros amigos, Ricardo Fernández Sansans, un joven administrativo en un banco de Huesca, me relató cómo había conseguido las fotografías en aquella famosa noche. En total, según manifestó Ricardo, había hecho siete disparos, de los cuales sólo habían salido cuatro. Cuatro fotos que, al verlas, me impresionaron vivamente. Suponiendo que los documentos fueran auténticos, «aquello» era todo un ovni «nodriza»...

Grabé el relato del fotógrafo y creo que le interrogué a fondo. Al concluir me encontré con algunos «detalles» que no terminaban de encajar. Eran pequeñas contradicciones...

Mis dudas sobre la veracidad de la «historia» aumentaron peligrosamente cuando Ricardo se negó a facilitarme los negativos originales. A pesar de mis esfuerzos para convencerle de que el análisis de tales clichés era básico en toda investigación racional y objetiva, el joven adoptó una postura cerrada. Y no hubo forma siquiera de ver dichos negativos.

El incidente terminó por envenenarse cuando, ante la sorpresa general, Ricardo Fernández me pidió una alta suma de dinero, «si quería obtener las fotografías».

Aquello remató el asunto.

Tengo por norma no comerciar con el tema ovni y rechazo de plano este tipo de comercialización. Estos documentos, aunque sean propiedad de una persona, no deben ser objeto de compra y venta. Se trata, en mi opinión, de pruebas importantes de la presencia en nuestro mundo de naves procedentes de otros astros y universos y todos nuestros esfuerzos deben ir encaminados a una total y exhaustiva difusión de los mismos. En definitiva, creo que las películas, fotografías y testimonios en general sobre ovnis son «patrimonio» de todos los hombres. Y como tal deben ser tratados. Sé que esta postura tiene muchos enemigos y no pocas incomprensiones. Sin embargo -y esto lo saben bien quienes me conocen un poco- seguiré defendiéndola contra viento y marea.

Por eso, al escuchar la proposición de Ricardo, y al comprender que era inútil todo intento por mantener la investigación en una línea desinteresada y transparente, me despedí del joven con tantas dudas e interrogantes que decidií «congelar» el caso, en espera de una definitiva solución.

Como decía anteriormente, en el relato de Ricardo había «puntos muy poco claros». Por ejemplo, y así aparece grabado en la larga entrevista, me habló de la dificultad para encontrar película Fuji 400 en Huesca. Y que al recibir un rollo de este tipo de película, obsequio de un cuñado, se decidió a hacer fotografías a la Luna, precisamente con dicho carrete...

Me dijo también que «había ido previamente a la casa de un amigo para que le prestara un trípode»...

Por otra parte, el fotógrafo había comentado con claridad «que, al aparecer el ovni, levantó cámara y trípode en el aire y así hizo las fotos...».

Allí había «algo» que no tenía demasiado sentido, especialmente para un aficionado a la fotografía. Y me propuse a averiguarlo. Mis primeras pesquisas dieron el resultado apetecido: no era cierto que hubiera dificultades para comprar película Fuji 400 en aquellas fechas en la ciudad de Huesca. Es más, en Zaragoza, a 70 kilómetros escasos de la capital oscense, este tipo de material gráfico era igualmente fácil de adquirir.

Primera fotografía del ovni del Pusilibro.

Aquel primer «fallo» en el relato de Ricardo terminó por alertarme del todo. No podía comprender, además, que un aficionado a la fotografía -como evidentemente parecía ser el joven en cuestión- no supiera maniobrar la cámara instalada sobre el trípode, con el fin de localizar el ovni a través del visor. A ningún aficionado o profesional se le ocurriría «levantar» cámara y trípode y hacer las fotografías a pulso. Y mucho menos, cuando -según reconoció el propio Ricardo- la máquina disponía de un cable-disparador. Era ilógico.

El asunto se volvió ya definitivamente «oscuro» y «sospechoso» cuando, tras algunas sutiles preguntas en el domicilio del muchacho, y sin que éste tuviera conocimiento de mis indagaciones, supe que aquella noche del día 2 de noviembre de 1977, Ricardo «no había estado ni a las once de la noche ni a la una de la madrugada en las proximidades de la calle Carrero Blanco...»

La inevitable conclusión sólo podía ser una: Ricardo había trucado las fotografías del supuesto ovni del Pusilibro. Todo parecía encajar...

Segunda fotografía, que es prácticamente idéntica a la primera.

