1979

Baleares: puesta de sol... a las tres de la madrugada

Aquel mes de noviembre de 1979 pasará a la historia de la ufología. No todos los días se tiene noticia de un avión, con 109 pasajeros, que resulta «desviado» de su ruta..., a causa de un ovni.

Hay cientos de casos, sí, de aviones civiles y militares que han tenido «encuentros» con estas naves no identificadas.1 (En su libro Encuentro en Montaña Roja (1981), J.J. Benítez entrevista a numerosos pilotos civiles españoles que hablan por primera vez de sus experiencias con ovnis.) Lo que ya no es tan corriente es que uno de estos aviones comerciales -un Super-Caravelle de la compañía española TAE- tenga que abandonar su rumbo para tomar tierra en un aeropuerto no previsto.

Esto fue lo que sucedió aquella noche del 11 de noviembre de 1979 en los cielos españoles. No me extenderé sobre el suceso, puesto que aparece con gran amplitud en mi libro Incidente en Manises. A título de resumen diré que, aquella noche, el citado Super-Caravelle, con 109 turistas alemanes y austríacos, se vio «abordado» por un objeto de unos 200 metros de longitud, que voló en paralelo con el reactor por espacio de ocho minutos.

Como consecuencia de la violenta aproximación del gigantesco ovni -que fue detectado en las pantallas de radar del Mando de la Defensa Aérea, en Madrid-, el comandante Lerdo de Tejada, que dirigía el Super-Caravelle, suspendió su vuelo Palma-Canarias para aterrizar en el aeropuerto valenciano de Manises.

En el citado aeropuerto, más de 40 personas, entre ellas el propio director, ingeniero aeronáutico, Miguel Morlán, pudieron contemplar -¡por espacio de dos horas!- tres ovnis de gran luminosidad, que permanecieron estáticos sobre la zona.

Hacia las dos de la madrugada la Fuerza Aérea Española hizo despegar desde la base de Los Llanos, en Albacete, un caza -un Mirage- pilotado por el capitán Fernando Cámara, con la misión de interceptar los ovnis.

Tal y como relato en La noche más larga, el piloto de combate persiguió a tres discos de gran luminosidad durante casi una hora y 45 minutos. La persecución fue tan infructuosa como insólita. Según mis informaciones -extraídas de altos círculos militares-, los ovnis «bloquearon» en diversas ocasiones el radar, la filmadora y los misiles del caza español.

Una de estas persecuciones ocurrió precisamente sobre el mar Mediterráneo. El ovni y el Mirage llegaron incluso hasta las islas Baleares. Pero, como digo, el esforzado piloto nada pudo hacer, ante las formidables velocidades y capacidad de maniobra de los discos.

Esta persecución sobre las islas se registró justamente hacia las dos y media o tres de la madrugada. Por supuesto, los habitantes de las Baleares se encontraban ajenos a lo que pasaba en sus cielos...

Hubo, sin embargo, algunos vecinos de Palma de Mallorca que sí observaron un extraño objeto volador no identificado. Y precisamente a la misma hora en que el caza intentaba llegar hasta el brillante ovni.

Entre estos testigos se hallaban varios radioaficionados, los soldados de la base de radar del monte Puigmajor y dos vecinos de la localidad de Sóller.

Fueron precisamente estos últimos quienes lograron dos fotografías en blanco y negro de un objeto no identificado, que se elevó desde el monte L´Ofre.

Tierra calcinada

Así me relató su experiencia José Climent, autor de las fotografías, de profesión mecánico y vecino, como digo, de Sóller: «Debían ser entre las dos y media y las tres de la madrugada. Recuerdo que aquella noche me había ido al cine con unos amigos...

»Juan Coll, vecino también de Sóller y amigo mío, había estado inquieto. Y nos anunció que algo iba a pasar, que subiéramos a la montaña. Pero yo no hice mucho caso. Y la prueba es que me fui al cine y, a continuación, me senté en un bar. Juan y otros amigos sí subieron a la montaña.

»Total, que a eso de las dos y media de la madrugada decidí volver a casa. Me acompañaba Antonio, otro compañero.

