Sevilla (España), noviembre o diciembre de 1977

A finales del mes de noviembre o principios de diciembre (fecha no determinada) del año 1977, cuatro estudiantes universitarios, cuyas identidades no han sido reveladas, vivieron la siguiente experiencia: hacia las doce de la noche se reunieron en un paraje que recibe el nombre de «El Gandul», a diez kilómetros, aproximadamente, de la ciudad de Sevilla. Como tenían por costumbre (así venían haciéndolo desde el verano anterior), los jóvenes echaron mano del «tablero» o güija (1) e intentaron establecer comunicación con algún tipo de entidad no humana. Según Juan Trigo, el investigador que interrogó a los universitarios por primera vez, fue esa noche cuando, al parecer, el contacto tuvo «éxito» (?). De pronto, en una de las concentraciones, observaron cómo un objeto luminoso se acercaba hasta el grupo y se detenía a unos veinte metros por encima de sus cabezas. El objeto tenía forma de plato invertido, con un dibujo o emblema en la parte inferior: una especie de «X» (ninguno de los testigos tenía relación con el asunto «Ummo»). El ovni dirigió hacia ellos un potente haz luminoso, al tiempo que se incrementaba la temperatura ambiente. Los cuatro estudiantes, aterrorizados, regresaron al automóvil y trataron de huir de la zona. Fruto del nerviosismo, el coche se les caló, y los asustados testigos optaron por permanecer en el interior del vehículo, contemplando la nave durante algunos minutos. Al observar que no se movía, los muchachos salieron del coche y comenzaron a interpelar al ovni con grandes voces. El resultado fue negativo: el objeto siguió inmóvil sobre el lugar. Cansados de gritar, recurrieron de nuevo a la güija y preguntaron por la identidad y las intenciones de los posibles tripulantes de aquella nave. Entre otras, al parecer, recibieron las siguientes respuestas: «... No tengáis miedo... No os haremos daño... Nuestro origen no es terrestre... Operamos en una base cercana... La nave que hemos situado sobre vosotros no está tripulada, sino teledirigida... Nuestra estatura es de treinta centímetros... Tenemos una forma física que no os agradaría contemplar y que, tal vez, os repugnaría... Nuestro tiempo es distinto del vuestro... Si lo deseáis, podéis subir a nuestro aparato y realizar un viaje con él... Os damos toda clase de garantías físicas y morales de que no sufriréis daño alguno...»

    (1) La güija consiste en un juego, o supuesto juego, en el que los participantes pretenden conectar con espíritus o seres no humanos mediante el movimiento de un vaso sobre un tablero en el que aparece el abecedario.

   

> Los estudiantes sevillanos de medicina, biología, filosofía y filología vieron un objeto de unos nueve metros de diámetro con una especie de "X" en la base. En el lugar existen dólmenes prehistóricos y diferentes instalaciones militares.

Sevilla (España), febrero de 1978

El presente caso fue investigado, en su momento, por Joaquín Mateo Nogales y Manuel Filpo, de Gerena (Sevilla).

Ocurrió hacia febrero de 1978. Uno de los testigos -Fernando Peralías Vallejo- era pariente de mi buen amigo Joaquín Mateo. Peralías falleció el 13 de enero de 1997 a los setenta y cuatro años de edad. Tanto Joaquín Mateo como Manolo Filpo escucharon a Fernando en diferentes oportunidades. «Siempre lo contaba igual...»

Cuaderno de campo de J.J. Benítez, con anotaciones y dibujos sobre el caso de Sevilla (febrero de 1978.)

Sucedió hacia las diez de la mañana, cuando Peralías Vallejo trabajaba en Dragados y Construcciones, en la ciudad de Sevilla. Era la hora del desayuno. Peralías se hallaba en compañía de otros obreros. En esos instantes vieron en el cielo un disco iluminado que se precipitó hacia tierra a gran velocidad. De pronto, el objeto se quedó quieto, a cosa de sesenta u ochenta metros del suelo y a unos cien del lugar donde se encontraban los sorprendidos testigos. El disco permaneció inmóvil durante algunos segundos. Después ascendió a idén­tica velocidad. Según el testigo, el objeto lucía en la panza una especie de signo: dos uves unidas por el vértice, parecido al famoso «emblema» (?) de «Ummo».

