Sevilla (1986): "Después, aquel hombre volvió a dibujar el signo, pero con cuatro arcos en los extremos de la "H", explicó la cantante. A la izquierda y abajo, los símbolos observados en las naves de Curitiba y Vitoria, respectivamente.

    > La "H" en el hall de la casa de J.J. Benítez, en Cádiz.

Sevilla (España), 1986 

Supongo que no fue casual. En 1995 abandoné el País Vasco y me trasladé a la tierra de mi padre: Barbate, en la costa de Cádiz. Allí construí una casa y, todavía no sé muy bien por qué, en el hall me empeñé en colocar el ya familiar símbolo «ummita». La mayor parte de cuantos acertaron a visitar aquella casa, en forma de ovni, preguntó, intrigada, el significado de la referida «H». Éste fue el caso de una de las personas que me honró con su presencia en la mañana del jueves, 20 de enero de 2000. Esta mujer, una extraordinaria y muy popular cantante, cuya identidad no considero oportuno revelar, se quedó perpleja al observar la gran «H» de piedra. Después, a lo largo del almuerzo, me confesó lo siguiente: «Yo conozco ese signo. Fue en 1986, en Sevilla. Me encontraba en un bingo, con dos primas mías, cuando, de repente, entró en el local un hombre de unos cincuenta años. Era delgado, con una barba canosa e iba vestido de oscuro. Caminó hacia nuestra mesa y se sentó a mi lado, a mi izquierda. El gesto nos extrañó. Había otras mesas libres y nosotras no lo conocíamos. Es más: el hombre retiró los abrigos situados a mi izquierda y ocupó la silla, a mi lado. Nos quedamos perplejas. Entonces, el hombre tomó mi cartón y, sin mediar palabra, dibujó un símbolo por la parte de atrás. ¡El mismo que tienes ahí, en el hall! Y escribió: "UMMO." "¿Qué es eso?", le pregunté. Él respondió: "No lo vas a entender." Y procedió a dibujar unas letras por debajo de la "H". Eran le­tras que no conocía, aunque me recordaron el griego: alfa, omega, etc. Hablaba raro. Parecía estar afónico. Me dijo que "algún día me acordaría de él", y se marchó. La verdad es que no he recordado el asunto hasta el día de hoy, al entrar en tu casa y ver ese símbolo, el mismo que me dibujó aquel señor. ¿Por qué lo tienes ahí?, ¿qué significa?, ¿qué tiene que ver conmigo?»

Voronez (Rusia), setiembre de 1989

El 9 de octubre de 1989, la agencia de noticias TASS asombraba al mundo con el siguiente comunicado: «Confirmado aterrizaje ovni en Voronez. Los científicos han confirmado que un ovni aterrizó recientemente en un parque de la ciudad rusa de Voronez. También han identificado el lugar y hallado rastros de alienígenas que dieron un corto paseo por el parque. Los alienígenas visitaron el lugar de noche, al menos tres veces. Una gran bola o disco fue visto suspendido en el aire sobre el parque, luego aterrizó, se abrió una portezuela y una, dos o tres criaturas similares a los humanos y un pequeño robot salieron de la mis­ma. Los alienígenas medían tres o cuatro metros de alto, pero las cabezas eran muy pequeñas, según los testigos. Caminaron cerca de la bola o disco y luego se introdujeron en la misma. Los testigos estuvieron aterrorizados durante varios días...»

      

El objeto se inmovilizó cerca del suelo. Se abrió una puerta y vieron aparecer una criatura gigantesca, sin cabeza. El ovni presentaba una señal luminosa en forma de "H".

Uno de los árboles destrozado en el descenso del ovni, en el parque de Voronez (Rusia).

 

     < Algunos de los testigos de los diferentes casos ovni registrados en Voronez a finales de setiembre y primeros de octubre de 1989.

