1978

Nueva Zelanda: 23.000 imágenes de ovnis

     El año 1978 se despidió con una «bomba». Un reportero de la televisión australiana consiguió filmar una película en color de 16 mm -con unas 23.000 imágenes- de objetos voladores no identificados sobre Nueva Zelanda.

      Aquella noticia (y la película, naturalmente) dieron la vuelta al mundo. Recuerdo que TVE proyectó una parte de dicha filmación en los primeros días de enero de 1979, tal y como señalaba al exponer el caso de la película de la formación ovni sobre el Pilar de Zaragoza.

 

La intensa «oleada» de naves no identificadas en las antípodas de nuestro país empezó hacia el 21 de octubre de aquel mismo año. En aquella fecha, un piloto australiano, Frederick Valentich, desapareció junto con su avioneta, instantes después de informar a la torre de control de la presencia de un extraño objeto que volaba junto a él.

A partir de aquella misteriosa desaparición, los avistamientos de ovnis en toda Oceanía se prodigaron sin cesar.

Pero el momento álgido llegó el 30 de diciembre. Diez días antes, A. Causer, un controlador aéreo de Wellington, había informado sobre el encuentro con ovnis de un total de seis aviones. Los radares también habían detectado la presencia de los ecos no identificados.

El 21 de diciembre, a las 3.28 de la madrugada, el capitán de un avión Argosy, Wern Powell, tropezó con un ovni en la vertical del aeropuerto de Blengheim, en el norte de la isla del Sur de Nueva Zelanda. El piloto había sido dirigido hasta allí por los controladores del aeropuerto de Wellington, justamente a través del estrecho de Cook, que separa las dos islas neozelandesas.

Los operadores de radar habían estado registrando numerosos «ecos de tráficos no identificados». Uno de aquellos ovnis -del tamaño de un avión de pasajeros- había sido seguido a través de las pantallas durante sesenta millas. Este mismo objeto terminó por inmovilizarse sobre la vertical de Blengheim hasta que apareció Powell con su avión.

Un reportero en acción

     Las noticias sobre ovnis siguieron produciéndose en numerosos puntos de Australia y muy especialmente sobre Nueva Zelanda. La psicosis llegó a tal extremo que el 26 de diciembre, al anochecer, el reportero del Canal O de la Televisión Australiana, Quentin Fogarty, de 32 años, y que disfrutaba unas vacaciones en Nueva Zelanda, recibió una llamada urgente de su oficina en Melbourne. Debía intentar filmar los ovnis y entrevistar al piloto Wern Powell.

Y Quentin alquiló el Argosy, con el propósito de reconstruir el vuelo y el encuentro con el ovni del capitán Powell.

El reportero de la televisión australiana, Fogarty.

 

 

Imágenes del ovni filmado por Fogarty, que fue registrado también en numerosas oportunidades por las pantallas de radar del aeropuerto de Wellington.

El 30 de diciembre, a las diez y cuarto de la noche, Fogarty, con su equipo de filmación, despegó del aeropuerto de Blengheim en vuelo hacia Wellington. Junto a los pilotos -Bill Startup y el copiloto Bob Guard- acompañaban al periodista australiano el matrimonio David y Ngaire Croquett, responsables del equipo de filmación.

«Esperemos que sean amistosos»

     Después de tomar una carga de periódicos dominicales en Wellington, para su entrega en la isla del Sur, despegaron para Christchurch. Justamente después de medianoche la tripulación observó numerosas luces brillantes sobre la ciudad de Kaikoura, en la costa nordeste de la isla del Sur. Se pusieron en contacto con el radar de Wellington, desde donde confirmaron que habían estado detectando objetos no identificados en dicha zona. El «encuentro» había comenzado.

 

Durante los siguientes 50 minutos, aproximadamente, hasta que el avión aterrizó en Christchurch, los que iban a bordo fueron «obsequiados» con una exhibición espectacular, y en ocasiones terrorífica, de ovnis. Parte de la actividad fue también recogida en película, pero debido a la habilidad de los objetos para aparecer y desaparecer a voluntad, la filmación resultó muy difícil.

 

 

En el mapa, los lugares de Nueva Zelanda donde los ovnis fueron filmados y detectados por el radar.

 

Hubo ocasiones en que el radar de Wellington confirmó numerosos ovnis siguiendo al avión. Fogarty, que hizo un comentario grabado en cinta magnetofónica durante todo el vuelo, fue el que mejor resumió los sentimientos de cuantos volaban en el avión: «Esperemos que sean amistosos.» Justamente antes del aterrizaje, el capitán Startup invitó a los miembros del equipo de televisión al vuelo de regreso.

 

El 31 de diciembre, a las 2.15 de la madrugada, el Argosy despegó para Blengheim. Estaba sólo a un par de minutos de Christchurch cuando fue observado un objeto brillante en el exterior de la ventana de estribor.

 

El objeto fue detectado también en el radar del avión. Al principio estaba dentro del alcance de veinte millas. Después la película, lógicamente, se encontraba mucho más cerca que Júpiter Un matemático de la Universidad de Monash confirmó el diámetro que había dado Fogarty.