> Fernando Peralías Vallejo, uno de los testigos del ovni con la "doble uve" en la panza.

     Este «emblema», que guarda una cierta semejanza con el del Gandul, me recuerda otros hechos registrados en la ciudad de Roma, aunque en años anteriores. El asunto fue investigado por el prestigioso diplomático Alberto Perego. He aquí una síntesis de lo ocurrido en aquel lejano 1954 sobre el Vaticano: «... Hasta agosto de 1954 -escribió Perego-, cuando oía historias de "platillos volantes", pensaba que eran naves de las grandes potencias y compartía la opinión de los astrónomos de que cualquier hipótesis sobre la posibilidad de vuelos interplanetarios era absurda. Durante agosto y setiembre de 1954, los periódicos italianos publicaron numerosas noticias sobre "visitas" masivas de ovnis a Francia, incluyendo relatos de muchos aterrizajes. El 17 de setiembre, un objeto en forma de puro apareció y permaneció estacionario durante unos minutos sobre Roma, y fue visto por miles de testigos. Ya en octubre, la "oleada" había pasado de Francia a Italia. En ese mes, la prensa italiana publicó no menos de doscientos avistamientos y unos diecinueve aterrizajes por todo el territorio italiano. Y el 11 de noviembre, la United Press dijo que se habían producido cuatrocientos informes sobre ovnis en Italia durante los últimos ochenta días. En Roma, miles de testigos discutían sobre lo que habían visto o acudían a los medios informativos con sus historias, pero los periódicos ya comenzaban a aburrirse y, finalmente, muchos testigos decidieron que era mejor quedarse callados. Pero el acontecimiento más asombroso estaba aún por suceder. A la una de la tarde del 30 de octubre, cuando iba conduciendo mi coche y pasaba por la iglesia de Santa Maria Maggiore de Roma, observé que había unas cien personas mirando hacia el cielo. Me detuve y miré, y vi dos pequeños puntos blancos moviéndose en dirección sur. Luego desaparecieron en direcciones contrarias, y luego éstos (u otros dos) volvieron a aparecer y comenzaron a moverse hacia el norte. Estos objetos me parecieron naves aéreas que volaban a unos dos mil metros de altura. El fenómeno me impresionó mucho, especialmente porque no hacían ruido alguno. ¿Era éste, acaso, un nuevo tipo de nave? En ese caso, ¿de dónde procedían y por qué volaban sobre Roma? Al día siguiente, los periódicos romanos publicaron la noticia (31 de octubre). Ahora voy a relatar los sucesos espectaculares que tuvieron lugar el 6 y el 7 de noviembre, y de los que la prensa no hizo mención alguna. El 6 de noviembre, a eso de las 10.45 de la mañana, yo estaba en el distrito Tuscolano, de Roma, cuando volví a ver los dos "puntos blancos". Muchas personas en torno a mí también los habían visto. Me subí a la azotea de una fábrica para tener una mejor vista del cielo, y permanecí allí, con muchas otras personas, hasta la una del mediodía, observando el espectáculo más sorprendente que había visto jamás. Cito mis notas: "Noviembre, 6 (1954). Hoy, entre las once de la mañana y la una del mediodía, sobre el cielo de Roma han sobrevolado docenas de vehículos aéreos a una altura de entre siete mil y ocho mil metros. Se movían a distintas velocidades, que a veces parecían alcanzar 1.200 o 1.400 kilómetros por hora. Los aparatos se veían como puntos blancos que, a veces, dejaban un rastro corto blanco. Primero calculé unos cincuenta, pero luego comprendí que eran, por lo menos, cien. A veces volaban por separado, en parejas o en grupos de tres, cuatro, siete o doce. Frecuentemente volaban en formaciones de cuatro, formando el contorno de un diamante, o en formaciones de siete, formando una 'V'. A veces viajaban en fila o formando curvas, o avanzaban formando un gran ángulo obtuso. A mediodía, una formación de veinte aparatos apareció por el este, volando hacia Ostia, y casi inmediatamente después vi otra formación similar que venía de la dirección opuesta, esto es, desde Ostia. Los dos escuadrones, formados como una 'V', volaron uno hacia otro hasta que los vértices de sus ángulos se unieron, formando una cruz de San Andrés perfecta de cuarenta naves (diez en cada brazo). Esto ocurrió entre siete y ocho mil metros sobre el distrito Trastevere-Monte Mario de Roma y, posteriormente, sobre la propia Ciudad del Vaticano. A continuación, la 'cruz' entera hizo un giro sobre su eje y se convirtió en una 'X'. La formación se mantuvo durante un minuto y luego se rompió formando dos curvas serpentinas que se alejaron en direcciones opuestas. Toda la operación duró unos tres minutos. Después vi una gran sombra azulada y comprendí que era otra concentración de objetos, en grupos de cuatro, siete y doce. Esta vez pude contarlos mejor: sumaban más de cien.

