Imágenes: © Iván Benítez

 

Nasca: sólo para tus ojos

Alguien falsea la verdad

 

<  El «colibrí», situado a 452 metros sobre el nivel del mar. Casi 110 metros de longitud.

   Ésa no fue la única decepción con la representante de la Universidad de Canadá. Un año antes -en mayo de 2001-, mientras estudiaba ese otro formidable misterio -Ias líneas y figuras de la pampa de Nasca, al sur del Perú-, el piloto que me guiaba habló también de Persis B. Clarkson. En síntesis, éstas fueron las palabras de Eduardo Herrán, con seguridad, el hombre que mejor conoce las figuras de Nasca, al menos desde el aire: «...Fue hacia 1994. Yo, personalmente, la trasladé de un lado a otro de la pampa. Persis tomó muestras de los geoglifos y se los llevó a la universidad. Después me confirmó que la antigüedad de algunas de estas figuras -el «ET», el «cóndor-chavín» y las llamas Tarucas- es mucho mayor de lo que se dice...»

   Eduardo Herrán no dudó. Según Clarkson, las piedras que sirvieron para confeccionar las mencionadas figuras fueron removidas hace ocho mil años.

 

Materia orgánica «encarcelada» La técnica utilizada para esta clase de datación -conocida como «espectrómetro de aceleración de masas» (AMS)- consiste, en palabras sencillas, en «atrapar» la materia orgánica que pudiera haber quedado «encarcelada» bajo la capa natural de oxidación. Cualquier microorganismo, restos de líquenes, pólenes, etc., son sometidos entonces al C14, estableciendo la antigüedad (sistema de datación absoluta). Para la citada operación son suficientes unos miligramos de materia orgánica.

 

Pues bien, al estudiar las piedras de la pampa nasqueña -entre catorce y dieciséis, según Herrán-, los resultados fueron determinantes: alrededor de ocho mil años...

 

Al regresar a España me dirigí a la referida Universidad de Winnipeg, preguntando directamente a Persis. Su respuesta fue la siguiente:

 

Hemos fechado los geoglifos de Nazca entre quinientos años antes de Cristo y mil después de Cristo, más o menos. Avíseme si necesita más información...

 

El correo electrónico tiene fecha de 17 de mayo (2001). Alguien, evidentemente, estaba falseando la verdad...

Otro irritante enigma Pero regresemos a lo fundamental. Me hallaba, en efecto, ante uno de los fascinantes misterios del Perú: las célebres «pistas», líneas y figuras de la pampa de Nasca, a cuatrocientos kilómetros de Lima. Un tablero maldito que he visitado en numerosas oportunidades y para el que, sinceramente, no encuentro una explicación satisfactoria.

   Fue en 1974 y 1975 cuando sobrevolé la zona y caminé perplejo entre calcinados guijarros de la pampa. Y fue entonces cuando intuí que estas gigantescas imágenes podían guardar algún tipo de relación con los ya familiares «hombres alados». Estas figuras han sido trazadas para ser vistas desde el aire. Eso es evidente, al menos para los que conservamos un mínimo de sentido común. Y me pregunto: ¿por qué? ¿Estamos, quizá, ante el homenaje o el reclamo de los antiguos peruanos a seres que tenían la capacidad de volar?

Nasca: «lugar de nacimiento»

• Nasca tiene un nombre indígena, hoy casi olvidado: «Jumana». En idioma cauqui significa «lugar de nacimiento o de procreación». Los cientos de figuras y líneas aparecen dibujados en más de trescientos kilómetros cuadrados, estratégicamente concentrados en las cuencas y pampas de Jumana, Santa Cruz, Río Grande, Palpa, Ingenio y Nasca. Los grupos de líneas más destacados se encuentran al norte del río Ingenio. En total, hasta hoy, han sido contabilizados más de mil trescientos kilómetros de líneas. (Cada día se descubren nuevas líneas).