Sin embargo, al no poder disponer de los negativos y de los correspondientes análisis técnicos, mi hipótesis tampoco podía ser considerada como definitiva. ¿Qué podía hacer? Sólo tenía un camino: esperar. Y como digo, «congelé» el caso, en la confianza de que el tiempo terminaría por desvelar el misterio. Por aquellas fechas supe que el llamado IIEE (Instituto de Investigación y Estudios Exobiológicos) de Barcelona, cuyos miembros se habían trasladado en diversas ocasiones hasta Huesca, trataba también de obtener dichos negativos originales. Según mis informaciones, dicho grupo daba por «buenas» las fotografías, así como el relato de Ricardo. Con el paso del tiempo pude comprobar cómo estas noticias eran ciertas. Algunas de las imágenes -dos, si no recuerdo mal- fueron publicadas por las revistas Vimana del CIOVE de Santander y por Contactos extraterrestres (edición española), que dirigía por aquellas fechas el esforzado Enrique de Vicente.

Tanto el grupo de investigación CIOVE como Enrique, que se han caracterizado siempre por una línea limpia y noble en la investigación de los «no identificados», debieron creer en la bondad del supuesto ovni del Pusilibro. Y la prueba es que publicaron dichas fotos. Siempre he dicho que una investigación «sobre el terreno», «con los testigos» y con un mínimo de objetividad, debe inspirar una total confianza al resto de los ufólogos. Al menos, para aquellos cuyas intenciones y espíritus no son ruines...

El pequeño ovni se introdujo o desapareció por detrás de la nave «nodriza». En este momento, y cuando el fotógrafo realizaba la toma número tres, el formidable ovni cambió de color a un blanco intenso. En la hermosa imagen se aprecia un halo rojizo.

Es lógico que así sea, puesto que todos no podemos estar en todas partes.

Pero, al parecer, la investigación del grupo de Barcelona no debió ser todo lo profunda y paciente que exigía el caso. Y una de las pruebas de lo que afirmo es que el IIEE consideraba todavía en 1981 que el autor de las fotografías era Ricardo Fernández Sansans.

Un falso fotógrafo y unas fotografías auténticas

Y el lector se preguntará: ¿es que el tal Ricardo no fue el autor de las fotografías del llamado «ovni del Pusilibro»?

Pues no.

Cuando inicié los trabajos de búsqueda, selección y estudio de las fotografías de este libro, «desempolvé» también el casi olvidado asunto de Huesca. Habían pasado tres años y consideré que quizá fuera éste el momento para aclarar definitivamente el tema. Fue precisamente Luis García Núñez quien realizó, en mi nombre, las primeras gestiones y contactos con Ricardo Fernández.

Cuarta y última fotografía: el ovni cambia de posición y desaparece.

Y tal y como cabía esperar, el paso del tiempo había hecho reflexionar al joven oscense. Ante la sorpresa de Luis, Ricardo le confesó «que él no era el verdadero autor de las fotos».

La historia se complicaba y aclaraba a un mismo tiempo. El falso fotógrafo le explicó a Luis García Núñez «que su intención había sido la de obtener dinero».

Pero, ¿qué era lo que había ocurrido realmente?

El propio Ricardo le manifestó a Luis que el autor de las imágenes del ovni del Pusilibro era otro vecino de Huesca y amigo común: Ricardo Rodrigo Lera.

Él era quien conservaba los negativos auténticos. Cuando García Núñez acudió hasta Rodrigo, éste le contó toda la verdad. En el fondo, todo había sido muy simple.

Pero, antes de pasar a explicar la verdadera historia, sigamos el orden cronológico de los acontecimientos.

Al desvelar el «misterio», Luis puso en conocimiento del segundo Ricardo -del auténtico fotógrafo- mi deseo de examinar los negativos originales. La reacción de Ricardo Rodrigo fue inmediata. Al momento puso en manos de García Núñez los cuatro clichés. Mejor dicho -y por aquello de la exactitud-, los cinco. Cuatro negativos contenían el famoso ovni, y el quinto, la Luna.

A las pocas horas, y por correo certificado, el material se encontraba en mi poder, en Lejona, con una carta de Luis García Núñez.

Inmediatamente sometí los negativos a diversos análisis. Uno de los clichés fue examinado en Barcelona. Otro en Madrid y los dos restantes en Bilbao.

Los tres estudios arrojaron un resultado totalmente positivo: «No se apreciaba manipulación alguna en los negativos y sí brillos en los bordes, que proporcionan una ligera sensación de volumen y relieve.

»La velocidad y sensibilidad de la película utilizada denotan un objeto de luminosidad media, prácticamente inmóvil en el instante de la toma.»