Decenas de ovnis formaron misteriosas figuras sobre la ciudad de Roma en 1954. Tres de ellas eran similares a la "H" o "X" de "Ummo."

     »Me sentía fascinado, pero también con cierta angustia, consciente de estar presenciando algo realmente grandioso. Estos escuadrones de naves poseían claramente una potencia nueva y revolucionaria, muy superior a nuestras naves y armas convencionales. Pero ¿a quién pertenecían? En ese m­mento vi que del cielo descendía un material filamentoso, extraño y luminoso, que ahora se conoce como 'cabello de ángel'. Pude coger un puñado del mismo. Se parecía, a los filamentos de los árboles de Navidad, pero más finos y mucho más largos. Era diferente de los filamentos usados en la última guerra por los bombarderos norteamericanos para obstruir el radar enemigo. No era material plateado, sino de una sustancia más bien 'cristalina' que se evaporó al cabo de unas horas.»

Sevilla, octubre de 1978

Un joven de esta ciudad, que responde a las iniciales F. C., regresaba a su domicilio después de haber dejado a su novia en el portal de la casa. Eran las 23.15 horas. El muchacho tomó el camino habitual, hacia La Barqueta, con el río Guadalquivir a su izquierda. Cuando había caminado unos diez o quince minutos, observó una luz, al parecer, en el interior del agua. Después vio un objeto de gran tamaño que salía del río. En la panza presentaba un «emblema»: algo similar a una «H». No sabe cómo llegó hasta su casa. Esa noche -según la familia-, F.C., muy alterado, empezó a hablar en sueños sobre «Ummo», algo que nadie comprendía.

Varsovia (Polonia), 22 de mayo de 1979

Hacia las diez de la noche, un ciudadano que prefiere permanecer en el anonimato y al que llamaremos W. R. se dirigía desde su domicilio hacia un parque próximo. Su intención era tomar un café en un bar situado en Piastow. La noche era limpia y fresca. W. R. caminaba rápido cuando, de pronto, a corta distancia, sobre el sendero, descubrió tres luces. Al instante se percató de que aquellas luces procedían, en realidad, de un objeto más grande, con forma de pastilla de hockey y de unos tres metros de diámetro. El singular objeto flotaba en silencio a pocos centímetros sobre el camino, emitiendo dos rayos de luz por la cara superior y un tercer haz luminoso de unos quince centímetros por la parte inferior.

La nave, según F.C., podía medir unos diez metros de diámetro.

 

Nave observada sobre el río Guadalquivir, en Sevilla, en 1978. Ovni dibujado por el testigo en el cuaderno de campo de J.J. Benítez.

Nunca se explicó por qué, pero W. R. continuó por el sendero, aproximándose al «disco de hockey». Al llegar a tres metros se detuvo. Entonces dio comienzo la extraña «secuencia». En el lateral aparecieron unas figuras geométricas de color verde, que emitían luz de forma intermitente: cuadrados, círculos, triángulos y trapecios. Después se presentaron otras luces rojas en la parte superior y se formó una «H» sobre la totalidad de dicha superficie. Acto seguido, el objeto emitió una luz blanco-azulada y el testigo experimentó una intensa sensación de calor, así como quemaduras en el rostro. Asustado, W. R. dio media vuelta y huyó del parque.