• Los dibujos o figuras más notables (alrededor de treinta) están concentrados entre los kilómetros 419 y 439 de la carretera Panamericana. Dimensiones de las imágenes más famosas: araña (46 metros), fragata o cóndor (135 m), colibrí (110 m), mono (90 m), perro (50 m), astronauta (30 m), ballena (62 m), garza o flamenco rosa, con cuello de serpiente (280 m).

• Han sido localizadas trescientas imágenes geométricas, conocidas como plazoletas, triángulos y trapezoides. Alcanzan 400 metros de longitud por 39 de anchura.

• Las técnicas modernas han permitido establecer en un dos por mil el índice de error en el trazado de dichas líneas. En otras palabras: la desviación de esas kilométricas líneas es inferior a dos metros por kilómetro. Cuando alguien camina por la pampa no termina de distinguir las figuras. Sólo desde el aire, o desde una torre de observación, se aprecian en toda su magnitud.

• La pampa constituye una gigantesca planicie, cubierta por guijarros de reducidas dimensiones y, en general, de color rojizo.

• Las líneas y figuras han sido trazadas siguiendo dos métodos: apartando los guijarros o acumulando piedras de forma que dibujen una imagen. Al rayar la rojiza superficie del desierto -rico en hierro-, aparece de inmediato una blanca capa de sílice. Y el contraste de colores da vida a los formidables geoglifos.

Desierto peruano de Nasca: rojo en la superficie y blanco bajo el hierro.

• La datación o antigüedad se ha basado principalmente en lo que los arqueólogos llaman «datación indirecta». Es decir, fijar la antigüedad por los restos de cerámica, madera, huesos, etc., que han sido hallados en la zona. Una técnica arriesgada. Según este procedimiento, las figuras de Nasca fueron trazadas hace mil o mil doscientos años (según quién las estudie) y durante un período de mil quinientos años.

• La técnica denominada AMS ha sido empleada con las piedras que, una vez reunidas o amontonadas, forman o dibujan imágenes. Según los expertos, al remover dichas rocas, la cara que queda expuesta al sol empieza a sufrir, en esos momentos, la lógica oxidación natural. Y la pátina termina «encarcelando» a la materia orgánica. Una materia que puede ser datada por el sistema del carbono catorce (C14). Por el procedimiento de AMS se calculó que algunas de las figuras de Nasca podrían tener ocho mil años de antigüedad. Dato negado por Persis B. Clarkson .

• Según la arqueología oficial, las líneas y figuras han sido obra de tres notables y sucesivas culturas: chavín, paracas y nasca. No fueron los incas, por tanto, los autores de dichos gigantescos y misteriosos dibujos.

• Para la mayor parte de los arqueólogos, la principal concentración de figuras de la pampa de Nasca fue elaborada entre los años 100 y 600 después de Cristo (cultura nasca). Otros aseguran que hay imágenes muy anteriores, pertenecientes a la cultura paracas (mil años antes de Cristo).

Los célebres «pistas» se cuentan por centenares. Sólo desde el aire se aprecia su magnitud.

 

La mayor parte de los geoglifos se ha logrado con la técnica del barrido superficial de gijarros.

La célebre «araña»: 46 metros.

 

El «mono»: 90 metros.

Figura del «cóndor-chavín». Longitud: 15,75 metros.

 

El «perro» o «zorro»: 50 metros.

Figuras y pistas se superponen, fruto, probablemente, de diferentes épocas. «Orca»: 26 metros.

 

«Elfo» con nueve dedos: 50 metros.

El «hombre lechuza», también llamado «el astronauta»: 32 metros. Obviamente, sólo fue diseñado para alguien que podía volar.

 

Desierto de Palpa. Enigmáticas figuras geométricas. Los arqueólogos no coinciden en su significado. ¿Calendario lunar? ¿Reloj de sol?

Figuras de Nasca en una de las piedras grabadas de Ica.

Grandes trapezoides rematan líneas kilométricas. Líneas y «pistas» de una perfección matemática.

¿Quiénes eran los misteriosos «viracochas»?

 

Siglo XVI: primeras noticias A diferencia de lo que sucede con el «candelabro» de Paracas, las líneas de la pampa nasqueña sí disponen de un respaldo histórico.