     En mis archivos han sido registradas más de cien páginas sobre este célebre caso, acaecido en la ciudad rusa de Voronez, a poco más de cuatrocientos kilómetros al sureste de Moscú. En realidad, no fue un solo aterrizaje, como afirma TASS, sino varios, denunciados por numerosos testigos a lo largo de los días 21, 23 Y 29 de setiembre y 2 de octubre de ese año (1989). El más notable se produjo el 27 de setiembre, hacia las 18.30 horas. Según los testigos, al principio observaron una luz rosa que evolucionó sobre el parque del sur, en las proximidades del barrio de Levoberezny. Allí, en una parada de autobús, esperaban entre treinta y cuarenta adultos. En el parque en cuestión jugaba una decena de niños. Todos quedaron sorprendidos ante la presencia de la referida luz rosa. El objeto evolucionó sobre el lugar, presentándose como una esfera de unos diez metros de diámetro. Después se alejó, siempre en silencio. Al poco la vieron regresar. El objeto, de un color rojo intenso, parecía buscar un lugar donde tomar tierra. Finalmente se detuvo a unos diez o quince metros sobre el referido parque. En la parte inferior del ovni se abrió una puerta y los asombrados testigos distinguieron una silueta. Se trataba de una figura «humana», enfundada en una especie de buzo plateado y de una sola pieza. Era muy alto. Según los testigos, de unos tres metros. Parecía no tener cuello. La «cabeza» era prácticamente inexistente, «como un pequeño hemisferio entre los hombros». El ser -dicen- tenía tres «ojos» luminosos (el central se movía). La nariz era un agujero. En el pecho lucía un disco, «similar a un emblema». El «hombre» (?) miró a su alrededor y terminó desapareciendo. Acto seguido, la esfera (para otros testigos tenía forma de huevo o de plátano) descendió lentamente y tomó tierra. Al llevar a cabo esta maniobra, destrozó parcialmente un álamo. Según los testigos, el objeto presentaba una señal iluminada, en forma de «H», Al tocar el suelo, la puerta se abrió de nuevo y por ella salieron tres criaturas de cabezas puntiagudas, «como cabezas de alfiler». Eran muy altas (entre tres y cuatro metros), con buzos plateados y botas de color bronce. Junto a las criaturas aparecía una especie de robot. Uno de los seres empujó al robot y éste se activó. Acto seguido, todos ellos empezaron a dar vueltas alrededor de la nave. Uno de los seres emitía un extraño sonido («como si fueran órdenes»). Del pecho salía un haz de luz que formaba triángulos luminosos en el suelo («triángulos» de 30 por 50 centímetros). En esos momentos, la nave y las criaturas desaparecieron de la vista de los testigos, y reaparecieron a los cinco minutos, aproximadamente. Uno de los niños gritó, y uno de los seres lo miró con sus ojos luminosos y lo paralizó. Este ser portaba una especie de «tubo» de cincuenta centímetros de longitud, colgando de un costado. Entonces, la criatura apuntó con el «tubo» a otro de los muchachos y el joven desapareció de la vista de los testigos. Los seres regresaron al aparato y la nave ascendió y desapareció. Según algunos testigos, en el cielo quedó una especie de «X». En esos instantes, el joven «desaparecido» volvió a aparecer. En la zona quedaron huellas del aterrizaje. Según los expertos, el ovni podía pesar del orden de once toneladas. Algunos de los análisis detectaron en la zona de las huellas una radiactividad más alta de lo normal.

        

Diferentes versiones de los ovnis observados sobre Voronez en los últimos días de setiembre de 1989. En la imagen inferior, una esfera de cinco metros de diámetro con una puerta.

Robot observado por los niños de Voronez. Al parecer, salió por la puerta de la esfera de color rojo. El hecho tuvo lugar hacia las 21 horas del 23 de setiembre de 1989.

 

             

Otro de los niños de Voronez (Zenya Blinov) aseguró que el día 26 o 27 de setiembre, hacia las 19 horas, vio un objeto con ventanillas. De la nave salió un ser de unos tres metros de altura. "En la cabeza tenía dos ojos y, algo más arriba, una luz roja. En el pecho lucía un disco con tres puntos de diferentes colores y, algo más abajo, un rectángulo (?) que empezó a salir hacia el exterior del cuerpo."

Emblema o símbolo que presentaba una de las naves observada en la ciudad rusa de Voronez en 1989 (dibujo de los testigos).

Colombia, noviembre de 1989

Con fecha 10 de febrero de 1991 recibí una carta procedente de Cundinamarca (Colombia). Dado su interés, la reproduzco en su totalidad:

Estimado J. J.

     Le debe resultar harto difícil a usted o a sus colaboradores, entresacar de entre el cúmulo de comunicaciones recibidas, algo que mueva su interés en razón de la posible verdad existente en ellas. Es obvio. Nos encontramos en el límite de lo imposible y todo el mundo desea ver más allá. Después de todo, es lo único que le resta hacer a los hombres.