Poco antes de que se registraran estos acontecimientos yo había enviado una carta a Ramón Navia, miembro del referido Instituto de Investigaciones y Estudios Exobiológicos, con sede en la Ciudad Condal. En ella, y a la vista de lo publicado en Vimana y Contactos extraterrestres y por las informaciones que yo poseía sobre las actividades de dicho grupo, le rogaba que me informara sobre la suerte de dichas fotos del ovni del Pusilibro y le invitaba a que colaborase en el presente trabajo, precisamente con las mencionadas fotos.

La contestación de Navia -por esas «casualidades» de la vida- llegó a mi poder después de que yo hubiera recibido los negativos originales del Pusilibro y de que conociera el «montaje» del falso fotógrafo. No merece la pena que extienda sobre el contenido de dicha misiva pero, en resumen, me venía a decir que no tenía la debida autorización para proporcionarme dichas fotografías y que los negativos se encontraban depositados en un banco...

Saltaba a la vista que el IIEE, o al menos el señor Navia, no estaban enterados de la verdad.

Esta situación me recuerda otra vivida por mí mismo meses antes y con motivo del fraude de las fotografías de El Saler, en Valencia. En aquella ocasión fui yo el engañado por un vecino de la ciudad del Turia, que hizo pasar por fotos de un ovni lo que en realidad era una simple esponja y una linterna.

Como vemos, en todas partes cuecen habas...

El verdadero autor de las fotografías, Ricardo Rodrigo Lera.

La verdadera historia

Por supuesto, al tener conocimiento de que el verdadero fotógrafo era Ricardo Rodrigo Lera, vecino de Huesca, procuré entrevistarme con él lo antes posible. A dicha entrevista asistió también Luis García Núñez. Según nos comentó a ambos, «se encontraba muy apenado por cuanto había sucedido». Al parecer, la causa de este embrollo se debía por un lado, a su propósito, en aquellas fechas, de no aparecer en los medios de difusión y ante la sociedad en general como autor de las fotografías. A esto se unió el afán desmedido de Ricardo Fernández, que trató de sacar el máximo partido posible a tales fotos.

Pero dejemos que sea el propio Ricardo Rodrigo quien cuente los hechos.

-Mira, yo había seguido el asunto del ovni famoso del monte Pusilibro. Incluso había subido algunas noches a la montaña. Pero no había visto nada. Total, que una de aquellas noches yo me encontraba en el balcón de mi casa, haciendo fotos a la Luna. Soy aficionado a la fotografía y a la astronomía y llevaba tiempo ya haciendo tomas de la Luna y de las estrellas.

-¿Dónde te encontrabas exactamente?

-En el pasaje Monrepós, número dos, noveno piso. En aquellas fechas (2 de noviembre de 1977 y antes de que construyeran los bloques que tenemos ahora enfrente) la vista era fenomenal. Se dominaba una gran zona del Pirineo. Concretamente, la situada a la derecha del llamado Salto de Roldán. Por allí justamente (por la sierra Carbonera) habían visto desaparecer en algunas ocasiones al ovni, Había montado mi trípode y la cámara Pracktica LTL, con un teleobjetivo de 200 milímetros. Tenía un rollo de 400 ASA color. La película era Fuji. Y estaba haciendo fotos a la Luna, que se encontraba en aquellos instantes a mi izquierda. En una de las fotos, como verás, aparece juntamente con una parte de una grúa. Cero recordar que tomaba las fotos con exposición fija.

-¿Con cable?

-Sí, claro.

-¿Qué hora era?

-No lo recuerdo bien, pero quizá entre las doce y la una. Yo llevaba ya un buen rato haciendo fotos y mirando con unos prismáticos. Recuerdo que, incluso, había cambiado de rollo. Había hecho una o dos imágenes y, de pronto al volver la vista hacia la derecha, vi una luz muy fina sobre la sierra. En aquellas fechas, como te digo, quedaba un amplio espacio entre dos bloques y se veía la sierra con toda claridad. Entonces no había farolas y las ventanas de las viviendas estaban ya a oscuras.

-¿Cómo estaba el cielo?

-Negro y estrellado. Aquella luz apareció por el norte y la Luna se encontraba a mi izquierda. Es decir, estaban muy distantes la una de la otra. Hasta tal punto que tuve que girar la cámara y el trípode a toda velocidad. Tenía el teleobjetivo enfocado a infinito y sólo tuve que centrarlo en el visor. Cuando estaba observándola, aquella luz se hizo mucho más grande e intensa. Pero no pude fotografiarla.

-¿Por qué?

-Fue todo muy rápido. Entre que cambié de pose a 1/30 o 1/60 de velocidad y que centré la luz, aquel primer momento se me fue. Y apareció ya el objeto grande y rojo, con el otro pequeño a un lado.

-¿Recuerdas la velocidad exacta?