Pedro Cieza de León es el primero que las menciona. Fue a finales de 1537 cuando el conquistador español acompañaba a Pizarro por el Perú. Cieza fue testigo de excepción de las referidas «señales» y así las describe: «...Signos en algunas partes del desierto que circunda Nazca.» Y añade en sus crónicas que dichos «signos» eran tomados como caminos que debían seguir las comunidades indias.

La ciencia no pregunta a los indígenas...

En esa misma época, otro español -el soldado Francisco Hernández- acampa durante una semana en Nasca y escribe en su diario: «...Los indios trazaban grandes líneas en el suelo.»

 

Poco después, en 1586, el corregidor Luis de Monzón se dirige al virrey Toledo y le relata lo siguiente: «...Antes de que los españoles dominaran a los incas, en tiempos antiquísimos, un pequeño grupo de otro tipo de gente a la que llamaban los viracochas llegó a esta tierra... y obedeciéndoles, los indios los siguieron e hicieron caminos que hasta ahora se pueden ver, largos como una calle, a cuyos lados construyeron muros bajos...»

 

De nuevo los «dioses» ¿Los viracochas? ¿Quiénes eran?

 

Cuando consulté a los indios de la pampa, todos coincidieron. Señalaron al cielo y exclamaron: «¡Dioses!... iDioses que volaban!»

 

Y añadieron: «Dioses que llegaron de Tiahuanaco y trajeron el arte y la agricultura. Dioses que enseñaron cómo dibujar las líneas y figuras...»

 

¿Dioses como los representados en las piedras de Ica? ¿Dioses alados? ¿Estaban hablando de lo mismo?

 

Extraños pozos Nasca, efectivamente, es un continuo sobresalto. Los misterios se empujan unos a otros...

 

Y en cada visita a la pampa, nuevas sorpresas. La última -referida casi en voz baja- me fue proporcionada también por Herrán, el piloto más veterano de Nasca: «la NASA estuvo aquí...»

 

Según Eduardo Herrán, responsable del traslado de los científicos que formaban el equipo de la NASA, el grupo de norteamericanos llevó a cabo una serie de pozos en la zona denominada «los trapecios», al noroeste de la ciudad de Nasca.

 

«...Ocurrió -dice- a cosa de diez o doce kilómetros, y los hicieron en una noche. Introdujeron la maquinaria en el desierto y practicaron las perforaciones, desapareciendo con el amanecer. Nunca dijeron qué habían encontrado...»

 

De ser cierta la noticia, ¿por qué la NASA se interesó por la pampa nasqueña? ¿Qué era lo que buscaban? ¿Por qué perforaron el desierto? ¿Por qué de noche? ¿Por qué sembraron la pampa de pequeños mojones de hormigón, llamados «puntos de control», con inscripciones en inglés?


Ciertamente, como es sabido, este sistema suele ser utilizado para la elaboración de planos y fotografías aéreos. Pero, tratándose del Perú, ¿por qué las leyendas de los citados «puntos de control» aparecen sólo en inglés?

 

Años más tarde, uno de los científicos que participó en el asunto -el astrónomo Anthony F. Aveni, de la Universidad de Nueva York- dio una «larga cambiada», asegurando que aquel proyecto (1981-1984) fue un simple trabajo de investigación. Con él se encontraban los antropólogos Tom Zuidema y Gary Urton, de las universidades de Illinois y Colgate, respectivamente, la arqueóloga Silverman, también de Illinois y -cómo no- la antropóloga Persis Clarkson, de Winnipeg, en Canadá.

 

Sin comentarios...

 

El valle del infierno

• Las líneas y figuras de Nasca se reparten por el llamado valle del Ingenio, todo un infierno de piedra y arena. Probablemente, una de las regiones más secas del mundo.

• En esta zona no llueve nunca, o casi nunca. La corriente de Humboldt, en las costas del Pacífico, tres grados por debajo de la temperatura del aire, es la responsable de la extrema aridez.

• El índice de precipitaciones es angustioso: apenas un centímetro cúbico al año. Y esas pocas gotas de agua se reparten en unos treinta minutos, cada dos años.