      A la mañana siguiente, cuando despertó, notó una fuerte presión en la cabeza. Días después tuvo que ser atendido de quemaduras en la cara y de pequeñas infecciones. Los médicos no supieron explicar el origen de las lesiones. W. R., según el investigador Krzysztof Piechota, sufrió tal conmoción con aquel suceso que se negó a volver a comentar lo ocurrido. Al mostrarle las fotografías del ovni de San José de Valderas, el testigo reconoció el «emblema» que aparece en la base de la nave como el mismo signo que vio en la cara superior del objeto que flotaba sobre el parque.

En la cara superior del disco apareció una "H", similar al "emblema" o signo del ovni de San José de Valderas, en Madrid.

Alicante (España), 26 de abril de 1980

A finales de marzo de 1980 tuve la oportunidad de asistir a un congreso nacional sobre el asunto «Ummo». Al acto, celebrado en el hotel Babieca, próximo a la ciudad de Alicante, acudieron estudiosos y seguidores del polémico tema. Se trataba de conmemorar el treinta aniversario de la llegada a la Tierra de los supuestos extraterrestres (1). A estas reuniones, como digo, llegaron decenas de curiosos y varios de los más destacados receptores de las célebres cartas «ummitas». Entre los primeros (simples interesados en el fenómeno «Ummo») se hallaba una mujer: María Antonia Segura. Meses antes, en su domicilio, en Barcelona, María Antonia había formulado una muy poco frecuente petición. Durante la noche, y en la soledad de su dormitorio, conocedora desde hacía tiempo de los informes «ummitas», pidió mentalmente que -si existían- se pusieran en contacto con ella. «No recuerdo bien si fue durante una concentración mental o mientras leía una de las cartas. La cuestión es que formulé la petición. Lo hice mentalmente. Y pedí que respondieran con el seudónimo MAS (iniciales de María Antonia Segura). De este asunto no dije nada a nadie.»

(1) Según reza en los informes mecanografiados, los «ummitas» procederian de un planeta llamado «Ummo», situado a unos catorce años luz de nuestro sistema solar. Su descenso a la Tierra, según dichas cartas, se produjo el 28 de marzo de 1950, en el Departamento de los Bajos Alpes, en Francia. Concretamente, a unos ocho kilómetros de la localidad de La Javie. A partir de ese día, los «ummitas» fueron estudiando a la raza humana, extendiéndose progresivamente por todos los continentes. En los citados informes, los «ummitas» describen sus peripecias a lo largo de esos años y cómo decidieron establecer comunicación con determinados ciudadanos (los receptores de las cartas).

            

María Antonia Segura ("MAS").

P. José María Pilón. Merced a su investigación, fue posible averiguar quién era María Antonia Más. (Foto: J.J. Benítez.)

Un mes después del congreso, con fecha 26 de abril, mi buen amigo Luis Jiménez Marhuenda recibía otra carta firmada por los «ummitas». En total, casi nueve folios. Al final, como despedida, los supuestos extraterrestres formulaban un saludo a varios ciudadanos españoles entre los que se encontraba una tal María Antonia Más...

Durante algún tiempo, los expertos en «Ummo» se rompieron la cabeza, tratando de averiguar quién era aquella mujer. Nadie la conocía. Era la primera vez que los «ummitas» la mencionaban. Y así hubieran continuado las cosas de no haber sido por la oportuna intervención de José María Pilón, jesuita, también mencionado en esa misma carta. «Me hallaba en el hospital Clínico, acompañando a María Antonia. Creo recordar que habían operado a un tío suyo. Le mencioné el asunto de Más y se quedó lívida. Escuchó una grabación de Rafael Farriols en la que daba lectura a la referida carta y, como digo, palideció. Entonces me contó su petición, meses atrás. Nunca hemos podido explicarlo. María Antonia lo hizo mentalmente...»