 

 

Formación de luces en la película de Fogarty. En las pantallas de radar fueron detectados hasta 10 ecos no identificados simultáneamente. Pero los hipercríticos aseguraron que se trataba del planeta Venus. Lo de siempre, claro...

La fuerza Aérea de Nueva Zelanda, en alerta

     La película de Fogarty terminó por alertar a la Fuerza Aérea de Nueva Zelanda, que se dispuso a combatir a los ovnis.

 

Uno de los portaaviones de la Armada Neozelandesa, el Orián, recibió órdenes estrictas de mantenerse en la zona de los avistamientos para llevar a cabo una estrecha vigilancia, especialmente durante la noche. El Orión dispone de sofisticados equipos de detección, que fueron intensamente utilizados en aquellas fechas para tratar de ubicar a las naves «no identificadas». El propio ministro de Defensa de Nueva Zelanda explicó que dos aviones cazabombarderos estaban preparados para despegar en cuanto los ovnis fueran detectados por el Orión o por los técnicos del control aéreo del aeropuerto de Wellington, que trabajaron conjuntamente con el citado portaaviones.

 

Naturalmente, uno de los portavoces del Gobierno trató de tranquilizar a la opinión pública, afirmando:

 

«No consideramos la presencia ovni como un peligro para la defensa, pero es muy interesante.»

 

La película de Fogarty fue distribuida posteriormente a todo el mundo, siendo tan elogiada como criticada. Para algunos científicos -carentes de la más mínima información-, los objetos filmados en Nueva Zelanda «sólo era el planeta Venus». A esta absurda teoría se opusieron el reportero, los pilotos y los propios controladores de Wellington. ¿Desde cuándo se puede captar al planeta Venus en una pantalla de radar? «Además -añadieron-, hubo momento en los que tuvimos hasta 10 objetos "danzando" en la pantalla ... »

 

     Como ocurre casi siempre, desde numerosos puntos de planeta se dejaron oír las más ridículas opiniones sobre lo que había filmado Fogarty. Y como siempre, por parte de individuos que no habían conversado con los testigos ni molestaron lo más mínimo en analizar las 23 000 imágen de la película.

 

 

Días después de la filmación de Fogarty en el estrecho de Cook, el cámara Frank Kazukaitis consiguió otra película, que fue proyectada igualmente por la televisión australiana. En esta filmación se utilizaron dos cámaras con objetivos de 600 mm. Fue hecha sobre el río Clarence, en el extremo noroeste de Nueva Zelanda. Según Kazukaitis, el objeto parecía una enorme pelota de ping-pong iluminada, con una pequeña luz roja en el centro que subía y bajaba. Las imágenes, por supuesto, son mejores que las obtenidas por Fogarty.

Para determinados círculos ingleses, el «ovni de Nueva Zelanda» sólo era Venus...                                                 .

Para un diario australiano, «aquello podía tratarse de un avión ultrasecreto, sin piloto... ».

 

Para una señora de Nueva Zelanda, los ovnis «eran coles reflejadas en el cielo».

 

Para otros, «las luces de locomotoras o de coches, igualmente reflejadas en las nubes»...

 

Una semana después de los avistamientos, la película en cuestión fue enviada a Estados Unidos, para un exhaustivo análisis. El Canal O eligió al NICAP para dicha tarea.

 

Después de numerosas entrevistas con los testigos, controladores de radar y de un minucioso «desguace» de las 23 000 imágenes en color, ninguno de 105 científicos norteamericanos se atrevió a pronunciarse. Por supuesto, ninguna de las explicaciones anteriores era válida: «aquello» no era Venus, ni tampoco un avión secreto, ni coles, ni reflejos luminosos en las nubes. Aquello, lisa y llanamente, eran ovnis.

 

El entonces director del NICAP, Acuff, a quien conocí personalmente en el programa de TVE «La Clave», afirmó que «la evidencia señalaba hacia algún fenómeno nuevo, probablemente relacionado con otros informes de ovnis...». La verdad es que Acuff no se distinguió nunca por su valentía a la hora de enfrentarse al fenómeno ovni.

 

 

Meses después de la proyección de la película de Fogarty fue dada a conocer esta nueva toma. En el fotograma de la filmación australiana aparece un objeto volante no identificado en movimiento. La imagen fue captada por una cámara que operaba a una velocidad de 1/20 de segundo. Esto hizo que el reportero registrara el movimiento del ovni.

 

Tampoco el amigo Hynek, «sumo pontífice» de la ufología norteamericana, se distinguió por su claridad y decisión. El cada vez más sospechoso «asesor» de las Fuerzas Aéreas de EE.UU. para el fenómeno ovni indicó «que la película de Nueva Zelanda sugería claramente algún fenómeno que no puede ser explicado en términos ordinarios».

 

¡Bravo! La explicación del señor Hynek no podía ser más clara y comprometida...

 

Claro que también es justo considerar que en esta oportunidad no había dólares de por medio, como sucedió con su «asesoramiento» en el film Encuentros en la tercera fase, por lo que cobró más de 100 000 dólares.

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