• Esta circunstancia ha permitido, en definitiva, que las líneas, «pistas» y figuras nasqueñas se conserven casi intactas a lo largo de los siglos.

• A la ausencia de lluvias hay que añadir también otro interesante y peculiar factor que ha preservado -casi milagrosamente- la integridad de este tesoro. Los guijarros de la pampa, sometidos durante el día a fuertes temperaturas, acumulan el calor, creando una especie de «colchón» que aísla la superficie del terreno y sobre el que se deslizan vientos y arenas.

Al caminar junto a las figuras, en la pampa de Jumana, no es posible distinguir su increíble magnitud. Sólo desde el aire se advierte todo su esplendor.

Más de veinte «soluciones» al enigma de Nasca

• El formidable misterio de Nasca ha cumplido setenta y cinco años. El primer científico que formuló una hipótesis sobre las líneas fue el peruano Toribio Mejía Xesspe, de la Universidad Nacional de San Marcos. Era el año 1927. Para Mejía, el «tablero maldito» respondía a un antiquísimo y desconocido culto. Las figuras habían sido «descubiertas» pocos años antes por los pilotos peruanos. Acto seguido, toda una legión de expertos visitó la pampa nasqueña, dando sus opiniones. Uno de ellos fue el geógrafo Paul Kosok, de la Universidad de Long Island (Nueva York), quien sobrevoló el sur del Perú en 1939 con el fin de estudiar los antiguos sistemas de regadío. Al descubrir cómo el sol se ponía al final de una de las líneas rectas de Nasca, Kosok afirmó: «Comprendimos, con gran satisfacción, que habíamos dado con la clave del misterio.» Kosok, en efecto, pensó que estaba ante el mayor libro de astronomía del mundo.

 

• Para la matemática alemana María Reiche, que se entusiasmó con las líneas a través de los estudios de Kosok, estas imágenes sólo son un calendario. Un formidable calendario en el que las figuras reproducen constelaciones y las líneas y pistas marcan solsticios y equinoccios.

 

• En 1965, el astrónomo Gerald Hawkins visitó la región y sometió las teorías de Reiche a las computadoras. Resultado: el supuesto gran calendario era un fraude.

 

• Para otros estudiosos -como señala el antropólogo Alfred Métraux en los años veinte-, los dibujos de Nasca guardarían relación con los caminos radiales existentes en el altiplano boliviano y que eran utilizados por los cipayas para llegar hasta lugares sagrados donde depositaban ofrendas a los dioses. Ofrendas destinadas a propiciar buenas cosechas.

• Para el explorador inglés Tony Morrison, las figuras, líneas y pistas serían caminos. Senderos sagrados que unirían templos. Según Morrison, los indios precolombinos disponían de instrumentos topográficos y geométricos para diseñar y ejecutar dichos caminos. El problema es: ¿dónde están las ruinas de esos supuestos templos?

• ¿Rutas comerciales? ¿Un calculador de mareas? ¿Una especie de calendario-clave para saber cuándo sembrar o cosechar? ¿Quizá estamos ante un secreto ritual destinado a provocar la lluvia?

• Fue el astrónomo peruano Luis Mazotti, del Instituto Geográfico Militar, quien contempló otra hipótesis: ¿estaríamos ante un formidable y gigantesco mapa cósmico? ¿Una especie de carta de los cielos en el que cada figura representa una constelación?

Nasca: uno de los lugares más secos del mundo. Sólo llueve ¡un centímetro cúbico al año!


• Para Rubén
Amílcar Spaggiari, presidente del GIE (Grupo Argentino de Investigación Espacial), Nasca es una sensacional representación de los continentes de nuestro mundo. «Cada figura -aseguraba- no es otra cosa que una clave para los habitantes del espacio que llegan al planeta...
»

• El escritor suizo Erich von Daniken describe Nasca como un espectacular «espacio-puerto», construido por seres extraterrestres. Todo un despropósito...