»Y ya en la salida del mismo pueblo divisamos una raya que subía en vertical y una enorme luminosidad naranja que llenaba buena parte de los campos y del monte L'Ofre. Sin pensarlo tomé mi cámara -una Minolta con un objetivo de 50 mm y película Valca de 100 ASA- y abrí todo el diafragma: a 1,4. Hice dos fotos, a un segundo de exposición.

»Nos impresionó el gran silencio y aquella especie de explosión naranja que lo llenó todo de luz. De aquella luminosidad o explosión salió una esfera, que ascendió y se inmovilizó después. Tenía movimientos laterales y a veces desaparecía tras el monte. Vimos también otros objetos más pequeños...

»Aquello debió durar entre 20 y 30 segundos. Fue entonces cuando me acordé de lo que había comentado Juan Coll. Pero después supe que los que habían subido a la montaña no habían visto nada...»

Cuando la luminosidad naranja desapareció, y con ella el objeto, los vecinos reanudaron su marcha. Climent reveló el negativo en su propia casa, forzando la película a 3200.

«Con certeza -me aseguró el fotógrafo- no puedo asegurar lo que era. Es por esto por lo que no me he negado a entregar los negativos a los militares que me visitaron. Tenía la esperanza de que sirvieran para la investigación.»

Varios militares de la Fuerza Aérea Española, efectivamente, visitaron al mecánico de Sóller y, tras interrogarle ampliamente, se quedaron con los negativos. Hasta el momento, las dos fotografías no han sido devueltas a su propietario. Y yo dudo mucho de que ocurra tal «milagro»...

Por fortuna, Climent disponía de una copia de una de las tomas. Ésta ha sido la única que ha podido aparecer en los periódicos y que ha llegado a conocimiento de la opinión pública.

En una minuciosa investigación que llevé a cabo pocos días después del 11 de noviembre en Baleares pude ratificar varios extremos importantes:

1. El fenómeno ocurrido aquella madrugada del 11 al 12 de noviembre de 1979 fue observado por los militares del pico del Puigmajor, por varios radioaficionados de Mallorca, por vecinos de Sóller, por pescadores que se encontraban faenando en las costas próximas y por un muchacho de Coll d'En Rebassa.

2. El lugar donde se produjo la luminosidad naranja y la ascensión del objeto aparecía calcinado. Aquellos parajes, constituidos fundamentalmente por monte bajo, no disponen de caminos o carreteras. Ningún automóvil hubiera podido adentrarse hasta la zona que aparecía quemada y aplastada. Era evidente que allí se había posado algún aparato.

3. El testimonio de Pepe Climent y de su compañero no ofrece contradicciones. Otros testigos pudieron verles hacia las dos de la madrugada en un bar del puerto.

4. En efecto, y según mis noticias, varios militares le visitaron en Sóller, abonándole, incluso, el salario correspondiente a la mañana que permaneció con ellos. Los dos negativos siguen en poder del juez-informador que inició una investigación oficial sobre todo lo ocurrido aquella noche en el espacio aéreo español.

Estaba claro, por tanto, que los objetos captados en los radares militares, que fueron vistos por los pilotos de la compañía TAE, por más de 40 personas del aeropuerto valenciano, perseguidos por un Mirage y observados y fotografiados también desde Mallorca, guardaban algún tipo de conexión. Cualquier investigador que se hubiera preocupado por reunir un mínimo de información sobre el caso habría llegado a la misma conclusión.

Los ufologos de «salón» atacan de nuevo

Hasta que llegaron, una vez más, las opiniones de los ufólogos de «salón».

Para empezar, y con el consiguiente descrédito entre los pilotos y testigos, uno de estos «investigadores» -el señor Ballester Olmos- lanzó a la prensa una «hipótesis de trabajo» carente del más mínimo rigor científico: «...el ovni que se aproximó al Super-Caravelle de la TAE podía haber sido un caza de la VI Flota norteamericana.» ¿Un caza de 200 metros de longitud? ¿Un caza de EE. UU. a 100 o 200 metros del costado izquierdo de un avión de pasajeros? ¿Un caza tan grande como la cubierta de un portaaviones?

Cuando los pilotos, personal del aeropuerto de Manises, del radar del Mando de la Defensa Aérea y no digamos el capitán que pilotaba el Mirage, conocieron tal «hipótesis de trabajo», creyeron que se trataba de algún bromista o de un loco.