     La razón de esta carta es un tanto diferente.

      Ante todo deseo hacerle llegar con humildad y respeto, una de mis novelas recientemente editada por Plaza y Janés. Espero que la encuentre agradable. Fue escrita durante mi larga estadía en Perú (1979-1987), época en la cual nos cruzamos en las llanuras de Chilca tratando de ver los OVNIS del amigo Sixto Paz Wells o visitando al médico de ICA y su colección de petroglifos.

Para ese entonces, yo ignoraba «cómo» mirar el mundo. Estaba demasiado ocupado en los problemas de la aviación mundial en mi cargo de Director Regional para Sudamérica de la OACI (Organización de Aviación Civil Internacional), donde, entre otras cosas, los informes de «avistamientos» venidos de los catorce gobiernos de Sudamérica, tenían como destino final, el archivo de las cosas inútiles. Apenas ló­gico.

Durante mi larga carrera aeronáutica, controlador de radar, piloto, ingeniero aeronáutico y finalmente diplomático de la aviación (lo más difícil), nunca tuve la fortuna de presenciar fenómenos que no pudieran explicarse. Sus escritos, los de Von Daniken, Ibrahim y muchos otros me llegaban como un algo refrescante de una posibilidad soñada pero no realizada. A la larga todos tenemos en nuestro interior el sutil anhelo de «algo más».

Esquivé adrede las logias y hermandades, ya que tenía y sigo teniendo el convencimiento que la búsqueda debe efectuarse hacia adentro. Además, para un individuo egresado de la Universidad del Aire de Oklahoma, de la Real Escuela de Tráfico Aéreo de Bornmouth (UK), de la École Nationalle de Aviación Civil de Toulousse y el M.IT de Massachussets, lo de los OVNIS resultaba un tanto ridículo, valga la expresión. Si el Director General de OACI para Latinoamérica hablase de OVNIS, la estructura que soporta la más grande organización aeronáutica del mundo se vendría al suelo.

     Como hecho anecdótico, alguna vez, mientras participaba en una sesión del Comité Mundial de Aeronavegación en Montreal, sede de OACI, se me ocurrió comentarle al Presidente de esa entidad, un noruego de ojos cristalinos y mente pragmática, el problema que presentaba el almacenamiento paulatino año tras año de los voluminosos informes de avistamientos y nuestra incapacidad de responder algo concreto a los numerosos gobiernos que los remitían, algo diferente a: «hemos tomado atenta nota del informe remitido por su distinguida oficina». El hombre me perforó con una mirada iracunda y me recomendó que me dedicase a lo mío. Demasiados problemas se tenía con el establecimiento de normas técnicas para construcción de aeronaves, aeropuertos, ayudas a la navegación e intereses políticos y financieros de los estados, como para ocuparnos de semejantes tonterías. La verdad es que me sentí ridículo. Pensaba sin embargo, que una cosa son avistamientos de amas de casa, de conductores de autobuses o niños exploradores y otra, aquéllos informados por pilotos de aviones F5, Mirage 2000, expertos en radar o comandantes de abordo con miles de horas de vuelo a su haber.

      El tiempo transcurrió. Quince años para ser más exactos.

       En noviembre de 1987, al alcanzar la edad que las Naciones Unidad, entidad madre de OACI, llama «early retirement age» me acogí a los beneficios (excelentes entre otras cosas) de la pensión de retirados y me dediqué a investigar, aplicando el raciocinio técnico adquirido en treinta años de experiencia aeronáutica, hurgando en libros nuevos y viejos, leyendo y releyendo autores «buenos» y «malos» en el campo de la «ovniología» llegando a una conclusión inicial pero importante: los farsantes son la gran mayoría.

El día 8 de noviembre de 1989, salió al aire por la televisión Colombiana (canal 9), un reportaje que se me hizo semanas antes, en mi calidad de Director de la OACI en retiro, sobre el asunto OVNI, dada la aparición por ese entonces en la URSS de algunos de estos artefactos y de sus tripulantes gigantescos al decir de algunos mujiks de la taiga siberiana. Se trató de un reportaje serio, en el cual además del suscrito, participaron el director del observatorio astronómico de Bogotá, el director del Instituto Geofísico de los Andes y otras «personalidades». Mi opinión fue que se trataba de fenómenos sin pruebas científicas válidas y que su veracidad era, como en casi todo este tipo de casos, altamente cuestionable.