• La teoría de Jim Woodman y Julian Nott tampoco es compartida por la mayoría de los expertos: los dibujos de Nasca -dicen- fueron logrados merced a los vuelos de los indios... ien globos! La hipótesis, al parecer, está basada en el relato del jesuita portugués Bartolomé de Guzmán, que visitó las selvas amazónicas a finales del siglo XVII. En su informe decía haber visto a los indios «volando en globos que se levantaban con humo». El rey Juan V le llamó a Lisboa y ordenó que construyera uno de estos globos. En 1975, los citados Woodman y Nott se alzaron sobre la Pampa Colorada, en Perú, gracias a un globo de aire caliente del que colgaba una barquilla de totora. Pero muy pocos consideraron esta forzada «solución»...

• El alemán Breuig va más allá en las especulaciones y afirma que el tablero de Nasca fue un «estadio olímpico»: una especie de campo de entrenamiento para corredores del que saldrían los célebres «chasquis», los correos peruanos. La explicación, como las precedentes, no parece seria...

 

• Los científicos Dobkin y Cárdenas, por su parte, están convencidos de que las figuras nasqueñas son el fruto de las alucinaciones sufridas por los indios al ingerir hierbas mágicas. Otra versión muy poco probable...

 

 

Respiraderos, en forma de espiral, de los acueductos de Cantalloc, cercanos a Nasca. Otra asombrosa obra de ingeniería prehispánica.

 

• El egipcio Henri Stierlin, en un grueso libro, llega a proponer que las líneas y figuras fueron en realidad una especie de soporte sobre el que se extendieron los kilométricos hilos que, posteriormente, sirvieron para confeccionar los mantos de Paracas. En otras palabras: Nasca fue un gigantesco telar.

 

• Y al igual que ocurrió con la «solución» de Stierlin, también la explicación de William Isbell fue desestimada. En 1980, Isbell escribió que los geoglifos fueron un simple «entretenimiento». Un sistema para ocupar a miles de personas, evitando así la procreación y, en consecuencia, un crecimiento demográfico incontrolado. La hipótesis no se sostiene porque, entre otras razones, las figuras y pistas fueron trazadas a lo largo de mil quinientos años, como mínimo.

 

• La última hipótesis sobre Nasca se refiere al agua. Para el hidrólogo Stephen Mabee y el arqueólogo Donald Proulx, ambos de la Universidad de Massachusetts (EE. UU.), estos cientos de imágenes serían simples marcadores de aguas subterráneas. El problema -gravísimo, diría yo- que invalida la información de los norteamericanos es que, de los varios cientos de figuras conocidas, sólo cinco coinciden con napas o mantos de agua subterránea. Sólo cinco...

 

 

La ciencia no tiene en consideración la tradición de los «viracochas». El pueblo, en cambio, sí. ¿Quién tiene razón?

 

 

«Nosotros, los hijos de los viracochas...»

 

La opinión de los indígenas Obviamente, ninguno de estos científicos se interesó demasiado por la versión india. Siempre sucede. La ciencia, como los críticos de libros, está divorciada del pueblo.

Yo sí lo hice. Pregunté y conversé con los ancianos habitantes de la pampa nasqueña. Y, como decía, todos coincidieron: «Fueron dibujadas por los viracochas...»

Y la tradición peruana -ignorada por los científicos- asegura:

«Hace mucho tiempo, sobre esta pampa, descendieron unos seres que podían volar... Eran los viracochas, los dioses llegados del este... Unos hombres buenos que trajeron la paz, la concordia y el progreso... Y fueron esos dioses quienes dibujaron las primeras líneas y figuras... Después, nosotros, los hijos de los viracochas, seguimos su ejemplo y aprendimos a dibujar en la arena... Ellos lo verán algún día y regresarán...

Sí, regresarán...

La «otra Nasca», junto al río Palpa. Más de trescientas figuras sólo visibles desde el aire y que muy pocos conocen.

 

 

La «otra» Nasca Pero «Planeta encantado» quiere ofrecerle algo más. Algo apenas difundido y que, en mi opinión, podría guardar estrecha relación con las mundialmente conocidas figuras y pistas de Nasca. Lo que califico como la «otra» Nasca o la Nasca «olvidada»: cientos de imágenes, probablemente más antiguas que las nasqueñas, trazadas también en los ardientes desiertos peruanos y a escasa distancia del valle del Ingenio. Unos dibujos que le ofrezco en rigurosa primicia.