Pero esta nueva manifestación del «hacer científico» de estos ufólogos carpetovetónicos no terminó ahí. Y los «adoradores de computadoras» recurrieron nuevamente a los norteamericanos: a la Ground Saucer Watch de Phoenix. ¿Era un ovni lo fotografiado por Pepe Climent?

Para colmo de males, la información remitida a la GSW fue mucho más «anémica» y destartalada que la del caso del «ovni de Canarias». Leo textualmente en el boletín del CEI, donde se han publicado las «notables» conclusiones de los técnicos de W. Spaulding sobre dicha imagen:

«Una sola fotografía de reproducción, en blanco y negro, fue remitida a la Ground Saucer Watch, Inc. La fotografía, tomada durante la semioscuridad crepuscular, revela datos a nivel de primer plano y de fondo, así como una imagen ambigua ("inartículate") no identificada. La fotografía, que tiene un pobre contenido visual de imagen, fue recibida con un doblez en el medio; además, no se facilitaron datos sobre la observación, la cámara ni la película, que pudieran ayudar en la evaluación.»

A dicho primer comentario de la GSW, el autor de la teoría del caza de la VI Flota -que se había encargado de enviar la fotografía a Estados Unidos- añade:

«De este documento gráfico [se refiere a la foto de Climent] apenas se conocen datos técnicos. Sólo pudo facilitarse a la GSW una breve descripción del fenómeno según testimonió el fotógrafo, la fecha y el lugar del caso. El doblez que se menciona fue causado por el correo.»

He aquí una nueva afirmación gratuita, que jamás hubiera hecho un investigador «de campo». Es decir, una persona que se hubiera preocupado de tomar un barco o un avión y trasladarse a Baleares para conocer «sobre el terreno» la realidad de los acontecimientos. Pero lo fácil -todos lo sabemos- es hablar, sentenciar y pontificar desde la cómoda poltrona de nuestra casa... Estos individuos, si no pueden permanecer en un prudente silencio cuando ignoran los hechos, deberían al menos no pregonar a los cuatro vientos su «hacer científico y riguroso». Los «patinazos», como seguiremos viendo, pueden ser tragicómicos...

Pero regresemos al informe de los norteamericanos. Al igual que el emitido sobre el ovni de Canarias, éste tampoco tiene desperdicio.

El informe de la GSW

Se llevaron a cabo los siguientes tipos de análisis: contomeado de color, que aportó información sobre densidades; digitalización, para análisis de pixels o células de imagen y mejora de contornos, filtrado y alta resolución, para adquisición de detalles. Se obtuvo la siguiente información:

1. La fotografía no es un fraude.

2. Las imágenes bajo consideración no son montajes. No existe evidencia de truco fotográfico alguno.

3. La imagen no identificada no representa ningún defecto de revelado ni ninguna otra anomalía.

     4. La imagen es de naturaleza tenue y no es un objeto sólido ni una fuente productora de luz. La imagen es difusa.

     5. La imagen no identificada no es un modelo suspendido ni lanzado al aire.

6. La fotografía recibida fue reproducida de algún periódico o de una fotografía de acabado mate. La fotografía «A» de la GSW muestra la matriz de la impresión, que tuvo que ser suprimida electrónicamente, lo cual hizo la evaluación más difícil. (La fotografía remitida a la GSW -aclara el señor Ballester Olmos- era la reproducción de una copia de un original; tercera generación, pues, que facilitó al CEI un periódico mallorquín, ya que los negativos, aparentemente, están en poder del Ministerio del Aire.)

7. La imagen está en el plano de la película de la emulsión y no es un objeto distante. Se llegó a esta comprobación al reconvertir digitalmente los datos de la montaña y de las nubes de la fotografía y compararlos con los de la imagen no identificada. Las otras imágenes de la fotografía quedaban afectadas por la atmósfera, lo que sustancia su cualidad de cuerpos distantes.

8. La imagen no identificada tiene todas las características que son comunes a un reflejo.

 

9. En el cuerpo principal de la imagen no identificada hay una serie de imágenes más brillantes que, a simple vista, parece un grupo de pequeños objetos luminosos, ésta es, definitivamente, tenue y parte del reflejo principal.