Un día después, el 9 de noviembre, a las 7 pm, algo o alguien se encargó de romper mi escepticismo en pedazos.

Junto a mi esposa y mis cuatro hijos (un médico, un ingeniero electrónico, un comunicador social y una niña estudiante de bachillerato) fuimos «abordados» mientras conducíamos nuestro coche en un trayecto cercano a nuestra vivienda campestre entre las localidades de Tabio y Tenjo en el Departamento de Cundinamarca, a escasos treinta kilómetros de Bogotá, por un objeto alargado de dimensiones descomunales (dos o tres veces un Boeing 747), el cual no sólo contestó a la intermitencia de las luces del automóvil, sino que se detuvo sobre nuestro coche durante algunos minutos a una velocidad mínima y silenciosa y torció luego hacia occidente hasta perderse en un pequeño vallecito de las cercanías.

      El fenómeno fue observado por algunos campesinos de la localidad y una buena cantidad de veraneantes de la capital.

Le envío un anexo, copia del informe que me permití enviar en forma confidencial al Ministro de Aviación, un buen amigo que de seguro lo mantendrá en secreto o le dará tierna sepultura en un archivo inexpugnable.

Esta carta no intenta simplemente transcribirle un hecho de avistamiento igual a los centenares que supongo le serán enviados. No es ésa mi intención y espero que usted lo entienda así. No soy tampoco un autor en busca de promoción a través de alguien consagrado como J. J. Benítez. Poseo ingresos suficientes para vivir con relativa comodidad y el producto de mis libros es donado por lo regular a entidades de caridad.

El objetivo es el contacto con alguien que «conozca». Por la experiencia que vivo en la actualidad sé que «una cosa es lo que se es­cribe y otra lo que se sabe. No se puede escribir todo aún. Sólo se sugieren algunas cosas a ser entendidas por algunos. Aunque la apertura está cerca, no todo se puede liberar.»

Tras el avistamiento, mi vida y la de los míos ha cambiado. Entre el cúmulo de informaciones que se han recibido me intriga el signo que aparece en la fotocomposición casera que le envío y que planeo utilizar como portada de una novela ya terminada, «La Señal».

El emblema de marras ha aparecido en nuestros sueños y estados meditativos por meses. Alguien me ha dicho que en uno de sus primeros libros ha aparecido. Desafortunadamente he hurgado librerías de todos los tipos sin obtenerlo. Le agradecería que si no tiene objeción y si su tiempo lo permite, me explicara de que se trata.

Si todo esto tiene para usted alguna importancia, le rogaría que me lo hiciese saber. Los originales de LA SEÑAL están a punto de serIes entregados a P&J. Sin embargo, si usted desease leer las 242 páginas ya escritas antes de que salgan a la luz, bien podría enviárselas. La mayor parte de lo allí consignado ha llegado por «vía directa» y tengo la gran duda si su publicación sería conveniente.

      Buen amigo Benítez, excuse mi intromisión en su valioso tiempo. Si desea confirmar mi identidad puede hacerla a través de la Dirección de Aviación Civil en Madrid o directamente a Secretary General lCAO. Place de Aviation Civil. Montreal. Canadá.

Reciba un abrazo afectuoso.

Ing. Rafael de J. Henríquez Theran

Cundinamarca

Colombia.

RELACIÓN DE ACONTECIMIENTOS SUCEDIDOS EL DÍA  9 DE NOVIEMBRE/89

Hora 7:35 pm.

Mis hijos Ariel, estudiante de ingeniería electrónica de la Universidad de Santo Tomás en Bogotá, y Rafael Henríquez, médico cirujano recién egresado de la Universidad Mayor de San Marcos de Lima-Perú, junto a mi sobrino Ricardo Castillo ingresan precipitadamente a mi residencia campestre en el K-5 de la carretera Tabio-Tenjo, y visiblemente excitados me informan que durante su viaje en automóvil desde el primero de los pueblos nombrados, han avistado un objeto luminoso en el cielo, el cual pareció seguirlos durante un buen trecho y posteriormente intercambió con ellos señales luminosas. Según la narración de los jóvenes, el objeto en cuestión pareció responder a las señales emitidas por ellos al encender y apagar repetidamente los faros del automóvil, efectuando una acción similar.

