1978

México: lo más importante, la «solvencia» moral del testigo

Hasta la redacción de la revista mexicana Contactos extraterrestres llegó un buen día de 1978 el joven Jorge Humberto González Novelo, de 14 años y estudiante de secundaria en el Instituto Benito Juárez de la capital de México. Aquel muchacho afirmaba haber fotografiado un ovni. Jorge Humberto llegó acompañado de uno de sus profesores, Aurelio Reyes Hurtado, que asistió a la entrevista que realizó mi buen amigo e investigador del fenómeno ovni Pablo Latapí Ortega.

El niño en cuestión aseguró haber visto un extraño objeto, a plena luz del día, sobre la urbanización Vista Bella de la Ciudad Satélite, muy próxima a México, Distrito Federal.

Según Jorge Humberto el hecho tuvo lugar el 6 de marzo de 1978, hacia las cuatro de la tarde.

Había comprado un rollo de película en color para su cámara Kodak Instamatic y comenzó a utilizarlo con sus familiares, así como con algunos de sus ejercicios de boxeo, al que es muy aficionado.

Aquella tarde, el joven salió al jardín de su casa y en ese momento acertó a ver en el cielo un extraño objeto metálico. Corrió al interior de la vivienda, tomó la Instamatic y aún pudo hacer una foto al ovni. Cuando bajó la cámara para correr la película, el objeto desapareció. (Como saben los aficionados a la fotografía, este tipo de máquinas dificulta el desplazamiento del rollo, que no puede hacerse como en las cámaras profesionales.)

El testigo aseguró que el objeto se desplazaba en una posición inclinada y emitiendo un ligero zumbido. Tomó la foto en el instante en que el ovni se estabilizaba y, décimas de segundo más tarde, el aparato «ya no estaba»...

El investigador Pablo Latapí preguntó al muchacho si sabia de la existencia de otros testigos y Jorge Humberto respondió afirmativamente.

Los hermanos José y Jorge Ramos Ortega, de 12 y 11 años, respectivamente, vieron y describieron un objeto similar al que había sido observado desde el «fraccionamiento» o urbanización de Vista Bella. También Oscar González Serna, aseguró haber detectado en el cielo un aparato volador muy raro. La observación fue hecha aquel día y desde la misma Ciudad Satélite.

Al parecer, estos testigos no conocían a Jorge Humberto.

El ovni

Las declaraciones de los diferentes testigos -señala Pablo Latapí- coinciden mucho entre sí y con la fotografía.

El ovni de México de 1978, reflejando la luz solar.

Este objeto, al parecer, era del tamaño de un avión, con una forma discoidal alargada hacia la parte superior y de construcción metálica. Su color era predominantemente plateado, aunque en la parte superior es posible apreciar una especie de disco de color cobre. Según los testigos, de las zonas superior e inferior del ovni salían unas finas y pequeñas líneas de color blanco, que parecían «cintas de humo que salían o entraban en el aparato». Dos de los observadores -José y Jorge Ramos- pensaron que se trataba de escapes que cambiaban de forma, arrojando el humo hacia arriba o hacia abajo. Oscar González afirmó que el humo salía por cuatro puntos.

Lo curioso es que este último testigo alcanzó a distinguir también la parte inferior del ovni, en la que pudo apreciar dos círculos formados por pequeñas «bolitas» o esferas.

Jorge Humberto González Novelo observó los «hilos» de humo en la parte superior del objeto. Y pensó que se trataba de «algún tipo de succionador» que podía estar tomando gas de la atmósfera.

Todos están seguros de que se trataba del mismo ovni.

El joven Oscar González Zerna hizo estos dibujos; la parte inferior del ovni muestra un curioso esquema.

La fotografía

Al realizar el análisis de la imagen se apreciaron unas líneas horizontales que pudieran sugerir algún tipo de cable deteniendo al objeto. Pero al observar los negativos se descubrieron una serie de rayones, practicados por uno de los hermanos de Jorge Humberto. Fueron contados y vimos que coincidían las rayas que presenta la fotografía. No se trataba, por tanto, de cable alguno.

Uno de los investigadores sugirió también la posibilidad de que el ovni pudiera ser en realidad una lámpara colgante de las que abundan en la zona, pero tal argumento fue rechazado al analizar otra de las fotos del mismo rollo, tomada en el mismo lugar y con el mismo ángulo, y en la que no se aprecia ninguna lámpara colgante o farola. La posibilidad de que pudiera tratarse de un objeto lanzado al aire por otra persona quedó igualmente descartada puesto que el ovni se encuentra demasiado lejos de la cámara y resulta muy grande como para que alguien hubiera podido catapultarlo.

Sobre todas estas consideraciones, por supuesto, se encuentra la calidad moral de los testigos. En muchos casos de fotografías de ovnis, esta «solvencia» moral resulta definitiva a la hora de valorar los documentos gráficos.

Estoy absolutamente de acuerdo con el planteamiento de Pablo Latapí. Lo malo es que algunos investigadores -como viene sucediendo últimamente con la prestigiosa asociación GSW- anteponen el «criterio» de las computadoras a esos testimonios personales. Como ya he dicho en otras ocasiones, yo sigo prefiriendo y valorando como más importante la palabra de un testigo honesto y sincero a todos los ordenadores del mundo...

En próximos capítulos veremos cómo las más sofisticadas computadoras norteamericanas puede también equivocarse...

 

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