10. La posición del Sol en el ocaso es la correcta para que resulte un reflejo en la lente («lens flare»), ya que éste se alinea perfectamente con la posición del Sol tras la montaña. Esto fue verificado con el uso del densitómetro digital.

CONCLUSIONES:

Sería también posible, con toda honestidad hacia los testigos, que hubieran observado un raro fenómeno atmosférico conocido como «sun dog» o subsol (reflejo del sol en una nube de cristales de hielo) o bien una nube de bario, los cuales tienen parámetros idénticos a los analizados con la técnica del ordenador. Sin embargo, careciendo de datos fotográficos pertinentes, somos de la opinión de que las imágenes representan un reflejo en la lente de la cámara.

Un testigo sincero vale por 1.000 computadoras

Hay algo que no termino de comprender. Si la copia -de tercera generación- de la foto de Pepe Climent fue enviada a Estados Unidos sin un mínimo de datos sobre las circunstancias que rodearon su obtención, ¿por qué la GSW corrió el riesgo de someterla a los ordenadores? Lo más lógico -como así ocurrió- es que cometieran error tras error.

Veamos algunos...

El primer y gravísimo fallo de los laboratorios de Spaulding aparece ya en el primer párrafo de su informe, cuando afirma que «la fotografía fue tomada durante la semioscuridad crepuscular...».

Una de dos: o este dato le fue proporcionado a la GSW por el ufólogo valenciano -y en este caso la culpa no sería totalmente de los norteamericanos- o, al carecer de la hora exacta de la toma de la fotografía, dedujeron lo de la «semioscuridad crepuscular» por cuenta propia. Si el «investigador» de marras no proporcionó la verdadera hora de la toma a la GSW, sus «tenebrosas» intenciones quedarían una vez más al descubierto. Entre otras razones, porque la hora del avistamiento -dos y media a tres de la madrugada- fue publicada, por ejemplo, por el Diario de Mallorca del 16 de noviembre de 1979. Curiosamente, el rotativo que cita el señor Ballester en el boletín del CEl y al que agradece la reproducción que fue enviada a Arizona.

Está claro, por tanto, que el informador de la GSW conocía el momento en que fueron hechas las fotos.

Y si, aun sabiendo en qué momentos fueron hechas las fotos, envió a la GSW una información hablando de «semioscuridad crepuscular», el individuo mintió.

En el punto número 10 del informe de Phoenix, los norteamericanos dan por hecho que «la posición del Sol en el ocaso es la correcta para que resulte un reflejo en la lente ("lens flare"), ya que éste se alinea perfectamente con la posición del Sol tras la montaña. Esto -rematan los señores de la Ground Saucer Watch- fue verificado con el uso del densitómetro digital».

La cosa tiene gracia. ¿Desde cuándo puede registrarse una puesta de sol entre las dos y media y las tres de la madrugada?

Resulta paradójico que en los cinco primeros puntos del informe, la GSW aclare que la fotografía de Climent no es un fraude, que no hubo montaje ni truco, que no se aprecia defecto alguno en el revelado y que tampoco se trata de una maqueta suspendida o lanzada al aire y que, en cambio, no dé crédito a las palabras del fotógrafo, que aseguró haber tomado la imagen en plena madrugada...

¿En qué quedamos?

Aquel 11 de noviembre de 1979, y según datos facilitados por el jefe del Centro Meteorológico Zonal de Palma de Mallorca, don Fernando Cosme Gayá Obrador, la hora del ocaso astronómico, a nivel del mar, en Mallorca, se produjo a las 16 horas y 33 minutos GMT. Confundir esta puesta de sol con las tres de la madrugada me parece mucha confusión... Este error, insisto, descalifica ya la labor del equipo de W. Spaulding. Naturalmente, y por si existe alguna sombra de duda, yo prefiero un testigo sincero a mil computadoras y densitómetros digitales. Aunque sean de fabricación yanqui...

Pero sigamos con los errores.

En el punto número 7, William J. Spaulding y Fred Adrian hablan de «montañas y nubes en la fotografía». El «calificativo» de montaña para el monte L'Ofre, con sus escasos mil metros, me parece un tanto exagerado, pero, en fin...