   

Principio y final de la carta "ummita" enviada a Luis Jiménez Marhuenda. Entre las personas citadas aparece María Antonia Más.

Así empieza la carta "ummita" recibida por Farriols. (Archivo de Rafael Farriols.)

Algo similar le sucedió a Rafael Farriols, uno de los ciudadanos españoles que ha reunido mayor documentación sobre el misterio de «Ummo». Así me lo ha contado en diferentes oportunidades: «En agosto de 1996 recibí una nueva carta "ummita". En ella, entre otras cosas, me comunicaban algo que, en un primer momento, no acerté a entender. Pedían que hablara en un tono superior a los diecisiete decibelios... Después caí en la cuenta. En una carta anterior, los "ummitas" me anunciaban que podía plantearles -de viva voz- cuantas preguntas considerase oportuno. Y así lo hice. Me encerré en mi estudio y susurré algunas cuestiones. Lo hice hacia las dos de la madrugada y mientras caminaba en círculos. Como puedes suponer, me hallaba solo. Yo pensaba las preguntas y, acto seguido, las susurraba...»

Pues bien, con fecha 26 de agosto (1996), Farriols recibió la mencionada misiva en la que le advertían que elevara el tono de voz por encima de los diecisiete decibelios. ¿Cómo era posible?

Rafael Farriols (izquierda) y J.J. Benítez durante el congreso homenaje a la memoria del desaparecido Andreas Faber Kaiser, en Barcelona.

     Fue en este congreso nacional sobre «Ummo», en Alicante, donde conocí otro caso que me llamó la atención. El testigo principal, cuya identidad no estoy autorizado a desvelar, me contó lo siguiente: ocurrió en Algeciras, hacía tiempo (no recordaba la fecha con precisión). Se hallaba en su domicilio y, de pronto, se produjo un corte en el suministro eléctrico. Al asomarse a la ventana comprobó que el apagón había sido g­neral, toda Algeciras estaba a oscuras. Al otro lado de la calle vio un objeto posado en tierra y, por delante del disco, una criatura de pequeña estatura que avanzaba hacia el domicilio del testigo. Un vehículo que acertó a cruzar por el lugar en esos instantes se quedó sin luces. El ser vestía un uniforme de color verde con un símbolo en el pecho. Algo parecido a una «H». La cabeza resplandecía. Era como si llevara un casco (una especie de pecera), pero no pudo asegurado. No tenía o no vio cabello. Los ojos eran grandes y alargados, del tamaño de sardinas. En un primer momento creyó que llevaba gafas oscuras. El «hombrecito», de un metro, aproximadamente, portaba botas altas de color blanco. Caminaba como si flotase, aunque tocaba el suelo; un movimiento similar a los astronautas en el espacio. El testigo observó también un cinturón ancho con dos luces rojas en la parte de atrás (a la altura de los riñones). Parecían pilotos. Por delante, en la zona de la hebilla, salía un haz de luz blanca. La observación se prolongó durante diez o quince minutos. Después, el ser regresó al objeto y la ciudad recobró la normalidad.

El ser lucía un símbolo -una especie de "H"- sobre el pecho. (Dibujo: J.J. Benítez, según las indicaciones del testigo.)

 

"El hombrecito cruzó la calle como si flotase. Toda Algeciras se quedó sin luz", declaró el testigo. (Foto: J.J. Benítez.)