Ante tales informaciones, me dirigí en compañía de los ya mencionados familiares y junto con mi esposa Carmen y mi hija Alexandra hacia la zona de la carretera donde, según ellos, se había presentado el hecho.

La noche estaba despejada casi totalmente a excepción de pequeñas bandas de alto-estratos hacia la zona nororiental. El firmamento estrellado era fácilmente apreciable.

7.50 pm.

A la altura del kilómetro 2.5 antes de llegar a Tabio, establezco contacto visual con lo que, según ellos, era el objeto.

      Éste tiene intensidad lumínica superior en varias magnitudes a los astros de fondo en esa zona del cielo.

 Tras una leve detención del vehículo para una mejor observación, reinicio la marcha y dirijo el automóvil en la dirección en la que aparece el objeto luminoso.

           

Ingeniero Rafael de J. Henríquez.

Tras un avistamiento ovni, el ingeniero Henríquez Theran y su familia empezaron a "ver" este emblema en sus sueños y estados meditativos. Ellos, entonces (noviembre de 1989), no conocían su posible significado. (Gentileza de la familia Henríquez.)

7.57 pm.

La luz se reduce. Parecería que el objeto retrocede hacia el Oriente­Nor-Oriente. Siguiendo la carretera, continuamos en dirección hacia el foco de luz el cual se aleja cada vez más hacia la zona del Municipio de Cajicá.

8.00 pm.

Después de cruzar Tabio y continuar 3 o 4 kilómetros en dirección a Cajicá, se pierde el contacto visual. Descendemos del automóvil y moviéndonos a pie, efectuamos una exploración visual del cielo en esa zona. Las colinas cercanas al valle del Río Frío en la zona del Puente de la Virginia, reducen la visibilidad y dificultan las observaciones. Regresamos al automóvil y emprendemos el camino de regreso.

8.10 pm.

Tenemos una visión momentánea de la luz en el cielo. Ésta se desvanece tras las colinas en dirección hacia el Sur Sudoeste; en otras palabras, en dirección a Tabio desde donde habíamos venido anteriormente. Cruzamos Tabio sin observar nada. La iluminación del pueblo impide la visión.

8.25 pm.

Salimos del pueblo hacia el sur en dirección a Tenjo. A la altura del kilómetro 1,8, quienes van en la parte trasera del automóvil informan a grandes voces que la luz en el cielo comienza a seguimos. Detengo el automóvil y descendemos. La luz se ha detenido. Calculo que se encuentra a unos dos o tres mil pies de altura sobre el nivel promedio del valle. Su intensidad luminosa es alta. De encontrarse detenida, su estabilidad es absoluta. Ausencia total de movimientos de cabeceo o balanceo. No hay ruido de motores de explosión o turbinas ni zumbido de aspas de rotores.

8.32 pm.

Tras algunos minutos de observación, continuamos nuestro camino hacia el sur mientras la luz permanece estática.

A la altura del kilómetro 2,8 o 3, es avistada nuevamente. Mis familiares sostienen que la luz continúa en seguimiento nuestro. Después de un difícil viraje invierto de nuevo la dirección del automóvil. La luz se halla frente a nosotros aproximadamente a la misma altitud que en la ocasión anterior y a unos dos kilómetros de distancia. Enciendo y apago las luces del vehículo. A su vez, las luces del objeto volador hacen lo mismo. Descendemos todos del vehículo. La luz se ha detenido de nuevo.

8.43 pm.

En ese preciso instante cruza un avión comercial en dirección norte-noreste (posiblemente un vuelo hacia la costa atlántica que utiliza el SID <salida normalizada> hacia el radiofaro de Zipaquira). El objeto apaga totalmente su luz. Cuando el avión cruza su posición, la luz reaparece.

8.50 pm.

Resuelvo dirigirme hacia el objeto. Inicio la marcha de nuevo en dirección norte (hacia Tabio). La luz parece retroceder poco a poco. Sus desplazamientos son lentos como los de un aerostato (dirigible, zepelín, etc.).

8.55 pm.