Lo que ya no tiene explicación posible es el «descubrimiento» de las nubes en la foto de J. Climent. y paso a transcribir -textualmente- el informe del mencionado Centro Meteorológico Zonal de Mallorca, relativo a la fecha del 11 de noviembre. Dice así:

«...La nubosidad al atardecer era muy escasa en toda la isla. El observatorio no ve nubes a las 18 GMT. Los de Alfabia y Pollensa consignan vestigios, no habiendo completo acuerdo sobre el tipo de nubes. Alfabia señala vestigios de nubes bajas de tipo Cu y Se y también de Ac (altocúmulos). En Pollensa se señala presencia de Ci (cirros).»

Pero las conclusiones de la GSW llegan ya a extremos de «alta elucubración» cuando apuntan la posibilidad de que los testigos «hubieran observado un raro fenómeno atmosférico conocido por "sun dog" (reflejo del Sol en una nube de cristales de hielo) o bien una nube de bario, los cuales tienen parámetros idénticos a los analizados con la técnica del ordenador...».

Si tenemos en cuenta que las fotos fueron hechas, insisto, entre las dos y media y las tres de la madrugada, ¿a qué clase de reflejo solar se referirá el informe yanqui?

Y puestos a «especular» al estilo norteamericano, ¿por qué no pensar en un burro volando, en Mary Poppins o en Peter Pan?

El asunto, verdaderamente, es como para echarse a reír... Por último, y en otro alarde de «rigor científico», la GSW afirma:

 

«...Careciendo de datos fotográficos pertinentes, somos de la opinión de que las imágenes representan un reflejo en la lente de la cámara.»

 

Esta consideración, para mí, ha sido el «descabello» final. Si la GSW no disponía de suficientes y rigurosos datos, ¿por qué emitir un juicio? Lo justo hubiera sido mantenerse a la expectativa o no pronunciarse, al menos hasta reunir una información básica y ajustada a la realidad.

 

Los técnicos de Arizona no deben ignorar, supongo, que los reflejos («lens flare») son invisibles al ojo humano. El fotógrafo, si llega a registrarlos en su cámara, es totalmente ajeno a dicho fenómeno. Sólo cuando se revela la película se descubre la presencia de los posibles reflejos luminosos. En el caso que nos ocupa, los testigos manifestaron haber visto una formidable luminosidad naranja y un objeto que se elevaba desde el terreno. Justamente, el objeto que aparece en la fotografía que se cuestiona.

 

¿Cómo puede hablarse entonces de reflejo, si los testigos, repito, estaban viendo el objeto?

 

Si Spaulding o el ufólogo valenciano hubieran visitado el lugar de autos se habrían dado cuenta, además, de que tal «reflejo», fruto de un no menos supuesto ocaso, era del todo inviable por la sencillísima razón de que la toma fotográfica fue hecha en dirección norte-nordeste. Y en Baleares, como supongo que todavía ocurre en Phoenix, el Sol se oculta siempre por el oeste...

 

Pero, ¿para qué seguir?

 

Como vemos, el nuevo informe de la prestigiosa organización norteamericana no inspira excesiva confianza. Dos errores de grueso calibre en tan poco tiempo constituyen un golpe muy duro. Sinceramente, y a la vista de estos graves hechos, empiezo a cuestionarme otros informes de la GSW -léase fotografías de San José de Valderas- que «todo el mundo» había aceptado poco menos que por infalibles.

 

A la vista de estos solemnes «patinazos», yo me pregunto qué clase de confianza se puede depositar en investigadores como los del CEI, que encabezan el informe sobre la foto de Sóller con la siguiente frase:

 

«Anulada la supuesta evidencia corroborativa del ovni visto por el comandante Lerdo de Tejada el 11 de noviembre de 1979.»

 

¿Y qué decir de aquel remate de Ballester Olmos en la revista Mundo descoconocido , en relación a este mismo tema?:

 

«Esta corroboración a nuestro juicio inicial [se refiere al dichoso "reflejo" en el objetivo] termina de anular cualquier valor del caso, señala que ciertas declaraciones fueron inexactas... y demuestra la incompetencia de quienes han querido asociar este documento gráfico [el de Climent] con el suceso protagonizado por el comandante De Tejada.»

 

Sin comentarios...

 

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