La nueva sorpresa se encuentra al norte de la citada ciudad de Nasca, a poco más de veinticinco kilómetros y entre los resecos arenales de Palpa, Ica y Ocucaje.

Como digo, decenas de geoglifos prácticamente ignorados. Según mis cálculos, alrededor de trescientas figuras, similares a las de la pampa nasqueña. ¿O son éstas una copia de las dibujadas en Palpa?

Hagamos un rápido repaso de las más atractivas:

La avenida de las picaduras de viruela Las imágenes, una vez más, hablan por sí solas. Casi sobra todo comentario.

La llamada «avenida de las picaduras de viruela» o «huella de la serpiente» es otro de los enigmas de estas tierras: alrededor de cinco mil orificios circulares (algunos hablan de más de diez mil), con proyección cónica y una profundidad media de entre noventa y cien centímetros. Miles de hoyos idénticos, muy bien alineados y que trepan por cerros y colinas, a lo largo de kilómetros. La mayor concentración se encuentra sobre la margen izquierda del camino Castrovirreina y a poco más de un kilómetro del distrito de Humay. Pueden contemplarse desde el aire en una meseta que discurre entre colinas bajas. Fueron descubiertos en 1931 por la expedición Shippe-Jokhson, de la National Geography.

¿Por qué los excavaron? ¿Por qué en mitad de estos cerros calcinados? Nadie lo sabe con certeza.

 

La «tarjeta perforada» Otro misterio: la llamada «tarjeta perforada». Una increíble sucesión de puntos en forma de aspa, excavados a lo largo de quince columnas o líneas paralelas. Una imagen que tampoco resulta fácil de interpretar y que, evidentemente, fue trazada para ser vista desde el aire.

 

¿Estamos ante un sistema de navegación aérea? Pero, ¿quién podía volar hace quinientos o mil años?

 

El gigante de cabeza cuadrada Y a escasos kilómetros, figuras de «gigantes». Seres enigmáticos, sólo visibles desde un avión, coronados por plumas (?) o antenas (?). Figuras antiquísimas -probablemente de mayor antigüedad que las de Nasca- que levantan los brazos y muestran objetos desconocidos. Y entre estas figuras desconcertantes, el «rey» de Palpa: el gigante de cabeza cuadrada. Nadie se atreve a pronunciarse sobre tan extraña imagen. ¿Podría representar a los famosos y desconocidos viracochas, los dioses capaces de volar?

Curiosamente, a casi mil trescientos kilómetros hacia el sur, en el ardiente desierto chileno de Atacama, existe otra figura de gran parecido: un gigante sólo visible desde el aire, también de ojos cuadrados y «antenas» o «rayos» alrededor de la cabeza. ¿Fueron obra del mismo autor?

Y en las siguientes laderas, nuevos «gigantes» que parecen saludar a quienes se acercan por el cielo. Y en Pozo Santo y en el cerro de Cabeza Larga, más señales geométricas incomprensibles, individuos con grandes cascos (?), felinos, aves desconocidas y decenas de nuevos «gigantes»...Todo un intrigante misterio que la ciencia no sabe despejar.

La estrella de San Javier Y en el calcinado arenal de Ica, otra imagen fascinante: la que llaman la «estrella de San Javier» o la «cruz de Palpa», descubierta por los pilotos de Aerocondor en 1984 y sobre la Hacienda de San Javier. Otro desafío a la razón.

 

   El cuadrado principal mide 64 metros de lado. Las figuras interiores alcanzan los ocho metros. Se trata, sin duda, del más intrigante de los jeroglíficos peruanos. ¿Qué representa la gran cruz central? ¿Por qué aparece orientada hacia el norte magnético, con un error de 0,2 grados? ¿Cómo debemos interpretar los doscientos orificios y las decenas de líneas que unen los círculos? ¿Estamos ante un mensaje matemático? Nadie lo sabe con certeza...