-No, francamente. Ha pasado mucho tiempo... Sólo puedo decirte que quité la exposición fija y le coloqué entre un treinta y un sesenta, aproximadamente. Pensé precisamente que si mantenía la pose saldrían líneas y todo confuso. Y ya no le quité ojo. Seguí toda la escena a través de la cámara.

-¿Disparaste con cable?

- Sí. Aquel objeto se mantenía quieto. Y de pronto, como te digo, apareció el más pequeño. Éste era blanco. Hice otra fotografía y, cuando me disponía a hacer la tercera, el objeto pequeño se dirigió hacia el grande y no sé si entró en él o si se perdió por detrás. El caso es que ya no lo volví a ver. En aquel mismo momento, el ovni «nodriza», para que nos entendamos, se volvió de un color blanco, con una especie de halo rojizo. Yo hice la cuarta foto y ya no pude hacer más. En décimas de segundo, cambió de posición y desapareció.

-Esto quiere decir que te dio tiempo a tomar cuatro fotos del ovni.

-Sí.

-¿Qué clase de luminosidad presentaba el objeto?

-Enorme, enorme...

-¿Qué dimensiones podía tener?

-Ni idea. Ten en cuenta que la sierra no se veía. No puedo decirte, por tanto, si estaba más aquí o más allá de las montañas. Imagino, de todas formas, que debía encontrarse sobre los montes.

(La distancia, en línea recta, entre Huesca y la sierra es de unos ocho kilómetros.)

La observación del ovni por parte de Ricardo Rodrigo duró entre tres y cuatro segundas, más o menos. Es decir, el tiempo justo para disparar las cuatro fotografías.

-Lo que no logro comprender es cómo llegaron estas fotos a manos del falso fotógrafo...

-Muy sencillo -prosiguió Rodrigo-. Yo deposité el rollo en los laboratorios Laurocolor, aquí en Huesca, y lo mandaron a revelar a Lloret de Mar. Ricardo Fernández era delegado de dichos laboratorios en esta zona y al recibir los negativos y copias, yo mismo los abrí en su presencia. La verdad es que pensaba que no había salido nada... Pero no. ¡Allí estaba un ovni! Y se lo enseñé. Se quedó muy impresionado y me pidió unas copias. A partir de ahí, él empezó a mostrarlas por toda Huesca... Yo no tenía ningún interés en salir en los periódicos y le dije que no me importaba que se hiciera pasar por el verdadero autor de las fotos. Ahora me doy cuenta de los trastornos y confusiones que ello ha provocado y de verdad que lo siento. No debí autorizar su proposición...

Esto, naturalmente, sí aclaraba las cosas. Aclaraba, por ejemplo, por qué el falso fotógrafo no quiso facilitar en ningún momento los negativos originales. Entre otras razones, porque no estaban en su poder. Y aclaraba igualmente muchas de las contradicciones y mentiras. Al escuchar nuevamente la grabación con el «impostor» llegué a contabilizar hasta 30 falsedades.

Es posible que algunas personas se hagan la misma pregunta que yo me hice al conocer la existencia del verdadero fotógrafo: ¿y cómo podemos saber si Ricardo Rodrigo dice la verdad?

No tenemos, lógicamente, la prueba definitiva. Pero disponemos, en cambio, de tres argumentos altamente positivos:

Primero, la pública rectificación del falso fotógrafo que, sin mediación previa de Rodrigo, declaró espontáneamente y le señaló como el verdadero testigo.

Segundo, la versión dada por Ricardo Rodrigo -muy lógica y sin contradicciones- y estos tres largos años en los que ha permanecido al margen de cualquier maniobra publicitaria o crematística. De no ser por mi deseo de realizar el presente trabajo de fotografías sobre ovnis en todo el mundo, quizá el asunto hubiera proseguido como en 1977. Ello dice mucho a favor de Rodrigo, que ha demostrado un interés prácticamente nulo por su propia obra.

Y en tercer lugar, los análisis de laboratorio, que han arrojado -con toda claridad- un resultado totalmente positivo.

Los negativos son genuinos, no han sido manipulados y corresponden a un objeto que fue fotografiado realmente.

Todo ello me lleva a pensar que el caso del «ovni del Pusilibro» es auténtico y que estamos ante un documento excepcional: toda una nave «nodriza» o «portadora» en los cielos españoles. Una nave, no lo olvidemos, que fue vista además por otros muchos testigos a lo largo de los meses de septiembre, octubre y noviembre de 1977. Una nave que, como salta a la vista, nada tiene que ver con los aviones, helicópteros o ingenios humanos que surcan nuestros cielos.

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