Nos detenemos en una curva cerrada a 1 km de Tabio, aproximadamente. La luz se detiene. Utilizo los binoculares. La visión de frente no produce resultados. La luminosidad no permite establecer su forma. Luego comienza a moverse hacia nosotros manteniendo su altura inicial (dos o tres mil pies-800 a 1.000 metros). Llega sobre nuestras cabezas e inicia un viraje suave hacia su derecha, parecido a un viraje clase A (3 grados/s). La observación con los prismáticos es entonces posible: Superficie inferior gris oscuro mate, tres reflectores de alta potencia empotrados en el fuselaje (blancos a proa y a popa, rojo en parte media del fuselaje). Los reflectores son móviles y están orientados hacia abajo. Desplazamiento silencioso. No hay ruido de motores. Forma aproximada: ovoide alargada: Algunos de mis familiares observan pequeñas ventanillas a los lados (el reducido campo visual de los prismáticos me impide observar la nave en su totalidad). No se observan plantas propulsoras ni superficies de sustentación aerodinámica. No hay residuos gaseosos de combustión visibles ni radiación térmica de tipo luminoso (chorros de escape, quemadores posteriores (afterburners). No se observan tampoco luces de posición ni faros estroboscópicos ni de anticolisión.

9.00 pm.

La aeronave se desplaza lentamente (velocidad estimada 40 a 60 km/h) con dirección oeste hacia las estribaciones occidentales de la cordillera que circunda el valle de Tabio/Tenjo, 1 kilómetro aprox. del cerro de Huaica. Al llegar a lo que podría ser el valle de Subachoche, inicia un viraje escarpado hacia el sur penetrando entre las montañas y perdiéndose de vista.

Nota:

Además de los cinco integrantes de mi familia que presenciaron el evento e independientemente hicieron diagramas de la nave, el fe­nómeno fue observado por don Miguel Jiménez, su esposa Martha y por una enfermera a su servicio, residentes en la vereda de Huaica.  

      El mismo matrimonio tuvo un avistamiento similar al día siguiente, en las horas de la noche en medio del mal tiempo reinante.

Aunque se han efectuado observaciones posteriores de varias horas durante las noches de los días 11, 12, 13, 14 Y 15 de noviem­bre, los avistamientos no se han repetido.

Rafael Henríquez Theran.

Ex-Director Regional de la Organización de Aviación Civil Internacional, OACI.

 

Madrid, febrero de 1994

Aquella madrugada, entre la 1.30 y las 2 horas, Enrique Muro se encontraba en la cama, leyendo. Hacía frío...

«Recuerdo que me había tapado con dos mantas. De pronto, sin explicación aparente, empecé a sentir un intenso calor. Era una sensación incómoda, casi agobiante. Me sobraba todo. Empecé a sudar. Aquello pudo durar unos minutos. Entonces, necesitado de aire fresco, salté de la cama y me dirigí a la ventana. Ahora, con la perspectiva del tiempo, me horrorizo. Era febrero. Podía haber cogido una pulmonía...

> Enrique Muro, dibujando el disco y la "H" que vio en la panza del objeto. (Foto: J.J. Benítez.)

»La cuestión es que abrí la ventana y me quedé mirando el cielo. Estaba nublado...

»Segundos después, lo vi. Era un disco grisáceo, con un diámetro de veinte o veinticinco metros. Pasó exactamente por mi vertical, quizá a diez o quince metros sobre la azotea del edificio. Era impresionante...

»Me quedé absorto, mirando aquel objeto. No hacía ruido. No tenía luces o, al menos, yo no acerté a distinguidas. Navegaba muy despacio, como si "bailase"...

»Pude observado a placer. Lo vi en su totalidad. Y nada más verlo descubrí aquel "relieve", en la base. Era una enorme "H". Me pareció un emblema. Quizá formaba parte de la estructura. Como te digo, tuve la sensación de que sobresalía, resaltando del resto. Era una "H" con los brazos ligeramente curvados hacia el exterior (?). Medía alrededor de diez metros...

»No supe qué hacer. Allí estuve, mirando, casi hipnotizado, hasta que desapareció por la azotea del edificio de enfrente. Supongo que lo tuve a la vista durante seis o siete segundos. Después regresé a la cama. No podía creerlo...

»Ahora estoy seguro: aquella sensación de calor no fue casual. Yo tenía que ver "aquello" por alguna razón...»

 

El extraño emblema, en negro, destacaba sobre el disco grisáceo.

 

El ovni pasó por la vertical del testigo, a poco más de veinte metros de altura.

 

Trayectoria del ovni, al nordeste de Madrid.

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