Algeciras (España), 20 de diciembre de 1980

El presente caso fue descubierto por el veterano investigador Andrés Gómez Serrano. Yo me limité a interrogar a los policías por segunda vez. He aquí una síntesis de lo ocurrido aquel 20 de diciembre de 1980: «Nos hallábamos de servicio en el interior del vehículo, aparcado frente al colegio nacional Puerta del Mar. Serían las 23.50 horas. Estábamos escuchando "Hora 25", de la Cadena Ser, cuando, de pronto, vimos aparecer un objeto circular por la parte superior del parabrisas. Era un disco de un color amarillo brillante, muy grande. Se desplazaba de oeste a este, en dirección a Gibraltar. Detrás se movían otros objetos más pequeños que terminaron incorporándose al grande. Cuando se alejaron, hicimos ademán de salir del coche, pero, al intentar abrir las puertas, aquel disco regresó y se colocó sobre nuestra vertical. Era grande y silencioso. Entonces distinguimos "aquello" en la panza: una especie de símbolo, que nos recordó el distintivo del cambio de marchas en las palancas de los vehículos. Se clareaba perfectamente sobre el fondo naranja de la base. Por último, ante nuestra sorpresa, volvió a alejarse a gran velocidad y en la misma dirección: hacia Gibraltar. Minutos más tarde, la radio anunció otros avistamientos ovni en La Coruña y en Córdoba. A las 23.30 horas, un vecino de San Fernando, en Cádiz, vio lo mismo que habíamos observado nosotros a las 23.50...»

      Los testigos redactaron un parte oficial.

El extraño símbolo que presentaba en la panza el ovni observado en Algeciras en la noche del 20 de diciembre de 1980.

Algeciras (España), 24 de diciembre de 1980

Cuatro días después -a las 22.00 horas del 24 de diciembre-­ se registraba en las afueras de la mencionada ciudad de Algeciras un segundo caso ovni. Los testigos fueron otros tres policías y numerosos vecinos de El Cobre. Esto fue lo recogido por Gómez Serrano en aquella ocasión: «El tiempo era bueno. Cielo despejado, viento de poniente y la luna en fase creciente. De pronto, sobre la vertical del quemadero del Cobre-Botafuegos, apareció un objeto. Se hallaba quieto y no hacía ruido. En la parte inferior -en la panza- se distinguía algo luminoso, en forma de "H", Tenía un color rojo-anaranjado muy intenso. Lo vimos muchas personas y durante mucho tiempo: más de cuarenta minutos. Después salió disparado hacia Málaga, también sin ruido. Al alejarse dejó una estela, igual que la de los reactores, pero de un color amarillento, parecido al oro viejo. El "humo", o lo que fuera, tardó más de veinte minutos en disiparse.»

El ovni observado en las afueras de Algeciras el 24 de diciembre de 1980 lucía una "H" en su base. (Dibujo: Andrés Gómez Serrano, según las indicaciones de los testigos.)

Vitoria (España), 29 de mayo de 1983

Éste, probablemente, fue uno de los primeros casos ovni investigados por Iker Jiménez. Iker, entonces, era un niño, y también los testigos. Esto fue lo publicado en su momento: «Entre la multitud de colegiales que acababan su jornada diaria en el colegio Marianistas de la capital alavesa se encontraban Héctor Arana y Sebastián Izquierdo. Con apenas diez años de edad, los muchachos vivían en el mismo edificio si­tuado a las afueras de la ciudad, todos los días iniciaban juntos el regreso. Aquella tarde, espléndida, caminando entre unas escombreras, observaron un punto luminoso que descendía muy próximo a las llamadas Campas de Olárizu (proximidades de Vitoria).

»Junto al montículo más alto, donde hay instalada una gran cruz de piedra, se percibía nítidamente un objeto semejante a un huevo, blanquecino y que parecía flotar balanceándose como una hoja muerta (distancia al ovni: unos tres kilómetros).

Vitoria. El objeto mostraba un extraño símbolo en color rojo.

 

Héctor Arana, en la actualidad. (Foto: J.J. Benítez.)

    »Con nerviosismo, los dos colegiales se apartaron de la ruta habitual hacia el hogar, para adentrarse en una senda que conduce a las campas. Tras caminar unos cien metros se percataron de que el ovni aún seguía en el lugar. Cada vez más bajo y trazando círculos en torno al montículo. En lo que parecía ser su fuselaje, distinguieron un símbolo pintado en rojo. "Era como una cruz qué terminaba en cada extremo en una semicircunferencia", declaró uno de los testigos.

»La visión de esa extraña "letra" los llenó de temor y, juntos, casi a trompicones, descendieron por la senda hasta llegar al edificio donde vivían, en la capital alavesa.

