1980

Argentina: el ovni absorbió el agua del río

Hacia el mes de enero de 1980 -la fecha no ha podido ser fijada con exactitud-, tres jóvenes argentinos vivieron una singular experiencia. Daniel Crescini, de 16 años, Federico Higa, de 18, y Gustavo Moreno, de 17, decidieron salir de excursión hacia el río Salí, en la provincia de Tucumán. Allí les esperaba «algo» desconcertante...

Marcelo Eduardo Pichel, investigador argentino, se entrevistó con los jóvenes salteños.

«El primer día -relató Crescini con gran nerviosismo­ lo pasamos bastante aburridos. No había peces hasta que llegaba la noche...

»Al día siguiente nos levantamos temprano y uno de los muchachos dijo que había tenido una pesadilla terrible y que, incluso, había creído que el suelo temblaba. No le hicimos caso y nos fuimos nuevamente a pescar. Pero tampoco tuvimos suerte. Nos pusimos entonces a jugar a las cartas y, casi al anochecer, sentimos que, en efecto, el suelo temblaba.

»Parecía un terremoto. Un ruido fortísimo parecía proceder del interior de la tierra. Empezamos a mirar hacia todas partes hasta que vimos un remolino de agua en el río. Estaba como a cincuenta metros de distancia. Aquello se levantaba desde la superficie del agua y ascendía, absorbido por un objeto plano y metálico que se mantenía estático a unos tres metros del río.»

«Tuvieron que patearme»

Federico Higa prosiguió la narración:

-Parecía inmóvil. No tenía luces ni ventanillas y no parecía girar sobre sí mismo. Por lo que yo sabía, esta clase de objetos siempre giran. Entonces le dijimos a Daniel que fuera a buscar la cámara fotográfica, para tratar de hacerle una foto.

Mientras tanto, Crescini, casi paralizado por lo que estaba viendo, fue hasta la tienda de campaña y recogió la máquina fotográfica -una Kodak 136- que estaba cargada con un rollo en color. Otro pequeño temblor le hizo perder el equilibrio mientras corría.

-Todos estábamos muy nerviosos -continuó Crescini­ y a uno de los muchachos le había empezado a sangrar la nariz. Yo no podía ni disparar. La visión del objeto me paralizaba... Mis amigos tuvieron que empujarme, y hasta me patearon para que terminara de hacer la foto. Y lo hice cuando el aparato empezaba ya a elevarse lentamente.

Mareados

En ese momento, los tres testigos sufrieron un leve mareo y se sintieron aturdidos. La verdad es que no logran recordar con precisión aquel instante.

-Parecía como si aquella «cosa» se hubiera dado cuenta de que la observábamos -agregó Higa-. En total, todo el avistamiento no duró más de cinco minutos. Después, el plato volador (o lo que fuera) fue impulsado súbitamente hacia arriba y se perdió en el cielo.

Los alrededores del río estaban desiertos. Los tres jóvenes sólo escucharon ese día unos disparos de escopeta (quizá de algunos cazadores que andaban por las proximidades), pero no hubo más testigos. En realidad, sólo ellos vivieron la impresionante experiencia.

-Nadie más vio el ovni -prosiguió Crescini-. Al desaparecer el objeto levantamos el campamento y, muy atemorizados, nos fuimos a Tucumán.

Muy nerviosos

Pararon a un automóvil y el chófer aceptó llevarles. Pese a su amabilidad, el conductor no consiguió entablar un diálogo con los muchachos. El hombre pareció adivinar que algo extraño les había sucedido...

Ya en Tucumán lograron calmarse y, al día siguiente, llevaron el rollo a revelar.

-El dueño del laboratorio -afirmaron- nos ofreció diez millones de pesos si se lo dejábamos, pero le dijimos que no, que lo queríamos de recuerdo.

Desde un principio los tres jóvenes sintieron miedo a que no les creyesen. Pero, cuando el dueño del laboratorio fotográfico les ofreció el dinero, las cosas cambiaron:

-Si él no se había burlado de nosotros -dijo Moreno--, ¿por qué iban a reírse los demás? Cuando, al fin, tuvimos la foto en nuestras manos ya no tuvimos la menor duda: aquella «cosa» que nos paralizó a la orilla del río no había sido una alucinación.

Al día siguiente, los muchachos sufrieron algunas crisis de nervios. Todas pasajeras. Moreno, concretamente, que casi no habló ante el investigador, afirma que volvió a tener pesadillas. Durante dos noches se despertó sobresaltado y con una gran angustia.

Por los datos suministrados por los testigos, y ante la evidencia fotográfica, no cabe duda de que el ovni existió. Según cálculos estimados -y con referencia a los árboles que aparecen al otro lado del río- el objeto debía tener unos 25 o 30 metros de diámetro, por otros tres o cuatro de alto en su parte más gruesa.

El documento gráfico, por supuesto, ha sido considerado como auténtico.

 

© www.jjbenitez.com