 

Cientos de «pistas» Y al igual que sucede en la pampa de Nasca, cientos de líneas y «pistas», algunas de catorce kilómetros de longitud. «Pistas» de trazado impecable entre las que surgen elaboradas figuras de aves y flores. Imágenes que -como puede verificar el lector- , lamentablemente, están siendo destruidas por la mano del hombre.

 

¿Un avión hace dos mil años? Concluyo este repaso a la «otra» Nasca con una figura que me dejó igualmente perplejo: el colibrí con un «avión» (?) sobre el cuerpo. Las fotografías, efectivamente, hablan por sí solas...

Estamos ante la representación de un colibrí. Una figura de cincuenta metros de longitud con «algo» muy especial sobre el lomo: un «avión» de alas rectas, morro puntiagudo y timón de cola.

Y regreso a la gran pregunta: ¿quién volaba en la antigüedad?

La «huella de la serpiente»: miles de orificios que trepan por los cerros. Nadie sabe por qué o para qué.

 

Seres gigantescos con las cabezas emplumadas.

 

Algunos lo llaman el «degollador». Otros, el «ET». Se encuentra a 470 metros sobre el nivel del mar.

 

Palpa, muy pocos sobrevuelan la «otra Nasca».

 

Misteriosos felinos...

 

«Pista», posible colibrí y flor mezclados. Fruto, posiblemente, de diferentes épocas y estilos.

 

¿Un pez estilizado? Los surcos más profundos alcanzas treinta centímetros.

 

Sólo desde el aire se puede apreciar la extraordinaria dimensión de las figuras.

 

Espirales y figuras geométricas desconocidas en el desierto de Palpa.

 

 

¿Un avión sobre el cuerpo del colibrí?

 

Palpa. Para los arqueólogos, el «Sol» y la «Luna».

 

«Cruz de Palpa» o de «San Javier». Nadie ha logrado descifrar el misterio.

 

¿Flor? ¿Instrumento quirúrgico? ¿Objeto ritual? Nadie lo sabe.

 

Y junto a las figuras de Palpa, cientos de líneas y «pistas» idénticas a las de Nasca.

 

Según los pilotos, un avión podría tomar tierra en estas increíbles «pistas».

 

Lamentablemente, las obras humanas estan destrozando algunas de las «pistas» y figuras (Palpa).

 

La carretera Panamericana Sur ha mutilado «pistas» y figuras (Nasca).

 

 Punto final

Atrapado en mitad de la nada

Siete horas para recorrer 150 kilómetros y todavía no hemos llegado a nuestro destino de adobe y paja. Creo que faltan 12 kilómetros. El sol cae sin piedad sobre los 4.000 metros de altura de la cordillera peruana. El «mal de altura» nos acompaña desde el amanecer: no hay manera de suavizar la sensación de ahogo. El mareo es continuo. Y encima, Carlitos, nuestro guía, se rinde ante la adversidad y derrapa sobre el barrizal. El todoterreno queda atrapado en mitad de la nada. iLo que faltaba!

Nos quedan dos horas de luz para llegar al siguiente pueblo. De lo contrario, habría que pasar la noche dentro del coche. El Destino, una vez más, fue benevolente con este aventurero. Inesperadamente, después de treinta minutos de acelerones, Carlitos saca el vehículo... Volvemos a respirar.

 

Seguimos nuestro camino hacia un merecido descanso, sin comodidades, pero descanso al fin y al cabo.

 

 

Anexo I

 

Informe realizado por el Departamento de Química Física de la Universidad de Cádiz.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuadernos de campo

Publicados por primera vez

A lo largo de treinta años de investigación por todo el mundo, J.J. Benítez ha reunido un centenar de cuadernos de campo. Unos textos íntimos -él prefiere llamarlos «cuadernos casi secretos»-, en los que refleja el día a día de viajes, investigaciones, éxitos y fracasos.

Jamás se habían publicado. Con «Planeta encantado» salen al fin a la luz. Una vez más, las imágenes hablan por sí solas...

 

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