»Desde la azotea y junto a sus familiares, aún pudieron observar algo parecido "a una estrella o lucero" que se esfumó repentinamente cuando todavía no había anochecido.»

Teruel (España), julio de 1985

De los avistamientos ovni con la célebre y ya familiar «H» en la panza, quizá uno de los más completos e intrigantes fue el ocurrido en julio de 1985 en los cielos españoles. La calidad profesional de los testigos -toda una tripulación de la compañía lberia- no deja lugar a dudas. El comandante de aquel 727, Carlos García Rodrigo, un experimentado piloto, con dieciséis mil horas de vuelo y cinco años en las Fuerzas Aéreas, me relató así el encuentro: «Era una mañana preciosa. Cielo azul, sin una sola nube. Hacíamos un puente aéreo Barcelona-Madrid. Fue el IB-1331 Volábamos relajados, sin ninguna preocupación. Altitud establecida: 29.000 pies. Y a eso de las 13.45 horas, sobre Maella (Teruel), en la lejanía y a unos quince grados por encima de la visual, apareció algo similar a una lenteja. Tenía un color titanio.

»"Ahí viene un colega", le dije al segundo. Y seguimos charlando sin darle mayor importancia, aunque pendientes, claro está, del supuesto tráfico. Y el "colega" siguió acercándose. Mejor dicho, nosotros a él...

»Pero aquello no era un avión. La "lenteja" fue tomando una clara forma esférica. "Eso no es un avión -comenté de nuevo-. Eso debe de ser un globo sonda." Y empezamos a prestarle toda nuestra atención. Entonces, conforme nos fuimos acercando, vimos con claridad que "aquello" era esférico. Totalmente esférico y de un color algo más oscuro que el aluminio. Como te decía, similar al titanio.

     »"Eso es un globo -insistí-. ¡Qué curioso!"

     »Y decidí comunicado al Control Barcelona. La verdad es que era enorme y podía constituir un riesgo potencial para la navegación.

     »-Barcelona, ¿tiene usted algo reportado...?

     »Dimos la posición y Control Barcelona respondió:

     »-Negativo... No tenemos nada.

     »"Aquello" se encontraba muy alto. Calculamos unos veinticinco mil o treinta mil metros. Dado que volábamos sobre Maella, Barcelona nos aconsejó que lo notificáramos a Control Madrid. Y así lo hicimos.

     »-Negativo -replicó Madrid-, no tenemos nada reportado.

     »-¿Usted me tiene en el radar?

     »-Afirmativo.

     »-Y más alto, delante de mí, en el primario, ¿capta algo en pantalla?

     »-No, no tengo nada...

     »Era extraño. Madrid debería haberlo registrado. Mi avión aparecía en el radar.

     »-Llame usted a los militares -insinuó Madrid- y que rastreen la zona...

 »Nos comunicamos entonces con Zaragoza y les advertimos de la presencia de aquel objeto. Total, que nos fuimos aproximando y "aquello" siguió "creciendo y creciendo"...

»En mi opinión, se hallaba estacionario o casi. En esos momentos se presentaba como una gran pelota metálica. Como podrás imaginar, el ambiente en cabina se fue caldeando. "Aquello" no era normal. Y descubrimos que no era un globo sonda. Carecía del típico instrumental que suele colgar de esos artefactos. Pero, entonces, ¿qué era?

      »Llamé de nuevo al radar militar de Calatayud ("Siesta"), pero la respuesta fue igualmente negativa. No tenían nada en pantalla. En eso, entró en la frecuencia otro colega: un avión que volaba de Valencia a Madrid. Y comunicó: "Afirmativo. Nosotros también lo vemos. Tenéis un objeto ahí arriba... Lo tengo a la vista y le confirmo que no es un globo sonda."

      »¡Impresionante! ¡Aquello era impresionante!

La esfera podía tener 376 metros de diámetro.

      »Entonces decidí llamar al resto de los tripulantes. Todos pasaron por cabina, confirmando nuestras impresiones: "Era una esfera..., no tenía alas ni timón..., era enorme..., color oscuro..." En total, nueve testigos.

     »Enorme, sí, como tres o cuatro veces un Jumbo. Y nos fuimos deslizando por debajo de aquella "cosa". Permanecía quieta, majestuosa. El sol, en el cenit (eran las doce, hora solar), iluminaba el casquete superior de la esfera. El inferior, obviamente, aparecía más oscuro. Y nos colocamos bajo "aquello". Como te digo, nos impresionó. El diámetro era gigantesco. Al recordado se me pone la carne de gallina. Llamamos nuevamente a Madrid y a los militares. Confirmamos la posición y les anunciamos que lo teníamos en nuestra vertical. Respuesta negativa. El objeto seguía sin ser detectado en los radares...

»Fue un espectáculo. Conforme pasábamos por debajo, todos lo contemplamos por las trampillas superiores de la cabina. Y la tensión se multiplicó al descubrir aquel signo en la parte inferior de la esfera. Ya no tuvimos duda. "Aquello" era algo anormal. En la panza, por llamado así, apareció una especie de "H", con otro palo vertical en el centro. Era algo descarado, en negro y resaltando con absoluta nitidez.

      »-¡Mira! -gritamos-. ¿Qué signo es ése?

      »Lo reportamos a Madrid e insistí:

      »-Ahora estamos debajo. ¿Me tienen en pantalla?

      »-Afirmativo -contestó Madrid-. Usted aparece limpio, pero nada más.

»En ese instante me asusté. ¿Un campo de energía? ¿Podía afectar al avión? Aquella "cosa" gigantesca, inmóvil en el cielo, tenía que sustentarse de alguna forma...

    »Pero no. El instrumental no se vio afectado en ningún momento. No tuvimos problemas.

< El comandante García Rodrigo, testigo de excepción de una nave con la "H" en la panza. (Foto: A Tiedra.)

»¿Qué podía ser aquella "H"? No lo sé. Quizá unas compuertas cerradas. Quizá una marca o una protuberancia pintada en negro. Lo que estaba claro es que era algo artificial y perfectamente definido. A pesar del sombreado de esa zona, se distinguía con absoluta claridad. Al principio, lógicamente, no era visible, debido a la curvatura. Después, cuando lo tuvimos a unos ochenta grados, apareció nítido. Y recuerdo que dije:       

»-Madrid, reporto fenómeno ovni. Tome usted nota. Voy a hacer un informe oficial…

     »-Recibido.

     »Y así lo hice. Una copia fue para la compañía Iberia y otra para Aviación Civil. Todo esto, naturalmente, quedó grabado en las respectivas torres de control y estaciones de radar con las que establecimos contacto.

     »Entonces, el tráfico que volaba de Valencia a Madrid intervino de nuevo, confirmando mis palabras:

     »-Afirmativo. Vemos una esfera...

     »Sí, de eso se trataba: una esfera metálica. De eso no hay duda. De haber sido un globo estratosférico, habríamos apreciado las típicas deformaciones en las paredes. Además, como te digo, "aquello" no era elíptico. Era una esfera perfecta.

       »También activé el radar del avión pero, al igual que "Siesta" y Madrid, no captó nada. Y al dejarlo atrás nos apresuramos a dibujar el signo que habíamos visto en la base. El resto del vuelo fue normal. Según mis cálculos, la observación pudo durar alrededor de siete u ocho minutos. Es decir, durante algo más de cien kilómetros. Jamás lo olvidaré...»

      

Modelo de globo estratosférico. Nada que ver con lo observado en julio de 1985 por la tripulación de Iberia. [Gentileza del Centro de Lanzamientos de Globos Estratosféricos de Aire-sur-L´Adour, en Las Landas (Francia).]

Trayectoria de los dos aviones que observaron el ovni sobre la vertical de Maella.

 

La esfera metálica -según los pilotos- era enorme. Más de trescientos metros de diámetro. Para otros expertos, el ovni podía alcanzar 1.200 metros de diámetro (Ilustración: J.J. Benítez.)

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